el amor a la pregunta / verónica lascar

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“Quizás se trate, sí, de soportar la extrañeza o de hacer de la extrañeza un soporte, eso que se empieza a jugar más allá de lo familiar, eso que se empieza a jugar cuando se le dice “sí” al encuentro que es, como escribe Dufourmantelle, “aceptar ser desposeído” (Alexandra Kohan, Y sin embargo, el amor) Paidós 2020.

¿Durante qué momento, bajo qué lógica, las primeras preguntas habitan al sujeto?

La extrañeza del niño y la niña frente a la falta, a la ausencia, a la diferencia de los cuerpos, no sin antes haber sido deseado, alojado, posibilitará la pregunta: ¿qué soy para el Otro? En ese movimiento de presencia y ausencia de certidumbres y vacilaciones, advendrá el sujeto, no como figura encarnada sino como posición efecto de interrogación.

Y se abre la puerta para ir a jugar: las escenas y teorías fantásticas son respuestas creativas y hospitalarias frente al desamparo de la finitud del Otro. Los objetos se animan, el tiempo y el espacio se vuelven mágicos.

Hasta que el cuerpo irrumpe otra vez y otra vez la extrañeza: ¿Quién soy? El/la que veo, el/la que siento, ¿será elegido/a?

Momento de desconocimiento, de furor por la novedad, de rodeos, de encuentro y desencuentro con el amor y la sexualidad. Posibilidad de tejer una trama, una invención que desfamiliarice.

¿Es el amor condición para la pregunta? Lacan dirá “dar lo que no se tiene a quien no es”. Cobertura, velo, que sólo deja descubrir, decir a medias, el terror que nos espanta. Deshabitamos por un instante la ternura de una morada que con viento a favor nos relanzará a una nueva pregunta, al riesgo de lo incierto. La sorpresa, a veces la perplejidad, de que el otro es otro, será la hendija por la que se cuele la experiencia creativa de la vida y de la muerte.

¿Las coordenadas de existencia de esta época, propician la emergencia del sujeto? La gran maniobra del capitalismo será convertir a su paso casi todo en mercancía, colapsando cualquier diferencia.

“La alteridad no es ninguna diferencia que pueda consumirse. El capitalismo elimina por doquier la alteridad para someterlo todo al consumo. El eros es, asimismo, una relación asimétrica con el otro. Y de esta forma interrumpe la relación de cambio. Sobre la alteridad no se puede llevar la contabilidad, ya que no aparece en el balance de haber y deber…” “El pensamiento en sentido enfático comienza por primera vez por el impulso de Eros. Es necesario haber sido un amigo, un amante para poder pensar. Sin Eros el pensamiento pierde toda vitalidad, toda inquietud, y se hace represivo y reactivo. Eros da nervio al pensamiento con la aspiración al otro atópico”. (ByungChul Han. La agonía de Eros)

Verónica Lascar. Licenciada en Psicología/Psicoanalista. Docente.



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