ME DIJO QUE CALIENTE LA COMIDA Y A CASA NO LLEGÓ NUNCA

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Amiga, ¿llegaste? no me puedo ir a dormir hasta que no me mandes ese mensaje. Compartime la ubicación en tiempo real. No camines esas cuadras de noche. Mejor tomate un taxi. Por las dudas no vuelvas sola. Denuncialo.  Terminá con esa relación. Existe una ley que te va amparar. Andá a la fiscalía, a la comisaría. Pedí una restricción, una exclusión para vos y tus hijes. Pedí que te den el botón antipánico. No lo dejes entrar a tu casa. Que no te viole. Que no te mate.

Ser piba, mujer, lesbiana, travesti, trans es todos los días un acto de supervivencia al patriarcado. Ser Julieta, ser Chiaria, ser Lola, ser Ángeles, ser Micaela y todas las víctimas de este sistema misógino es el hartazgo del símbolo de Ni Una Menos. 

El femicidio de Julieta Delpino desborda la bronca y el agotamiento catártico que aparece en las redes sociales cada vez que sucede una situación como esta. El responsable de este atroz suceso es Cristian Romero. Un joven de 28 años, que la secuestró, violó, apuñaló y luego la enterró en el patio de su casa. Investigándose al día de hoy la complicidad de amigos de esta persona en el asesinato.

Entonces, dolidas y agotadas, nos volvemos a hacer la misma pregunta de siempre: ¿Hasta cuándo?

A pesar de que nunca en la historia tuvimos una conciencia tan amplia sobre las violencias machistas, tampoco nunca estuvimos así de expuestas a la “pedagogía de la crueldad”, afirma Rita Segato. A todos esos actos y prácticas, que enseñan, habitúan y programan a los sujetxs a trasmutar lo vivo y su vitalidad en cosas. El ataque sexual y la explotación sexual de las mujeres son hoy actos de rapiña y consumición del cuerpo que constituye el lenguaje más preciso con que la cosificación de la vida expresa. La crueldad habitual es directamente proporcional a formas de goce narcisista, consumistas y al aislamiento de los ciudadanos mediante su desensibilización y falta de empatía al sufrimiento de lxs otrxs (Segato, 2018, p.13). 

En Argentina, se abre una brecha entre la cantidad de normativas de protección existentes y el insuficiente presupuesto, los pocos esfuerzos estatales y la escasa educación en perspectiva de género en las instituciones desde que la violencia machista se volvió un tema de conversación cotidiano.

¿Alguna vez te preguntaste por qué existe la violencia de género?  Existe porque nos la enseñaron y se arraigan en los discursos, en los cuerpos y en las instituciones.

Nos enseñaron que el amor es la construcción de vínculos tóxicos. Atravesados por celos, posesión y maltrato.  Nos educaron sin comprender lo que es el consentimiento y la gran mayoría de los casos de violencia de género arrancan cuando la mujer dice NO. Justamente porque ese NO, muestra la estructura ideológica del “macho”, aquello que hace pensar al hombre que, si él no puede demostrar su virilidad, no es persona. Está tan comprometida la humanidad del sujeto masculino por su virilidad que no se ve pudiendo ser persona digna de respeto, si no tiene el atributo de algún tipo de potencia. Desde este aspecto individual, para Segato “el mandato de masculinidad obliga al hombre a comprobar, a espectacularizar, a mostrar a los otros hombres para que lo titulen como alguien merecedor de esta posición masculina: necesita exhibir potencia”. ¿Recuerdan situaciones de sus vidas o de algún primo, hermano o amigo donde hayan puesto en duda su masculinidad y que ante esa presión hayan tenido que “demostrar” que sí lo eran?

La masculinidad hegemónica, como la violencia de género, se enseña, se reproduce y se aprende. De niñes y adolescentes fuimos adoptando comportamientos que nos marcaban qué teníamos que pensar, sentir y expresar. Cómo comportarnos ante las adversidades. Fueron mensajes, mandatos y estereotipos de género que incorporamos desde que nacimos y a lo largo de nuestras vidas. Frases tan comunes como: “te quejás como una nena”, “sos un cagón”, “no lo hagas que eso es de mujer” “dale putito, sé un hombre de verdad”.

¿Qué llevó a los amigues de Cristian Romero a ser cómplices del brutal asesinato de Julieta? 

En estos discursos encontramos al hombre que pensó la organización social de las sociedades modernas.  Junto con el patriarcado fundaron la opresión y maltrato contra las mujeres. Federic Engels nos habla de un estado promiscuo, donde la humanidad pasó, con el descubrimiento o la invención de la propiedad privada, a la falocracia que convierte a los varones en poseedores de cosas y mujeres, mientras las mujeres ocupamos el rol de posesiones, y debemos ser felices por ello. Controlar la propiedad privada llevó inevitablemente al control de la sexualidad femenina. La propiedad privada condujo a “la derrota histórica mundial del sexo femenino”.

Se puede pensar entonces, que, desde la existencia de división de clases sociales, la especie humana genera sistemas de poder tan inequitativos entre géneros, que concibe a las mujeres como seres suprimibles o carentes de dignidad humana.

La posesión de los cuerpos de las mujeres por hombres, son rasgos comunes en una sociedad que repite cotidianamente prácticas patriarcales. 

El femicidio de Julieta, una vez más tiene que ver con la forma extrema de terrorismo sexista, impulsado por un sentido de posesión y control de los hombres a mujeres. Reconocer su existencia, permite organizar conocimiento y prácticas sociales para comprender, apoyar la exclusión psicológica y social de las destinatarias de esa violencia. 

El extremo más atroz de la violencia de género es el femicidio. Éste expresa de forma dramática la desigualdad entre varón y mujer. Muestra un extremo dominio, vulnerabilidad social e impunidad. Las causas de estos asesinatos no tienen que ver con una “patología mental” de los agresores que tan cotidianamente solemos escuchar. Sino del satus social de las víctimas. 

¿Y si arrancamos por sentarnos con nuestrxs hijos, hijas e hijes para conversar sobre sus miedos e inseguridades? ¿Tus hijxs saben lo que es la violencia de género? 

¿Qué tipo de educación impulsamos? ¿La del odio y desigualdad de derechos? ¿O una educación que genere empatía por el otro y respete la diversidad?

¿Si empezamos a comprender que la Educación sexual integral en las escuelas es fundamental para que los niñes y adolescentes comprendan el concepto de consentimiento? 

¿No sería un buen momento para charlar con nuestro grupo de amigues y empezar a hacernos autocríticas y reconocer que los mandatos de masculinidad tan arraigados pueden llegar a matar? Sí, a matar, eso es lo que hace el Patriarcado.

¿Cuántas veces justificaste un hecho por el alcohol o la droga que consumiste? ¿Cuántas veces saliste a un boliche con la idea de que tenías que “levantar” algo y acosabas a cuál piba se te cruzaba? 

Es difícil, cuando estamos todavía atravesadxs por preguntas, trazar una estrategia para reemplazar ese orden jerárquico entre sexos por uno más horizontal. Pero aún sin una estrategia clara, algo se mueve en el sentido opuesto al patriarcado. Un malestar general convive con un despertar.

Hoy las mujeres podemos tomar decisiones y aspirar a muchos tipos de poder. Pero en lo privado, que es donde el patriarcado se arraiga, y donde muchas veces somos esclavas, millones de mujeres siguen pagando con sus vidas.

Claro que las inalcanzables marchas del movimiento de Ni Una Menos no alcanzan para visibilizar que todos los días matan a una mujer en Argentina.  Tampoco es suficiente con enojarnos, con llenarnos de bronca y hacer catarsis.

Necesitamos un Estado, una sociedad que esté presente. Que nos eduque con las herramientas necesarias para erradicar cualquier tipo de violencia. Necesitamos como medida urgente del Gobierno, la declaración de la emergencia nacional en violencia contra las mujeres. 

Marcela Lagarde definió: “la inexistencia o debilidad del Estado de derecho, en la cual se reproduce la violencia sin límite y los asesinatos sin castigo” para que estos crímenes se extiendan en el tiempo. Por eso, para diferenciar los términos, prefirió la voz feminicidio y así́ denominar el conjunto de delitos de lesa humanidad que contienen los crímenes, los secuestros y las desapariciones de niñas y mujeres en un cuadro de colapso institucional. Se trata de una fractura del estado de derecho que favorece la impunidad. Por ello afirma que el feminicidio es un crimen de Estado.

Las responsabilidades institucionales y políticas —más allá de los responsables materiales— deben ser investigadas, criticadas y reformuladas de una vez por todas. La educación con perspectiva de género es una herramienta para el desarrollo de una conciencia crítica dirigida a la promoción del cambio social.

En Argentina hay muchas cosas por cambiar. Pero una de las medidas urgentes es que dejen de morir mujeres, lesbianas, trans y travestis asesinadas por el Patriarcado.

Por vos, Julieta y por todas las pibas que hoy no pueden gritar Ni Una Menos Vivas Nos queremos, venceremos todas las luchas y haremos justicia.


Fuentes bibliográficas:

Halberstam, Judith (s/f) Masculinidad femenina. 
Méndez Bonino, Luis (2002) Masculinidad hegemónica e identidad masculina. 
Segato, Rita (2016) “Pedagogía de la crueldad en un mundo de dueños”
Marcela, Lagarde (2006), “Del Femicidio al feminicidio”
Friedrich Engels (1820-1895), El origen de la familia, la propiedad privada y el estado



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Maira Lignetti
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Militante y referente estudiantil. Ayudante de cátedra de Salud Mental y Salud pública en la Facultad de Psicología UNR. Referente de la Campaña por la Declaración de la Emergencia en Violencia contra las Mujeres.

3 Respuestas

  1. Avatar
    Cristina Museca
    | Responder

    Excelente. Expresión clara y doliente sobre una realidad cruel que nos aqueja a la mayoría de las mujeres. Felicitaciones Maira!

  2. Avatar
    laura elisa delmonte
    | Responder

    Excelente maira!! Este escrito tiene muy en cuenta su destino: la pibada.
    Y un objetivo muy interesante y un nuevo deber para las luchadoras: desentrañar la complici d ad del estado en los femicidios ( feminicidio)abrazo colega!

  3. Avatar
    Gaston
    | Responder

    Muy bueno!!!

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