MENOS MAL

con 3 comentarios

La grieta existió a lo largo de toda la historia humana y en todos los rincones del planeta. Es la manifestación de la dicotomía de clases, de la lucha ideológica, es producto de la desigualdad reinante en todos los sistemas que se sucedieron a lo largo del tiempo. A groso modo, se trata de una grieta que separa los intereses de explotadores y explotados, por más que en la actualidad la paridad numérica que suele existir entre ambos bandos de la grieta no se condiga con la extrema disparidad en el volumen real de individuos que pertenecen a ambas clases, es decir, con la minoría de explotadores y la mayoría de explotados: el principal mérito de este emparejamiento hay que adjudicárselo al aparato mediático que, con sus mecanismos de
manipulación en constante sofisticación, logra “cooptar” individuos de la clase explotada y ponerlos, como fieles soldados, a escudar los privilegios de la clase explotadora.

Así, en nuestro país, es frecuente encontrarse –por ejemplo– con encendidas defensas hacia “el campo” o el empresariado por parte de quienes no sólo no obtienen tajada alguna de los beneficios de estas corporaciones sino que, por el contrario, suelen padecerlas en tanto
consumidores o trabajadores; o con obstinadas militancias en favor de fuerzas políticas que atentan contra los propios intereses, militancias movilizadas por una lógica pasional que concibe la política en términos de River-Boca, donde el individuo es capaz de incurrir en la enorme contradicción de conceder una lealtad ciega a quien lleva adelante acciones que lo perjudican y un odio incondicional a quien lleva adelante acciones que lo favorecen, porque ya no importan las acciones en sí sino quién las promueve.

Por supuesto que cerrar la grieta sería deseable pero, vamos, no en un mundo cómo este. Hay sólo dos maneras de cerrar una grieta: con todos de un lado o con todos del otro. En este mundo capitalista gobernado por una poderosa élite dominante, cerrar la grieta sólo sería
posible con todos del lado de ellos, porque son ellos los que imponen las condiciones, los que tienen la capacidad de llevar para su molino a quienes no pertenecen a su clase. Por lo tanto, en un sistema que, por sus características estructurales, promueve la desigualdad obscena, la
acumulación de unos pocos en perjuicio de las grandes mayorías, cerrar la grieta sería la aceptación definitiva de tal escenario. Por eso la grieta es la que nos protege, la que nos da esperanzas.

La grieta existió siempre porque siempre existió la injusticia, pero también porque siempre existió la resistencia. Fue la grieta (o el hecho de que siempre hubiese, mal o bien, gente dispuesta a pararse de este lado de la grieta) lo que obligó a que la historia avanzara siempre
incómoda, a través de constantes sacudidas, que el orden establecido fuera trastocado sucesivamente, con conmovedora obstinación. En una palabra, que no se la llevaran de arriba; que los explotadores, por lo menos, no pudieran hacer la plancha sobre las aguas calmas del
sometimiento de los explotados.

Menos mal que está la grieta. Si no hay grieta en un mundo así, estamos perdidos para siempre.



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Futuro geógrafo, escritor, diseñador gráfico y web, freelancer. Padre de Santiago, un sol de cinco años.

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3 Respuestas

  1. Elvio
    | Responder

    Muy buena nota. Cruda, pero realista. Una mirada sobre nuestra sociedad y realidad muy ajustada a como funciona la grieta y porqué. Y la esperanza.

  2. Ana
    | Responder

    Excelente Nota. Felicitaciones y Gracias.

  3. Santiago Rende
    | Responder

    Saludos, le propongo en complemento a su modelo de historia dualista otros elementos para poblar el continente de la historia universal. Usted menciona como motor de la historia a la dialéctica de clases. Pero es que esta dialéctica sirve para explicar, en parte, la historia reciente.
    Gustavo bueno propone como motor principal de la historia la dialéctica de imperios. Porque la historia es siempre la historia de los imperios en oposición unos con otros. Y esta dialéctica de estados contiene a su vez la dialéctica de clases, entre otras. Porque los estados dan origen a las clases.
    El análisis de Gustavo Bueno se encuentra aquí: http://filosofia.org/rev/bas/bas23008.htm

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