
El primer plano a los ojos de Óscar “Tacuara” Cardozo anticipa el desenlace. Es el año 2010, es el Mundial y en la noche de Johannesburgo sólo se escucha el sonido de un gran moscardón: la vuvuzela, aquel instrumento de viento que hace enloquecer por partes iguales a jugadores y espectadores. En el segundo tiempo de los cuartos de final entre Paraguay y España, el árbitro acaba de señalar penal para la selección guaraní. El partido está cero a cero y no es descabellado decir que Cardozo está ante la oportunidad de su vida: meter a Paraguay entre las mejores cuatro selecciones del mundo. Cardozo acomoda la pelota y luego camina lento, hacia atrás, sin mirar a su oponente, Íker Casillas. Solo cuando el árbitro toque el silbato, Cardozo va a levantar la mirada y como un jugador de póker que delata su movimiento, va a mostrar su temor. Entonces lanza el disparo, Casillas lo ataja casi sin dificultad y Cardozo se agarra la cabeza y camina por el área, desorientado. Minutos después, David Villa convertirá un gol fabricado por el pie y la cabeza de Andrés Iniesta y Paraguay dirá adiós al mundial. El milagro de las semifinales estuvo cerca y la selección paraguaya, dirigida por Gerardo “Tata” Martino, ha logrado su mejor participación histórica en los mundiales. El futuro es prometedor.
Sin embargo, nadie sospecha que ese partido será el último que dispute Paraguay en mundiales durante dieciséis años, nadie sospecha que vendrá un largo período de sequía, de sonados fracasos deportivos. Nadie sospecha, tampoco, que pasarán, entre 2011 y 2024, diez técnicos que no lograrán conducir a Paraguay a buen puerto. Pero lo que nadie sospecha, y quizás ni siquiera su protagonista, es que quien devuelva a Paraguay a una copa del mundo esté esa noche, en Johannesburgo.

Tras una breve aventura dirigiendo un equipo en Arabia Saudita, Gustavo Alfaro está en Sudáfrica, trabajando como comentarista para la cadena de televisión colombiana Caracol. Alfaro ha recorrido un largo camino en el fútbol. Tuvo una discreta carrera como futbolista: según Wikipedia, debutó en primera a los veintiséis años y se retiró a los treinta, jugando en un sólo club, Atlético de Rafaela. Luego tuvo un largo peregrinaje por clubes del ascenso, hasta consolidarse como un técnico de primera división. Después del mundial del 2010, Alfaro dirigirá nuevamente a Arsenal de Sarandí y lo sacará campeón del fútbol argentino por primera vez. Así logrará un reconocimiento unánime que lo llevará, en pocos años, a dirigir, entre otros equipos, a Boca Juniors.
Después de dirigir a Boca, llega su primera experiencia en selecciones. Conduce a Ecuador al mundial 2022 y aunque queda eliminado por Senegal en la fase de grupos deja un recuerdo imborrable en el pueblo ecuatoriano. En 2024, y luego de un brevísimo paso por la selección de Costa Rica, asume como técnico de la selección de Paraguay. La selección guaraní se encamina a un nuevo fracaso en las eliminatorias sudamericanas: solo ha ganado uno de los seis partidos disputados y la clasificación es, cuanto menos, una quimera. Pero llega Alfaro y moldea al equipo como un artesano, un alfarero. Recurre a la historia del fútbol paraguayo y forma un equipo férreo, sin fisuras. De los doce partidos restantes de las eliminatorias solo pierde uno y tiene victorias resonantes ante los tres grandes del subcontinente: Argentina, Brasil y Uruguay. Y termina con la segunda valla menos vencida de la competencia. Alfaro se transforma en un héroe en Paraguay: lleva a la selección a un mundial nuevamente después de dieciséis años.

Gustavo Alfaro es una rara avis en el mundo del fútbol. Su padre fue delegado sindical de los ferrocarriles y su madre, maestra rural. Es decir, la palabra y la docencia estuvieron presentes en su formación, en lo que, a la postre, sería su verdadera vocación: la dirección técnica. Alfaro estudió Ingeniería Química y estuvo a doce materias de recibirse. Pero en ese momento, a los veintidós años, se consideraba un ignorante. Entonces, dice, empezó a leer. Se considera a sí mismo un “ladrón profesional”, un ladrón de conceptos. Cada vez que lee una frase que le gusta, la anota. No es raro escuchar en sus conferencias de prensa -que suelen durar dos horas reloj- frases de los más diversos personajes. Ha citado a nombres tan disímiles como: Borges, Fito Páez, Einstein, Bruce Willis, Serrat, Aristóteles, Ringo Bonavena y Juan Manuel Fangio. Cito acá una que Alfaro atribuyó a Ernest Hemingway y que sonó tan inverosímil como misteriosa: “El hombre necesita dos años para aprender a hablar y 60 para aprender a callar. Yo tengo 61, ya aprendí a callar».
Ahora Paraguay se prepara para desandar su camino en el Mundial 2026. Su primer partido será en Los Ángeles, frente a uno de los organizadores de la copa: Estados Unidos. Siempre es un riesgo jugar contra un local, pero Alfaro cuenta con algo de experiencia: en el mundial anterior, con Ecuador, también tuvo que jugar contra el organizador: ganó 2-0 contra Qatar. El grupo lo completan Turquía y Australia. Es un grupo complicado, en el que todos tienen la posibilidad de pasar de fase. Para el primer partido, Paraguay no contará con su estrella emergente, Julio Enciso, pero sí estarán el resto de la columna vertebral del equipo, entre los que se destacan el defensor y capitán -y caudillo- Gustavo Gómez y el habilidoso Miguel Almirón. Enfrente estará Estados Unidos, dirigido por otro argentino, Mauricio Pochettino. (Dato para agregar: serán seis los técnicos argentinos que formarán parte de la cita mundialista)
Gustavo Alfaro continúa con las pruebas. Hay varias incógnitas. Por ejemplo, quién será el arquero. Quizás, sólo quizás, sea una estrategia para despistar, para no mostrar las cartas, para no delatar sus movimientos, como lo hizo “Tacuara” frente a Casillas, dieciséis años atrás. (Otro dato: Cardozo se retiró del fútbol a fines de 2025, con 42 años) Quizás se trate de la estrategia de un técnico que mueve las piezas en silencio, que ya aprendió a jugar callado y que espera, solamente, que la pelota se eche a rodar.



Es psicoanalista y escritor. Ha publicado relatos en las Antologías Felices Juntos (Ed. Tenemos las Máquinas, 2014) y Cómo ganarle el Mundial a Brasil (Ed. Garrincha Club, 2014).

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Una respuesta
Marcelo
Muy buena!