la potencia de lo imaginario /p. lospinoso y g. ramirez

con No hay comentarios

“La potencia no es más que un mito, un contrapunto de la presente impotencia”

El libro, de Animales a dioses de Yuval Harari, plantea: “La ficción nos ha permitido no sólo imaginar cosas, sino hacerlo colectivamente. Podemos urdir mitos comunes tales como la historia bíblica de la creación, los mitos del tiempo del sueño de los aborígenes australianos, y los mitos nacionalistas de los estados modernos. Dichos mitos confirieron a los sapiens la capacidad sin precedentes de cooperar flexiblemente en gran número, aún con desconocidos”.

¿Es acaso posible la existencia sin estar incluido en algún gran relato? Desde lo religioso, filosófico, histórico, político, cultural y hasta la novela familiar habitamos una vida llena de relatos.

El autor reflexiona sobre los sueños y las pesadillas que transita la humanidad en el universo de las leyendas, los mitos, las religiones y los dioses, relatos construidos que tienen sus efectos desde el inicio hasta la actualidad; el autor define la revolución cognitiva como la capacidad de hablar sobre ficciones, característica más singular del lenguaje de los sapiens, que irán moldeando el siglo XXI. 

La revolución cognitiva es el lenguaje (capacidad lingüística básica de nuestra especie) inicialmente usada como método de supervivencia ya que, por medio de éste, pudieron ser capaces de comunicarse y así evitar el peligro, evolucionando luego, como medio para compartir información sobre el mundo. “Pero la característica realmente única de nuestro lenguaje no es la capacidad de transmitir información sobre los hombres y los leones. Más bien es la capacidad de transmitir información acerca de cosas que no existen en absoluto. Hasta donde sabemos, sólo los sapiens pueden hablar acerca de tipos enteros de entidades que nunca han visto, ni tocado, ni oído”.

La consistencia de lo imaginario

A medida que pasaba el tiempo, la realidad imaginada se hizo cada vez más poderosa, de modo que en la actualidad la supervivencia de ríos, árboles y leones depende de la gracia de entidades imaginadas tales como dioses, naciones, corporaciones. Las empresas tecnológicas han emprendido el “asalto a la dominación mundial y a nuestros bolsillos”.

Harari formula la pregunta: ¿Cómo funciona el dinero?

No es una realidad material; es un constructo, se fundamenta en un sistema de equivalencias que hace del dinero una representación, sobre la que se puede proyectar cualquier objeto. ¿Por qué tiene éxito? El dinero se convierte en “cosa” que se compra y se vende a sí misma, entrando en un circuito cerrado. Se confía en las invenciones producto de la imaginación colectiva. La confianza casi absoluta es la materia bruta a partir de la cual se acuñan todas las formas del dinero. 

En consecuencia, el dinero es un sistema de confianza mutua, y no cualquier sistema. Es el más universal y más eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado.

Apropiándose de estas estructuras del relato, de las narrativas, el capitalismo tardío, como las corporaciones, devinieron en las lógicas de funcionamiento pastoral, donde ya no sólo se trata del dominio ideológico, sino de “capturar subjetividades”. La ideología del progreso que transmite el capital, se apoderó en su beneficio del legado cristiano prostestante y suprimiendo el sentimiento de lo común, el capitalismo se adaptó a la religión y de este modo homologa, que todos tengamos las mismas opiniones, patrones estéticos, consumos, promulga cómo ver la vida, los íconos consumibles. La globalización nos inundó en la ilusión del relato de lo homogéneo, esto se puede apreciar tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales que difunden esta ideología.

Resaltamos un pensamiento del libro de J.L. Juresa Gerard Haddad: un periférico del psicoanálisis: “Cuando el discurso se entierra en un mar de sentido común, emerge el peor fascismo de que se dispone para aplastar a los sujetos en la uniformidad y la indiferencia adormecida de los fenómenos de masa”.

Los estados se fundamentan en mitos nacionales comunes; ninguna de estas cosas existen fuera de los relatos que la gente se inventa y se cuentan unos a otros. No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia, fuera de la imaginación común de los seres humanos.

Otra característica distintiva del homo erectus es el andar sobre dos piernas, que permitió la visión elevada y la liberación de las manos para otras tareas; adaptarse a una posición erguida era todo un reto, especialmente cuando el andamiaje tenía que soportar un cráneo. Planteamos una relación entre la liberación de las manos y la paradoja que plantea Lacan: “El hombre piensa con los pies”. Éste inventa otra sustancia, la sustancia gozante, y nos propone “pensar con los pies”, ya que se trata de un goce ubicuo, ilocalizable, opaco. 

Goce producido por el impacto de la lengua en el cuerpo, singular y sin ley; en el intervalo que va de la palabra que desconoce, a lo que cree hacer pensando, el hombre se enreda con los pies. Así también va a formular que toda verdad tiene una estructura de ficción. La ficción, como simbólica, para Lacan tempranamente está agujereada por un real inasimilable y que el significante trata, bordea, limita.  Destaca que la ficción como hecho verbal se articula a lo real como medio decir: que es exactamente un objeto perdido del lenguaje que no se logra recuperar. Se trata de un objeto evanescente que no pertenece a la realidad, llamado objeto a. Objeto totalmente distinto que no entra en el circuito que propone el capital, un punto de fuga, los otros objetos del mundo sólo aspirarán a ser su semblante. Este objeto muestra esa parte de nuestra carne que necesariamente resulta tomada en la máquina formal del significante y se torna para siempre irrecuperable. Allí anida su función: causa del deseo.

Sabemos cuál es el costo de que el discurso del psicoanálisis se convierta en dogma o relato religioso. Tanto Freud como Lacan declararon el riesgo que eso implicaba y la aspiración de mantener y habitar cierta periferia y su constante fracaso. La estabilidad de la religión proviene de que el sentido es siempre religioso. Lacan así plantea que la religión es la morada original del sentido. El hombre nace en el lenguaje, exactamente como nace en el mundo, sino que nace por el lenguaje.

Puede leerse que una dimensión del orden familiar es una ficción mítica producida a partir de lo imposible, de la pérdida del paraíso, del agujero del que salen ficciones necesarias que ajustan, ciñen, ese imposible sin reducirlo. Puede haber narrativas y construirse relatos, pero tiene que haber siempre un lugar en donde la lectura, el sujeto y la memoria no sean del todo capturables.

Freud, en varias oportunidades se interroga por el progreso de la civilización, como otros pensadores de la época; vigente pregunta, cuestionan así la omnipotencia y la omnipresencia humana. Nos construimos a partir del estado inicial de indefensión, de la presencia / ausencia de objeto, y de la tendencia a la muerte, retorno a lo inanimado.

Para ir finalizando, Harari plantea cierto progreso a la llamada inteligencia artificial, marcado por la tecnociencia, donde la humanidad queda por fuera. La inteligencia artificial similar a la humana necesita un cuerpo artificial similar al humano. Se usan redes transformadoras y algoritmos que generan patrones únicos; al punto que la humanidad misma se reduce a un objeto entre otros objetos. La época nos conduce a esta tendencia irrefrenable de vivir en el que la conexión con el otro mediada por la tecnología, esta matriz de comunicación en la que a veces estamos contentos de participar y otras, ingratamente endemoniados. Esa idea de la mediación técnica que se asoma se nombra: “transhumanismo”.

Como asociación recordamos la serie Un mundo feliz; la misma trata de una hipotética sociedad futura, ¿Por qué se llama Un mundo feliz? Porque se presenta un mundo en el que la gente, por no pensar ni tener sentimientos, ni pasión alguna y estar anestesiada por la farmacología, frente al menor conflicto o desvío, están automatizados y se creen felices o, mejor dicho, no están amargados o tristes.  Es una sociedad utópica que ha conseguido la paz y la estabilidad a través de la prohibición de la monogamia, la privacidad, el dinero, la familia y su propia historia, su vulnerabilidad e indefensión.

Al inicio de este grupo de lectura y reflexión, en el primer encuentro, leímos el texto de Fisher Realismo capitalista y vimos la película Hijos del hombre del director Cuarón. La misma resalta cierta tensión entre la infertilidad y la fertilidad del mundo, de la humanidad, de la transformación de un planeta vivible a un desierto donde sólo quedan despojos humanos. ¿Cómo sobrevivir al periodo sombrío que el neoliberalismo ha sembrado en el planeta?

Quizás un modo de pensar la experiencia del analizante al final del recorrido de un análisis sea el encontrarse despojado de toda veleidad, de toda preocupación por construirse una historia y su causa, es decir por constituirse como historia, porque eso sencillamente ya no le interesa, ya no importa. El atravesar un análisis: es desgastar la novela familiar y traducir los signos a otra lengua. Escritura cifrada que le ofrece al saber un estatuto distinto del que le asigna la hermenéutica histórica. 


Lic. Paola Lospinoso  es Licenciada y Profesora en Psicología de la Universidad de Buenos Aires                                             

Lic. Graciela M. Ramírez es Licenciada y Profesora en Psicología de la Universidad de Buenos Aires.  Miembro de la Escuela Abierta de Psicoanálisis y de la Red Colectiva Psi.

 Ambas colegas producen escritos colectivos y forman parte del grupo de escritura “Capitalismo y clínica psicoanalítica” coordinado por José Luis Juresa de donde emerge el texto escrito



Si te gustó la nota, te enamoraste de Ají
y querés bancar las experiencias culturales
autogestivas hacé click aquí.

¡Compartí este contenido!

Dejar un comentario