EL PATRIARCADO EN LAS CALLES DE VENADO TUERTO

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Los epónimos que conformaron el primitivo plano de la ciudad en su momento fundacional estaban asociados al grupo de extranjeros, que por ese entonces eran mayoría y poseían el capital económico y político. Dentro de las 22 calles nomencladas en el mismo, tres fueron tituladas con nombres femeninos; María, Inés y Catalina. Aunque no están documentados sus orígenes, podrían hacer alusión a miembros de la familia de Casey, su fundador, dado que tanto su madre como su mujer compartían el nombre María, e Inés era el segundo nombre de su esposa. Y, si tenemos en cuenta el fervor católico irlandés, podemos pensarlo también en referencia a la Virgen. Con respecto al tercer nombre, no es descabellado pensar que hacía referencia a Catalina McAuley, nacida en Dublín y fundadora de la congregación religiosa de las hermanas de la Misericordia, que para 1841 había fundado 14 comunidades independientes de religiosas en Irlanda e Inglaterra y que para los años de la fundación de Venado ya se habían expandido en América. Aparece así su nombre haciendo homenaje al accionar de esta mujer, que gastó su herencia en abrir un lugar para hospedar y educar a mujeres y a niñas, en Lower Baggott Street en Dublín. 

Con la llegada del ferrocarril en 1890, la eponimia del llamado Pueblo nuevo de Venado Tuerto -establecida en un plano tipo confeccionado por la Compañía del ferrocarril, que era la propietaria de los terrenos- mostró cambios en la nomenclatura.  Los mismos remitían al impacto de la inmigración italiana y española, a los políticos y funcionarios de gobierno que habían favorecido el tendido de la vía férrea, a las redes de relaciones económicas y financieras que tenía la compañía y, por último, a grandes terratenientes que habían dado las tierras para el tendido. En esta nomenclatura no había mujeres, ni tampoco las hubo en la de 1910, con el cambió de la eponimia del plano fundacional por la conmemoración del centenario (Mignacco-García, 2011). En la galería extensísima de héroes patrios con los que se nombraron las calles, los hombres son los protagonistas excluyentes de la Historia nacional, aunque muchas mujeres habían participado de la misma. Mariquita Sánchez de Thomson, María Remedios del Valle, María Loreto Sánchez de Peón Frías, Juana Moro, Juana Manuela Gorriti, Juana Azurduy, Martina Silva de Gurruchaga, Martina Céspedes y Encarnación Azcurra son algunas de ellas. Otras son anónimas, aquellas que acompañaban los ejércitos como prostitutas, soldaderas, cantineras, o simplemente asistiendo a sus maridos, hijos o hermanos en la guerra. También las fortineras en la frontera y, en su contracara, las mujeres que acompañaron los ejércitos durante la campaña del desierto. Mujeres que hicieron historia y construyeron la patria, pero que fueron invisibilizadas por el relato histórico oficial y patriarcal.

Recién en 1952 las calles de la ciudad volverán a tener un nombre de mujer. Se bautizó la actual calle Hipólito Irigoyen –en ese entonces ‘Independencia’– con el nombre de Eva Perón a los pocos días de su muerte (1). La nominación de tal figura de fuste político y social se inscribía en el marco de la relación, no exenta de tensiones, que tenía el peronismo con el feminismo. Éste había dado lugar al reconocimiento de derechos civiles y políticos fundamentales para la mujer, como la sanción en 1947 de la ley de sufragio femenino y de la Patria Potestad compartida, a la vez que mantuvo incuestionado y hasta reforzó al ámbito doméstico como destino natural de la mujer; podemos pensarlo en una dialéctica que politizaba lo doméstico y domesticaba lo político (Schaller, 2020). Más allá de ello, su inscripción en el espacio fue muy corta debido a que, en el marco de la Revolución libertadora, la intervención federal de la provincia dispuso en octubre de 1955 el restablecimiento de la nomenclatura anterior (2). Y la ciudad siguió desde entonces sin nombres de mujeres hasta 1982, en los últimos días de la dictadura, cuando se nombró una plaza de la ciudad con una figura de orden nacional: la docente Rosario Vera Peñaloza. 

Con la vuelta del país a la vida democrática, se retoma el nombramiento de calles y de espacios públicos de la ciudad en forma regular, en especial a partir de institucionalizar en 1986 una comisión de Nomenclatura con la idea de distinguir a los vecinos más antiguos y meritorios de la ciudad y, con ello, contribuir al rescate de la historia de la misma y al acervo identitario. Se nombraron en ese entonces calles y espacios en alusión a docentes locales como Nora Basualdo (1984), Rosa Alarcón de Barriera (1984), Yolanda Cantoni (1985) y Leticia Bataglia de Valerio (2000) y a políticas de orden nacional, Alicia Moreau de Justo (1997) y Eva Perón (2002). Escasas designaciones si pensamos que, en esos 20 años, fueron nombradas más de 60 calles. ¿Dónde estaban las mujeres que vivieron en nuestra ciudad durante todo el siglo XX? La mayoría de ellas, amas de casa, quedaron bajo lo que se conoce como el patriarcado del salario (Federici, 2015). A finales del siglo XIX, la introducción del salario familiar para el obrero masculino trajo aparejada la expulsión de las mujeres de las fábricas. Enviadas a sus hogares, el trabajo doméstico pasó a convertirse en su trabajo primordial y, junto con ello, quedaron en una posición de dependencia del salario de sus esposos o concubinos, y estos como supervisores de su trabajo en la casa y con un poder económico y simbólico de posesión sobre ellas. A fines del siglo XIX y principio del XX, es común ver en las partidas de nacimiento, pasaportes y censos de España, Italia y Argentina, consignar la profesión de las mujeres con la denominación de ‘su sexo’ o ‘sus labores’. Los hombres tenían el acceso a su cuerpo y a su trabajo, que se convirtió en un recurso común, considerado por fuera de las esferas de las relaciones de mercado porque era un no-trabajo; disponible para todos y no remunerado para ninguna. En la clase alta, será la propiedad la que le dará al marido ese poder sobre su esposa e hijos/as. En esa propagación de la disciplina capitalista y la dominación patriarcal, la familia se constituyó como la institución más importante para la apropiación del trabajo de las mujeres y permitió la invisibilización de su valía para el orden del sistema (Federici, 2015). Este modelo de familia se vislumbra hasta los años 60’. A partir de entonces, muchas mujeres se hicieron espacio en el mundo laboral y ganaron reconocimiento y visibilidad política y social antes solo limitada a los hombres. Esto, sin embargo, no se tradujo en una mayor representación en las calles de nuestra ciudad, que podemos pensar como vitrinas de aquellos que importan y contribuyen a la sociedad. Puede verse en ese sentido como ejemplo, el ciclo de la Comisión de Nomenclatura 2004-2020, de la que formo parte. Durante estos años se pusieron, del orden nacional e internacional, los nombres de Juana Azurduy, Alfonsina Storni, María Teresa de Calcuta, Lola Mora, Machaca Güemes y Remedios del Valle y, del orden local, Dolores Molina, Cecilia Hegarthy, Mirley Avalis y Teresita Campos de Durando y algunas más a la espera. Siguen siendo pocas. En parte, porque producto de esa historia, en su mayoría, las solicitudes recibidas son de hombres que proponen nominar en homenaje a otros hombres, pues mayormente lo institucional en la ciudad estuvo en sus manos, y de allí también, la faltan de registros históricos de mujeres y de sus desempeños. Esperamos un cambio y que, en años venideros, médicas, enfermeras, porteras, científicas, aborígenes, parteras, bioquímicas, músicas, religiosas, directoras, empresarias, primeras pobladoras, profesoras, abogadas y benefactoras de la ciudad que por su permanencia y protagonismo abonaron su identidad, se sumen a la nomenclatura de las calles, para darle homenaje desde estas.


(1) Decreto, Ordenanza 234, 14 de agosto, Municipio de Venado Tuerto.
(2) Comisionado municipal, Decreto N° 4 Municipio de Venado Tuerto.



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Alejandra García
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Licenciada y profesora en Historia (UNR). Se desempeña en la EESOPI N° 3095, Cultura Inglesa, y en el IES Nº7, Brigadier Estanislao López, de Venado Tuerto, donde además ejerce la Jefatura del departamento de Investigaciones. Es miembro de la Comisión de Nomenclatura -asesora del Concejo Municipal de Venado Tuerto- y del Archivo Histórico Digital de la misma ciudad. Ha publicado en coautoría varios trabajos en revistas culturales y participado en numerosos congresos provinciales y nacionales como expositora. Es coautora del libro Venado Tuerto y su Nomenclatura (2011), Mucho más que un clásico, Historia institucional y deportiva del Jockey Club de Venado Tuerto (2013). Ha participado en la elaboración del Manual didáctico; El espíritu del Venado Tuerto (2014). Próximo a presentar; Historizando la formación docente (2019).

Alejandra García
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5 Respuestas

  1. Avatar
    Nancy Ferela
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    Excelente amiga Alejandra!!!….
    Gracias por permitirnos conocer nuestra historia y llevarnos a la concientización…

  2. Avatar
    Beatriz Bladinich
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    Muy interesante!!!!
    Valoro mucho tu incansable búsqueda de respuestas a los interrogantes de nuestra ciudad y de la historia misma.

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    Verónica Lascar
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    Excelente Ale! Felicitaciones!!

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    Virginia Scardellato
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    Excelente como siempre!

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    Rosana Ludueña
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    Exelente documento…volví a viajar en el tiempo, cómo en cada clase que curse con Ale!

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