ejercicios materialistas en la coyuntura / roque farrán

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Ejercicios materialistas en la coyuntura política

0. Palabras. Si las palabras no alcanzan para decir lo que sentís, quizás sea porque primero tenés que sentir las palabras. No usamos las palabras para expresar nuestros sentimientos, expresamos lo que sentimos porque somos seres de lenguaje; seres tramados por palabras, que afectan y son afectados, que pueden llegar a entender que son causa adecuada del afecto y su lenguaje.

1. Infinitos. La única diferencia entre el mal infinito y el buen infinito se sitúa con el conocimiento afectivo; resulta de formular la pregunta adecuada al modo finito que lo soporta (habitualmente humano): ¿Te alegra o entristece esa repetición en la que insistes? Nadie te obliga a permanecer ahí, puedes cambiar de lugar o posición. Es como encontrar el tono, la nota justa, sentirse a gusto con un sonido que se repetirá incesantemente en infinitas variaciones y composiciones, con otras y otros, hasta la descomposición definitiva y más allá, cuando quede reverberando en el vacío. Después de todo, la materia de una nota es un cuerpo sutil que solo halla existencia en la resonancia de otros cuerpos. Por eso hay dos ejercicios contrapuestos y complementarios para encontrar el modo singular en el atributo infinito: (i) imaginarse que eso que se está haciendo es lo último que se hará sobre la faz de la tierra; (ii) imaginarse que eso que se está haciendo se hará infinitamente.

2. Prácticas. No hay otra razón que la práctica, incluso si esa práctica consiste en mirarse a los ojos y contemplar en la pupila el elemento divino, como hacían los platónicos; o sentarse simplemente a respirar dejando correr los pensamientos, como propone la meditación Zen; o juntarse con otros trabajadores para convencerlos de que están siendo explotados y hay que organizarse para que la vida no sea tan miserable, como expone el marxismo. No hay otra razón que la ausencia definitiva de razón universal que hace de hombres y mujeres seres indeterminados a priori que deben ejercitarse a sí mismos para constituirse razonablemente en medio de las sobredeterminaciones materiales que los exceden. ¿Y las teorías? Las teorías también pueden constituir una práctica material en tanto permiten hacer cuerpo los discursos, subjetivar sus razones, y no simplemente arrojar productos al mercado de las ideas.

3. Derechos. Donde hay una necesidad, nace un derecho. Y donde hay un deseo, también. Porque el derecho es, ante todo, el derecho a tener derechos. Y el deseo es, esencialmente, deseo de deseo. Y quienes no desean para otros la posibilidad de goce de la que ellos mismos usufructúan, son unos miserables que no han conocido la verdadera felicidad o sabiduría. Porque el goce no es limitado, lo limitado son los objetos y sujetos que se creen con derechos exclusivos a ellos. El goce es infinito y se singulariza en cada modo que encuentra la irreductible perseverancia en el ser y la necesidad correlativa de que otros también la hallen según su causa. Porque la pobreza de cuerpo y alma que afecta a uno solo afecta también al conjunto. Y la verdadera potencia solo se da cuando la singularidad encuentra junto a otros el modo de incrementarse.

4. Usos. El uso no es la propiedad, no es el dominio, ni la soberanía. El uso implica el cuidado de sí, de los otros, de las tradiciones y legados, de nuestras pasiones, actitudes y comportamientos. El uso implica honrar a los muertos y habilitar un lugar que sea habitable para los que vienen. ¿Cómo transmitir el uso si no es con el ejemplo, el gesto, la generosidad y la firmeza? No hay saber experto, inteligencia suprema, ejemplo de pureza moral, ni mandato unívoco que lo garantice. No hay doble comando, no hay subestimación, no hay bajada de línea, ni voces en off o chismes que operen, cuando el uso es adecuado a las relaciones materiales que nos constituyen. Relaciones que incluyen, por supuesto, el espíritu y su fuerza; que no son otra cosa que la reflexividad afectiva de la que somos capaces para pensarnos junto a otros. El uso de la palabra o el uso de una simple lapicera, en cada caso, para plegar las relaciones de poder y los modos de saber en que estamos inmersos. Para aumentar la potencia de obrar. No hay garantía ni sacrificio en el terreno del uso, solo hay consecuencias materiales asumidas en su inexorabilidad. El amor es más fuerte que el odio y el uso es más efectivo que la operación, cuando entendemos la causa de lo que nos afecta.

5. Subjetividades. Estamos en la época del Trollceno: la guerra diseminada por doquier en el campo de las subjetividades. Por eso las tácticas y estrategias apuntan a que los sujetos se peleen, difieran o aglutinen en función de rasgos imaginarios, estilos comunicativos, breves referencias textuales. La división y desorientación permiten el dominio irrestricto bajo rasgos inerciales: ayer significantes, hoy algoritmos. Nada nuevo bajo el sol: apenas ha cambiado el marco tecnológico e incrementado la aceleración temporal. Las estrategias de resistencia son de antigua data: conocer las afecciones, distinguirlas, tomar distancia, afrontar el vacío, elaborar aquello que nos permite constituirnos a nosotros mismos, encriptar la subjetividad, anudar las pulsiones, despertar a los otros, escuchar a quienes nos cuentan sus sueños y empiezan a entender de qué estamos hechos. No hay garantías en cuanto al resultado, pero sea que ganemos o perdamos sepamos a qué estamos jugando: nunca es bueno acabar doblemente perdido.

6. Cuerpos. Badiou decía que el materialismo democrático supone que solo hay cuerpos y lenguajes, pero hoy parece que solo restan lenguajes que proliferan digitalmente sin cuerpo. Esta escasez de cuerpo tiene un nombre clínico: anorexia mental. La anorexia mental no es negarse a comer sino comer nada, consumir mucho de nada, tratar de producir un vacío en el Otro que se presenta como completo. La anorexia mental afecta al cuerpo, claro, porque toda esa nada que se consume no permite hacer cuerpo y cada vez lo hay menos. Por eso la anorexia mental puede llevar a consumir infinidad de textos sin que ninguno sea incorporado realmente, sin que haya efectos de transformación real. Me pregunto si no es un síntoma capital de la época la dificultad de encontrar un vacío en el Otro que se presenta como completo, circular, cerrado, deglutiendo contradicciones sin cesar. Y, más acá de la gravedad de cada caso, ¿no daría cuenta eso de la dificultad de producir lecturas y escrituras potentes?

7. Filosofías. ¿La filosofía es una o hay múltiples filosofías? ¿Debemos interrogar a la historia de las ideas para saber? ¿Es acaso una cuestión de competencias individuales o grupales? ¿Hay filosofía para cada área del saber, para cada tema o asunto? ¿Hay una filosofía del cuerpo? ¿Qué es un cuerpo? ¿Qué puede un cuerpo? ¿Cómo se relaciona con las ideas? Creemos saberlo, hasta que el cuerpo dice no y encontramos su ruda materialidad. O también dice sí, y es cuando menos sentimos que tenemos un cuerpo. El cuerpo no es solo eso que creemos disponer como un útil o máquina para hacer cosas. Es que el cuerpo se hace también con diversas materias: letras, símbolos, experiencias, repeticiones, ejercicios, encuentros y desencuentros. Hay variaciones intensivas y extensivas, a veces sentimos más energía y otras menos, pero hay una esencia del cuerpo que no se reduce a rasgo o predicado: conatus o deseo, perseverancia en el ser. Nos hacemos una idea adecuada de esa esencia del cuerpo cuando, caídas o suspendidas todas las identificaciones (clase, género, ideología, etc.), encontramos su irreductible persistencia y modo de responder ahí: una alegría que puede suceder en cualquier circunstancia, incluso las peores. No es un mandato sino un gesto que dice sí, puedo. La idea del cuerpo ya no es mutilada o fragmentaria, según el interés ocasional; ni tampoco unitiva y totalizante, según las imágenes prestadas de los otros; la idea del cuerpo se adecúa a su complexión afectiva como modo único de respuesta, modo singular, modo material. La idea material del cuerpo es una constante, una nota, un sonido que empieza a resonar con otros y despierta saberes, convoca tradiciones, trama un cuerpo más vasto para componer una polifonía que se ejercita a diario; el cuerpo así se nutre y desarrolla, convierte lo que consume en fuerzas y en sangre. No hablo de una filosofía del cuerpo como especialidad, o que el cuerpo tenga una filosofía propia: la filosofía es el cuerpo y el cuerpo (de) la filosofía, cuando se encuentra la idea adecuada y se busca componer para ampliar la potencia de obrar (sentir y pensar).

8. Luchas. Althusser presentaba a la filosofía como lucha de clases en la teoría. Siguiendo esa tendencia materialista en filosofía, yo digo que la lucha de clases se da incluso en el sujeto o el sí mismo. Para que me entiendan mis amigxs marxistas. Que no hay que dar prioridad a una lucha por sobre las otras, porque las luchas suceden en simultáneo y algunxs pueden más con unas y otrxs con otras, según el momento. La lucha de clases en relación a la constitución de sí se hace palpable si partimos de que no hay esencia del sujeto y éste se constituye a través de una multiplicidad de técnicas, ejercicios y procedimientos que trabajan con las pulsiones y deseos diferencialmente. Que el sujeto puede entonces explotarse a sí mismo, privarse del plus de goce, esclavizarse a sus mandatos, jerarquizar las funciones cognitivas, ignorar los padecimientos corporales o los afectos, etc. O bien puede trabajar sobre sí de un modo potenciador y liberador de las funciones corporales y cognitivas, escuchando las tendencias afectivas, anudando virtuosamente las pulsiones, volviendo sobre sí para entender la causa de lo que le afecta cada vez, etc. El trabajo sobre sí también implica a los otros, moviliza saberes y procedimientos diversos, no es solipsista ni espontaneísta, requiere organización y disposición. Por eso diría, ante la avanza neoliberal individualista: ¡Proletarios de sí mismos, uníos y organizaos!


Roque Farrán es filósofo e Investigador del Conicet, sus últimos libros publicados en 2021 son La razón de los afectos y Militantes ¡ocúpense de sí mismos!



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