la biblio, esa historia / gabriela busso

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Todos los que intentan contar una historia o varias historias se plantean ¿cómo narrar? y ¿para qué narrar? preguntas sobre la forma y el sentido, que en definitiva atraviesan las historias de nuestras vidas.

El libro de Marcelo Sevilla que hoy no convoca comienza con esas preguntas que evidencian una fuerte tensión entre historia y memoria; entre lo vivido y lo narrado.

¿Cuál es el sentido de narrar?   La historia nos dice que, en 1984, un grupo de jóvenes, asume la conducción de una biblioteca popular, fundada a principios del siglo XX (1920) por obreros ferroviarios socialistas y anarquistas, en una ciudad pequeña, localizada en las entrañas de la llanura hacia ninguna parte.

Llegamos “Jóvenes nosotros, con todas las ilusiones a cuestas, hijos de obreros clase media, media baja, tratando de sobreponernos a los miedos… con (..) convicción en ideas humanistas que … en la vida real, harían del mundo un lugar más digno y amable”.

 “El lugar elegido, o que nos eligió, fue una biblioteca popular de origen ferroviario”. Edgardo Nano Camargo.

La experiencia construida por este grupo de jóvenes tiene su antecedente más inmediato en el movimiento generado en Venado Tuerto, en los años finales de la última dictadura militar, me refiero a LUZ, movimiento pro arte y cultura.

LUZ decreta, en octubre de 1982, que se vivirán 12 horas de arte sin censura. LUZ, MÁS LUZ. ¡¡ESTAMOS VIVOS!! Heterogéneo, amplio, interpretó una necesidad de encuentro para que diversos actores sociales, culturales y políticos, se vieran, se reconocieran, emprendieran proyectos comunes, crearan nuevos lazos.

LUZ es el antecedente inmediato de la experiencia de “La BIBLIO”. Este libro tiene su antecedente inmediato en La llanura hacia ninguna parte, en la que aparece, entre pliegues, la historia que aquí se narra.

Muchos de los impulsores de Luz participan en la Biblio. Horacio Martínez, el Ñoty, en uno de sus textos nos cuenta que, en ese tiempo de largas noches compartidas en los bares, hablando de política, de poesía, de fútbol, es decir hablando de AMOR, se gesta y se multiplica el compromiso ideológico, cultural y político.

Esa ciudad conservadora, apática, solemne, individualista es capaz de cobijar el nacimiento de revistas alternativas, contestarias, como Expresión o Transparencia y la conformación, en 1981, del grupo de teatro APERTURA (nombre que nos habla de las necesidades y las demandas de la época), entre muchas otras.

 En esos años, la apertura de la actividad política, significó, para muchos jóvenes, asumir un compromiso militante que fue una elección de vida y un imperativo insoslayable: teníamos que hacernos cargo del futuro.

En 1984 la primavera democrática generó un clima de euforia e ilusión generalizada que ocultó a un país aterrado, humillado, empobrecido, “con el corazón comido por los gusanos”; salíamos de una guerra, y era tanto el dolor que la democracia nos prometía todo.

LA BIBLIO es casi impensable sin DEMOCRACIA, la vida y la libertad fueron fundamentos centrales del proyecto, y fue tan grande la certeza de lo mucho que se ponía en juego que la Biblio y sus protagonistas se hacen cargo de una participación activa y comprometida en los hechos de la Semana Santa del 87, “A la plaza, por la vida, hoy, todo el día”

Tampoco era posible sin un estado presente. En este sentido es de resaltar la figura de la historiadora Hebe Clementi, en ese momento Directora Nacional del Libro. Llega a la Biblio atendiendo las denuncias de ciudadanos bien pensantes, escandalizados por la música altisonante, los asados a cualquier hora, el vino, las risas y supongo que también por el frente pintado de colores ¡qué falta de respeto! ¡eso no hace en una Biblitoeca!; pero pasó lo que jamás pensaron que pudiera suceder, Hebe se enamoró del proyecto y fue una gran inspiradora “una rara mezcla de madre, profesora y amor imposible”.

Los provocó, los incitó a programar el primer ciclo de charlas abiertas, intervino ante la CONABIP para que envíe más libros, impulsó la difusión de la experiencia a través de su programa en el Canal del Estado, propuso y defendió la presentación al concurso de selección entre bibliotecas, de la que derivó el subsidio de la Fundación Antorchas. Hebe abrió puertas, gestionó y enseñó a gestionar.

Nos dice Marcelo en varios fragmentos de su libro:

Como no se levantaban las persianas y además las tiras estaban cortadas, en las dos ventanas del frente los pájaros habían hecho nidos. La vereda estaba rota, le faltaban mosaicos y le había crecido una planta de zapallos guacha. Adentro una sola lámpara, rancio tubo fluorescente, irradiando una aureola mortecina blanca.”

“… reparar esos vidrios rotos… cortar los pastos del patio… ajustar esa puerta. Hay que pintar, arreglar esas manchas de humedad. Falta iluminación”

“Ordenar, clasificar, reciclar”

“De enero a diciembre: seleccionar libros, catalogar, desmalezar, calefaccionar la sala, las instalaciones eléctricas, la conexión del agua, las cloacas, extender el horario de atención, una línea telefónica, colorear el frente, reflectores”

La tarea que se imponen es REPARAR, RECONSTRUIR, ORDENAR, para CONSTRUIR, para IMAGINAR, para CREAR, para PENSAR, para GESTIONAR, para GENERAR recursos, materiales y culturales. Fueron constructores, albañiles, plomeros, electricistas, pintores, aprendieron a cambiar vidrios, poner pisos y azulejos; aprendieron a limpiar, a lavar copas, platos, pisos y ropa.  

Así el frente se vistió de colores, hay que salir del mundo gris, para conjurar el horror. Obviamente fue un escándalo. La obra elegida, consta en actas, fue una pintura de Kenneth Noland, denominada “Nuevo día”. El color lo inundó todo, las paredes, las placas conmemorativas, las banderas, la camiseta del equipo ¡TODO! Era color.

Aparece entonces, la posibilidad de pensar esa experiencia, transcurrida en lo local, como una metáfora del país, la tarea de reconstruir, de crear y recrear lazos, de sanar heridas; se replica en lo micro.  

        A partir de la lectura es posible reconstruir los tres ejes del proyecto, tal vez nunca formalmente explicitados:

  • La autonomía: fueron independientes de toda política partidaria y de los gobiernos de turno; tomaron sus propias decisiones, discutieron, acordaron, disintieron, lo hicieron en conjunto, como experiencia colectiva.
  • La unidad: que no es homogeneidad. Trabajar en equipo lo que supone una idea de igualdad en el esfuerzo y en la participación, pero también supone tramitar con armonía los diferentes roles, potenciar las capacidades de cada uno.
  • La identidad: el sentido de pertenencia, la necesidad de contener y saberse contenidos y la construcción de un lugar, que constituye la identidad en este caso de un grupo, de un colectivo, lugar de encuentro, de palabra intercambiada, de complicidad de compañeros de espacio y de tiempo, de lenguaje compartido. Un lugar transitado, practicado, construido por los protagonistas.

Este lugar identitario se construyó con la apropiación que este grupo de jóvenes realizó del espacio material y que en el libro aparece explícitamente.“¿Hacemos algo para comer? ¿Quién se queda?”

El proyecto se construyó desde tres lugares

  • Las obras: reparar, construir, reconstruir, limpiar, en los primeros momentos y luego proyectar la expansión, ampliación el espacio físico, construir Castalia.
  • Las metas difundir la palabra que conmueve, ilumina y sana; la poesía, el libro; facilitar el acceso a los libros; a las ideas, expandir, abrir, construir convivencias, amistades, amores. Unir, enlazar la cultura letrada a la cultura popular
  • La conciencia de que trabajo y felicidad no deben ser opciones, aunque el capitalismo así lo quiera. “Más que encontrar un trabajo que a uno le guste, el desafío es transformar lo que a uno le gusta en un trabajo”. La conciencia sobre la importancia del pensamiento y de la acción.

No se trató de un proyecto anárquico, anómico, sin espesura así lo cuenta Fabián Vernetti (257): “Para esos jóvenes la Biblio fue una escuela de formación… Algo más abarcativo y profundo. No nos referimos sólo a un marco de valores ideológicos, éticos, morales, filosóficos …

Hoy podemos decir, con la impunidad que da la distancia que había mandamientos. No lo bíblicos, pero eficaces. No estaban escritos ni enumerados y nadie los percibía como tales. Delineaban un comportamiento. Surgían de la convivencia, en la vida compartida. A menudo provenían de los mayores, se extendía a los más cercanos y terminaba por encarnarse colectivamente. Significaba que formabas parte”.

Fito demuestra que las instituciones son la puesta en acto de las ideas y hablan un lenguaje que les es propio. LA BIBLIO, fue una escuela de vida, espacio de contención, creación e identidad para quienes la habitaron, jóvenes provenientes de familias de trabajadores, imposibilitados de emigrar a las grandes ciudades, inquietos, creativos, en la búsqueda de algo distinto.

Esos mandamientos (nada de drogas, la amistad como vinculación suprema, no traer problemas sino soluciones, compartir todo, incluso la escasez y, tal vez, el máximo mandamiento, consigna y bandera de lucha “estamos de acuerdo con la vida) no escritos por nadie, pero conocidos por todos daban sentido de pertenencia, valoraban lo colectivo por sobre lo individual, y sobre todo se ponían en acción, se manifestaban en la búsqueda constante de coherencia entre el decir y la praxis.

“Tal vez nada explique mejor a la Biblio ni haga más justicia con lo que fue y prodigó, que cuando la asumimos como una experiencia de enseñanza y aprendizaje colectivo; más: de producción de conocimiento colectivo, popular.” Fernando Peirone

En esta construcción colectiva, aparecen ideas fuerza que le dieron espesura al proyecto y le dan unidad al libro. La primera, se reitera a lo largo de toda la obra, es el concepto de Fiesta, o mejor aún el FESTIVAL, la vocación por la fiesta pública después de la maldición sobre las ideas y los cuerpos, después de la banalización del terror y del horror.

“PACHANGA, BAILONGO Y FESTICHOLA”, no se que pasa en esta ciudad, La Mona Gimenez en diciembre en Venado Tuerto, “La joda de la historia”.

La fiesta pública o festival concebida como un gran momento de entusiasmo colectivo, de efervescencia social, que permite revisar valores y normas, que cuestiona lo conocido como dado, que desrutiniza lo cotidiano.  

La fiesta que critica los valores de la moderna: trabajo y productividad; el que festeja no trabaja, no produce; pierde tiempo y el tiempo es ORO.

Como hecho social la fiesta, es más que el pretexto del encuentro en torno del alcohol, la comida, la alegría; expresa el deseo de integración e identidad del grupo que la celebra; reafirma el sentimiento de pertenencia y reproducen su identidad colectiva; reafirma los vínculos y también representa la disolución de las diferencias sociales y las posiciones jerárquicas, en consecuencia, aparece la igualdad y la solidaridad de todos. En la fiesta, como en el carnaval, todos somos iguales por un momento.

Esta idea de fiesta o festividad aparece en las peñas, los bailes, la cumbia, el cuarteto, en el acto de entrar bailando a los lugares, de bailar sobre las mesas ¡qué horror! ¡qué desparpajo! En las guitarras, los tambores, las trompetas, los disfraces, los sombreros, los globos, las banderas, que aparecían en las tribunas.

Otro concepto que atraviesa la obra es el concepto de JUEGO: Jugando nos relacionamos con la vida, con la muerte, con el más allá, con lo visible y con lo invisible. Jugando restauramos lazos. El juego tiene un territorio, el campo de juego, el tablero, la rayuela, implica cumplir las reglas, atenerse a un orden preestablecido.   

Juego y deporte, la fiesta del fútbol, juego y poder, jugar y jugarse, jugarretas del destino. El juego, actividad mágica y ritual, que ata y desata energías, que oculta y revela identidades, que teje una trama misteriosa en la que los sujetos, el pasado y el futuro se entrelazan en un bello y terrible dibujo. Jugando se adquiere conciencia distinta de sí mismo, conciencia no terminada ni unívoca.

El juego, cualquier juego, es un espacio-tiempo simbólico y mágico. El juego, la fiesta la percepción lúdica de la vida y el fútbol atraviesan la experiencia como una de las formas en que se manifiesta la vida cultural.

Como dijo Marcelo en una entrevista reciente, “Nosotros no éramos el Circo de Piñon Fijo, sino que para cada cosa había un concepto una búsqueda detrás. Entonces sentí que estaba en riesgo la esencia de esa historia, donde el paso de los años terminaba haciendo una simplificación tonta y banal”

 ¿Cómo es la forma? ¿Cómo elige contar?

 En la misma entrevista dijo:  “siempre fui receloso de escribir esa historia, porque es heterogénea, duró muchos años y participó mucha gente… pero con el paso del tiempo empecé a escuchar una recuperación demasiado superficial y simplista que ponía en riesgo a la historia misma”.

Este libro recupera voces, textos escritos mientras los hechos ocurrían, nombres muy conocidos, visitantes frecuentes, inspiradores; además recurre a las voces de los protagonistas hoy; es una obra coral, colectiva, como fue la propia experiencia, que recupera lo escrito en el pasado y la memoria de lo resignificado en este presente.

No encontramos un relato cronológico y al detalle de los hechos. Marcelo remarca hechos que considera fundantes: la llegada a la institución en 1984, la tarea de reconstrucción; la decisión de formar un equipo de fútbol, inscribirse en la Liga Venadense y competir y la decisión de dejar de hacerlo; las charlas abiertas, la creación de la Facultad Libre de Venado Tuerto, y una referencia a Babel; acciones conocidas por todos o por casi todos.

El fútbol, masivo, popular, heterogéneo fue la excusa para vincular los libros y las personas; en el futbol se unen las dos ideas fuerza: la fiesta y el juego. En esos años no era una actividad valorada por las buenas conciencias, que seguro eran las mismas que denunciaron el ruido, los desmanes, los asados y la música.

Ese equipo, que fue competitivo, que ganó campeonatos, dicen, los que saben que jugaba lindo, y que homenajeaba al futbol de antes, acompañado siempre, por una hinchada que festejaba las buenas jugadas del adversario, que cantaba, que no insultaba.

Fue un equipo de rebeldes, que con desfachatez se disfrazaban, pero jugaban seriamente, armado alrededor de un concepto solidario. Pudimos mostrar… que un futbol con libertad pero con responsabilidad podía conseguir objetivos. Omar Majul

Una vez logrado el objetivo de ser aceptados en la Liga Venadense, acuerdan con el Club Los Andes, aquí, en San Eduardo. La Biblio jugaría en su cancha en condición de local.

Significó mucho trabajo, invirtieron tiempo y recursos para poner en condiciones una cancha que hacía años estaba en desuso y sobre todo se construyeron vínculos, se afianzaron relaciones humanas valiosas y necesarias para la vida en comunidad. Había que construir confianza entre estos jóvenes melenudos, que andaban siempre en grupo, que vestían de manera extraña, que disfrutaban de las fiestas, del vino, del asado,  que se reían mucho y los habitantes de este pueblo que por mucho tiempo se sintió un poco aislado, olvidado por los que toman decisiones.

Fue posible construir vínculos fuertes de afecto, colaboración, amistad, vínculos que se forjaron en el respeto, en el compartir comidas, trabajos, conocimientos. Así, se apropiaron poco a poco de este pueblo, de esa tierra prometida, y San Eduardo tuvo cuerpo, alma y nombres propios inolvidables.

El paso del tiempo generó una mirada más benévola y amigable, el tiempo todo lo cura y además la experiencia como tal, ha dejado de existir. Desaparecieron los cuestionamientos, la estigmatización, los señalamientos, los calificativos: VAGOS, PUTOS, COMUNISTAS, DROGADICTOS. No es el propósito de Marcelo, ni de quienes recuperaron su propia historia con la institución, y mucho menos el mío, romantizar el impacto que los hechos producían en esta sociedad tan envuelta en la solemnidad, tan seria, tan apática, tan prolija. Muy por el contrario, somos conscientes de que ese dedo acusador, la mirada censuradora y juzgadora ante lo diferente, lo distinto, lo disruptivo, lo incómodo, lo desobediente, vive y habita entre nosotros y en nosotros. La incomprensión no provenía solo del afuera, era difícil explicar en el interior de las familias.

¿Por qué estoy acá?

No fue fácil decidir qué contar en esta presentación a la que fui tan gentilmente invitada, entre otras cosas porque no fui protagonista, por lo menos de manera directa, de esta historia, pero leer este libro fue un viaje hacia mi propia historia de militancia, hacia mi propia juventud, hacia los dorados 80.

Agradezco muchísimo que me hayas invitado a presentar esta obra de la que alguna vez hablamos, nos conocemos hace muchos años, conozco a Gaby, tu compañera y a tus hijos. Fue muy especial haber preparado esta presentación no solo por el libro en si mismo, que deseo se convierta en fuente de una historia cultural de Venado Tuerto y la zona que todavía nos debemos, sino, también porque se realiza en el pueblo donde pasé mi infancia, en el que viví hasta los 18 años, en las instalaciones del Club en el que mi padre y mis tíos tuvieron participación institucional; y donde, junto a los amigos de aquellos años pasábamos las tardes y las noches de verano.

Iba a la Biblio a participar de alguna peña, alguna clase en la Facultad Libre, alguna cena organizada por no recuerdo qué causas; vine alguna vez a ver fútbol, a la Cancha de Los Andes, con compañeras de militancia, con las que construimos amistad duradera; nos cruzamos en ese camino polvoriento más de una vez con el Ulises. Quienes fuimos jóvenes en los 80, en Venado no podemos ser indiferentes a una experiencia que hoy se nos antoja irrepetible, tan irrepetible como el entusiasmo por la recuperación democrática. Era imposible ser joven y no estar vinculado de alguna manera a la Biblio, por ahí pasaba la diversión, la lectura, el encuentro con otros saberes, la creatividad, la cultura. Fui testigo periférico, compartimos un espacio y un tiempo atravesado por las militancias.

Toda época tiene sonidos, colores, formas, lugares, toda época tiene una ESTÉTICA y un lenguaje, que le son propios, al leer el libro resuenan esos sonidos; aparecen esas imágenes, esos lugares conocidos por aquellos que vivimos los 80, en esa ciudad de la pampa húmeda, en la que era posible vagar por las calles, deambular con o sin rumbo, abiertos a todas las experiencias que se presentaran, en cualquier momento; solos o en grupo.  Encontrarse en la calle, saludarse, compartir una cerveza, seguir caminado, volverse a encontrar.

Hoy volvieron por unas horas las malas costumbres, hoy la vida ataca los molinos, hoy nuevamente estamos de acuerdo con la vida, hoy las redes sociales, inexistentes en los 80 se poblaron de imágenes y palabras de agradecimiento, ¡gracias! por ustedes amamos tanto las letras como el fútbol, expresó alguien por ahí.

Comparto, para concluir, las palabras de Elsa Pfleiderer: “La Biblio. Transgresora, masculina (fui benévola, de esto no hablamos), futbolera. El Venado la enfocó con su único ojo ¡jugaban al fútbol, estaban tergiversando la lógica de las bibliotecas! ¿Ellos? El amor, los libros, las palabras, las ganas de vivir. Sacudían prejuicios y distancias con banderas”. “En la Biblio todo iba de la mano: la fiesta, la alegría, el disparate, pero también las charlas, el psicoanálisis, la filosofía”

Fue el TÁBANO, generadora y cómplice de cambios individuales y colectivos que marcaron a una generación. El lugar hospitalario del que siempre salimos enriquecidos y mejores.

A los que impulsaron esta historia que hoy contamos y seguramente a muchos de los que estamos de acuerdo con la vida “NOS dijeron que era imposible. FUIMOS y lo HICIMOS.”

*este texto fue leído por su autora en la presentación de La Biblio, esa historia en San Eduardo.


Nació en San Eduardo, donde vivió hasta los 18 años. Desde los años 80 vive en Venado Tuerto. Profesora en Castellano, Literatura e Historia. Se desempeña como docente en el I.SP.I.N° 9145 “Católico de Enseñanza Superior”. Participa en la Comisión del Archivo Histórico Digital de Venado Tuerto.



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