LA REVOLUCIÓN DEL AUTOAMOR

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En las noticias, en los grupos de WhatsApp, en las redes sociales. Todes hablando de lo porquería de la cuarentena, de los planes rotos y los proyectos postergados. Ni que hablar de los muertos y quienes perdieron su trabajo.

Y te encontrás ahí, sentada, en una computadora de escritorio y en pijama gastado, mandando CV a cuatro manos. LinkedIn: 358 postulaciones por día, y nada ¿Alguien que conozca a una persona que consiguió un trabajo gracias a LinkedIn? Que avise y esté chequeado, por favor.

Y de repente… ¡Sí! Un mail de LinkedIn. Lo abrís con entusiasmo y, por qué no, esperanza: “Felicita a Gastón por su nuevo puesto en”… Andate a la yuta de tu padre, Gastón. Ojalá que te digan que fue una equivocación. 

Cinco de la tarde, tenés el pijama como velcro y piel, el pelo en cualquiera y la boca pastosa. Y sí, ha llegado el momento. A darle una chusmeadita al Instagram. No sabes bien qué es lo que buscas o qué carajos te va a aportar, pero ahí está tu dedito en modo automático deslizando y deslizando. Y así es como tranqui y de movida te llegan hasta la pupila una serie infinita de mensajes de luz y evolución espiritual. Toda una data que te hace olvidar por un rato que este sistema nos está apretando como una máquina de exprimir naranjas y ya no hay más jugo, pero sigue y sigue. No hay bálsamo más efectivo.

Soltá, dejá ir, mirá hacia tu interior, si no te amás vos nadie te va a amar, vos tenes todas las respuestas, querete y aceptate tal cual sos, sé más amorosx con vos mismx, Marte entró en Aries así que metele quinta a fondo a tus sueños, animate a dar el salto al vacío frente a lo nuevo, sos vibración y energía, después de una muerte viene un nacimiento y una nueva transformación, somos luz y magia, hay que habitar el presente, lo que es para vos te encuentra, el destino siempre se encarga de poner las cosas en su lugar, etc., etc., etc. Ante toda esta sutileza, terminás meciéndote en la cama, rodillas flexionadas y mirando un punto fijo.

Parece que me estoy quejando. En parte sí, aunque prefiero llamarle reflexión. Reflexión desde una persona que medita, que se hizo interpretar su carta astral, que biodecodificó, que lee los tránsitos astrales de la quincena de cada mes, que chequea la energía presente en cada luna llena y que lee cada frase espiritual y motivacional que el algoritmo de Instagram le ofrece. Reflexiones desde una persona que consume hace casi dos años astrología y todo tipo de perfiles en redes sociales que, amén de la carrera latente hacia conseguir seguidores, dejan un mensaje piola, pero de doble filo: amor propio, descubrimiento del ser y del yo, individuación y despertar espiritual.

Como consecuencia de esta catarbada de mensajes comencé a replantearme seriamente esta cuestión de tener que amarme ¿Cómo hago? ¿Es un botoncito que se enciende así, sin más? ¿Es un interruptor que encontraré cuando devele capas y capas de ego? ¿Cuando sienta que soy suficiente, cuando al fin entienda que no necesito de nadie para ser feliz, sino que la felicidad me la puedo dar yo misma? Che, pensándolo así, no está tan mal. Digamos que puedo producir amor propio más allá de cualquier contingencia del entorno.  

Después de meses y meses de buscar el interruptor, empecé con esas malditas preguntas que vienen a cagarte todo cuando ya te habías (habían) convencido de que estabas ante la posible solución, no de todos, sino de gran parte de tus problemas ¿Realmente nadie me va a amar si no me amo a mí misma? ¿No todes merecemos amor? ¿Será el amor propio un pre requisito para el merecimiento del amor? ¿Es verdad que no necesitamos de nadie para ser felices? ¿Somos así de autosuficientes? ¿No es en el vínculo con otres que construimos nuestra autovaloración e identidad (más allá de opiniones y visiones de mundo)? ¿Por qué (casi) ningún astrólogo ni gurú espiritual habla de la importancia del plano de lo social y vincular como instancia igual de importante a los procesos “individuales”? Solo vos podés salvarte, escuché decir.

Hablar de lo colectivo y relacional es prácticamente hablar de lo que nos desarrolla como seres humanos. Pensarnos como entes autónomos e independientes de los lazos vinculares, de las redes de contención, construye inequívocamente un mandato de autosuficiencia que genera una presión y una culpa que no es posible de acarrear sin quedar a mitad de camino ¿Y si no llego a amarme lo suficiente? ¿Y si necesito de lazos afectivos porque siento que no puedo solx? ¿Me puedo permitir necesitar de un otre sin culpa, sin sentirme débil? ¿Y si estoy rota, nadie me va a amar? Lo que ocurre es que “hasta que no sepas quién sos, hacia dónde vas, qué traumas arrastrás, y hasta que no te ames en cuerpo y alma no vas a relacionarte con otres sanamente”, según auguran.  

Pero avancemos. El camino individual de autoconocimiento y evolución es una instancia por demás positiva, pero, como dicen, “una cosa no quita a la otra”. Son pocos lxs astrólogxs e influencers del empoderamiento espiritual que marcan la conexión entre el despertar de la conciencia y la articulación colectiva. Lo que sería, sin dudas, un gran recurso desperdiciado ¿Hay en estas visiones arraigadas actualmente un puente derrumbado entre lo individual y lo colectivo/vincular? ¿Será que puedo tratarme mejor, amarme como soy y soltar lo que me ata, pero no olvidarme de que hay un otre? 

¿Debemos confiar en que el destino todo lo acomoda, en que tenemos que ‘soltar’ y dejar todo en sus manos? ¿Será que en ese ‘que fluya’ no estamos entrando en una lógica individualista en donde estamos demasiado ocupadxs encontrando la esencia de nuestro ser que no tenemos tiempo ni energía para mirar para el costado? ¿A quién le rinde que sigamos inmiscuidos cada cual en su proceso de descubrimiento personal?

¿Hay alguna contraposición entre soltar y dejar fluir y la necesaria unión colectiva para pelear por cuestiones que difícilmente lleguen por el simple hecho de confiar en el destino? ¿Cómo se ganan derechos dejándolo fluir? 

¿Será que esta invasión instagramera nos está apartando del foco de la necesaria lucha articulada para lograr esa tal igualdad de oportunidades que difícilmente se dé sola? ¿Lxs sectores marginalizados también tienen que esperar a que la luna entre en Tauro para que mude su realidad? ¿Ellxs tienen carta astral? ¿Por qué no les damos una charla y les decimos que querer es poder y les hablamos de la fuerza de la energía?

Una posible forma de responder a estos planteos podría ser: “Cuando todes seamos seres evolucionadxs, irremediablemente cambiará la sociedad toda”. La idea es buenísima, de verdad, suena increíble. Pero, lamentablemente, es demasiado optimismo para el corto y mediano plazo. Poseída por el plano material, hay personas que ni un millón de años de meditación salvaría.

¿Podría ser el camino espiritual un sendero que nos lleve a una sociedad de seres evolucionados, pero con capacidad crítica y articulación colectiva? ¿Amor propio o conciencia de clase? ¿Son contrapuestas? ¿Se pondrá de moda la segunda? 

Mientras tanto, asistimos al sálvese quien pueda del new age…



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