esperanza sacrificio / graciela ramírez

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“No mires mi progreso sin ver mi sacrificio.” Frase que puede ser leída en diversos contextos.

Sostener un recorrido sin afán de cierre sobre el tema de esta frase: el sacrificio, sin hacer una categorización positiva o negativa. Así desde tiempos inmemoriales las comunidades humanas ofrecen sacrificios a las deidades. Y a veces el acontecimiento de sacrificio es un espectáculo o provoca admiración.

En el diccionario podemos encontrar el siguiente significado:

1. Ofrenda hecha a una divinidad en señal de reconocimiento u obediencia, o para pedir un favor.

2. Esfuerzo, pena, acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien.

¿Acaso una decisión o acontecimiento hace que alguien considere llevar adelante un sacrificio? El sacrificio a veces es evidente, otras permanece oculto como un mandato hasta para quien lo realice. Puede acontecer que algún miembro familiar ocupe este lugar para mantener determinada estabilidad entre los restantes integrantes, fosilizándose. 

Lacan en el Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, plantea: “Pero para cualquiera que sea capaz de dirigir, hacia ese fenómeno, una valerosa mirada y, una vez más, poco hay de seguro para no sucumbir a la fascinación del sacrificio en sí mismo el sacrificio significa que, en el objeto de nuestros deseos, intentamos encontrar el testimonio de la presencia del deseo de ese Otro que aquí llamo el Dios oscuro”.

Anne Doufourmantelle, en su libro “La mujer y el sacrificio, desde Antígona a nosotras”, refiere: “Hay en el sacrificio una fuerza de renovación, una potencia vital, a las que el individuo accede ofreciéndose a la muerte, pero también hay algo que no puede ser salvado, y se pierde para siempre. El sacrificio traza esta frontera entre los vivos y los muertos, y nos empuja a avanzar hasta el borde de este límite, “como si se tratara del “lado afilado de una hoja”.  Una demanda de amor.

El sacrificio tal vez sea una forma de esperanza, que se dirige a un otro, que le permita escapar del sinsentido de la existencia. Quizás como referencia, la película “Zama” de Lucrecia Martel. El protagonista se aferra a una esperanza continua. Queda entonces destinado a un letargo, a una espera de algo que acontezca. Espero, espero…

Este gesto del sacrificio en el film es de una increíble rareza, magia de una obra,  fuerza, obsesión que se necesita para llevarla hasta el final. 

El miedo y la esperanza son sentimientos que circulan en determinados espacios ideológicos buscando propiciar algún fin. La esperanza es una cara de la alegría que surge como alivio del miedo. La oscilación entre el miedo y la esperanza es el espacio de cierta pedagogía de la obediencia. La esperanza es en definitiva una redención, la idea de que algo finalmente o alguna cosa que provenga de otro sitio va a lograr que nosotros podamos ocupar una posición. Hace que se juegue una cierta temporalidad. Apelar a la esperanza. “Tenemos esperanza que suceda”

Emiliano Galende destaca que tanto el miedo como la esperanza debilitan la experiencia en sí. No vitalizan el acontecer del presente, como así también el ánimo y la pasión por lo actual, tienden a expulsar al individuo de su experiencia y de su acción sobre sus semejantes. El hecho de que son comunes a todo el género humano, presentándose como amenazas o promesas que afectan la vida de cada uno, contribuyen a orientar las voluntades. El miedo y la esperanza dominan el cuerpo, la mente y la imaginación de los individuos, dejándolas a merced de la incertidumbre y volviéndolos por esto dispuestos a la renuncia y a la pasividad en su presente.

“El sacrificio provoca que el cuerpo desaparezca o sufra, o se rinda, o se exalte, el cuerpo está presente en todas partes, en la pasión, en el horror, en la desaparición, en todos los estados del sacrificio”. Escribe Duformantelle 

El discurso que nos invade en la actualidad nos dice que tenemos que ser mejores unos que otros, cobra así énfasis el concepto de meritocracia como recompensa o en cierta manera una esperanza.  Este término proveniente del latín merĭtum ‘debida recompensa’, a su vez de mereri ‘ganar, merecer’; y el sufijo -cracia del griego krátos, o κράτος en griego, ‘poder, fuerza’; si bien todavía cuenta como un valor apreciado, también ha entrado en una fase de desacralización y de  revisión crítica. Esto ha permitido que se realicen críticas hacia este principio. 

Vivimos en un individualismo en el que cada uno construye su propio bienestar. Donde los éxitos y los fracasos son leídos como exclusiva responsabilidad individual.

La época con un marcado rasgo del hiperindividualismo, con la sociedad de mercado pulsando, y la disgregación de lo colectivo, ayudan a apuntalar la esperanza meritocrática. La meritocracia defiende que, con esfuerzo, voluntad, dedicación, estudio, etc., se pueden alcanzar los puestos más altos de la sociedad, y se debe de obtener una recompensa acorde al esfuerzo dedicado. Nuestras sociedades democráticas se basan en la esperanza meritocrática, donde se cree que vivimos en una sociedad donde la desigualdad se basa más en el mérito y el trabajo individual, que en el parentesco, las rentas y las herencias. Sin embargo, la meritocracia es una ilusión fomentada precisamente por los más favorecidos del sistema, un concepto imposible de sostener y, además, un principio estructuralmente conservador que sirve para legitimar las desigualdades sociales”. Al sistema capitalista le viene bien este constructo, como efecto legitimador de las desigualdades.

Tener esperanza acotada, no absoluta, no es negarse a la frustración, sino enmarcarla en otro orden de significación y simbolización. Se puede pensar cuestiones contradictorias en el sujeto humano, un pensamiento se hace más potente cuando soporta la contradicción.  José L. Slimobich plantea: “el capitalismo es poderoso porque soporta las contradicciones: puede hablar de moral y asesinar; tirar bombas y hablar de paz”.  Por esto es poderoso, porque no tiene la moralidad del pensamiento único. Y a la vez es un pensamiento único porque soporta y engloba las contradicciones. Entonces: ¿A dónde nos lleva la esperanza?

Lic. Ramirez.  Es Licenciada y Profesora en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Miembro de la Escuela Abierta de Psicoanálisis y de la Red Colectiva Psi.

Colaboradora: Lic. Paola, Lospinoso.  Es Licenciada y Profesora en Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

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