FRÍO

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Tengo los nudillos entumecidos de apoyarlos en este suelo que se ha vuelto barro con la escarcha.

De poco van a servir mis dedos, rígidos e inertes, cuando hagan falta, cuando les toque hacer ese trabajo que nadie les enseñó. Quisiera encender un fuego que me permita sospechar que estoy vivo.

Pero no se puede

Espero y deseo con ansias que algún indicio de sol se asome y me dé un mínimo consuelo aunque sepa que el viento gélido de este accidente geográfico por debajo del sur me lo va a opacar.

Falta tanto para eso que a veces sospecho que nunca va a ocurrir.

Otros días y otros fríos me daban tiempo para encontrar el escondite del sol mientras la piedra libre contaba hasta cien.

Aquí no tuvimos el tiempo ni la decisión, nos atraparon poco después de la salida de la escuela y nos empujaron hasta el interior de algún libro de historia que no habíamos estudiado bien.

Días atrás me balanceaba entre el enojo y el entusiasmo pero hoy solo siento frío, tanto que se encargó de hacerme olvidar del miedo y del hambre.

A mi lado, otros fríos como yo se enroscan en la misma desolación, en la misma tortura. Nadie dice nada, posiblemente las mandíbulas se hayan endurecido también y no estén en condiciones de moverse, a cambio, algún gemido apagado intenta romper este silencio de espera.

Alguien está contando en algún lado las cuentas regresivas de este juego para apretar un botón. Ya nos han descubierto y, si bien este lugar está lleno de piedras, pocos recuerdan lo que significaba ser libre.

Dentro de un rato llegarán las bombas y la rendición en algún idioma que no manejo bien.

Pero a mí ya no me importa, yo, que nunca supe bien por qué o para qué, solo sé que en esta sepultura abierta en la que me indicaron permanecer, tengo frío, mucho frío.



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