MUNICIPALISMO: REINVENTAR LA POLÍTICA DESDE LAS CIUDADES

con 6 comentarios

Hacer una lectura política quiere decir contextualizarla en la ciudad, en la teoría de la ciudad en el sentido más amplio.

David Viñas

La cuestión de qué tipo de ciudades queremos no puede separarse de qué tipo de personas queremos ser, el tipo de relaciones sociales que pretendemos y las relaciones con las naturaleza que apreciamos.

David Harvey

En épocas de emergencia climática y de creciente desigualdad social, con un mundo nunca tan tecnologizado y a la vez tan fragmentado, la capacidad de la política para abordar estas múltiples crisis necesariamente debe contar con altas dosis de innovación, si quiere dar respuestas y también imaginar nuevos horizontes.

Llamativamente, la crisis humanitaria que genera el neoliberalismo convive con una profunda desorientación de los espacios de izquierda y centro-izquierda, incapacitados hace ya largo tiempo de pensar una nueva radicalidad que permee en la sociedad.  Aunque este impasse no sólo golpea dichos sectores, sino al amplio abanico de la política tradicional acosada por la falta de respuestas y su propia torpeza para generar nuevas ideas y modelos de organización necesarios para dar cuenta de la insatisfacción ciudadana.

La política se aleja de la gente. La desconfianza hacia las instituciones aumenta y las ganas movilizantes de participación disminuyen. Ese vacío que se genera, como en todos los ámbitos, alguien lo ocupa.  Al bastardeo neoliberal de las instituciones democráticas lo vienen a saldar expresiones postfacistas, al decir de Enzo Traverso, que logran canalizar y articular un conjunto de demandas sociales mediante el odio, el racismo y la xenofobia.

Ante este escenario desolador, surge un nuevo movimiento cargado de enunciados y acciones distintas: toma fuerza el municipalismo.

De qué no hablamos cuando hablamos de municipalismo

El concepto, al igual que otros, se ha convertido en un amuleto político, utilizándolo irresponsablemente diversos actores que poco tienen que ver con nuestra consideración de municipalismo.

Evidentemente queda claro que no todxs hablamos de lo mismo cuando hacemos referencia a él.  Por lo tanto, me parece un buen punto de partida despejar ciertas interpretaciones.

La primera es lo que podríamos considerar municipalismo administrativo o geográfico, entendiendo la realidad política a partir de un límite jurisdiccional.  El problema está, evidentemente, en que no todo lo municipal es municipalista, aunque a algunos les interese confundir ambos términos. Lo local por lo local mismo, no da cuenta de nuevas formas de construcción política.

En segundo término, lo que podríamos denominar un municipalismo ingenuo, proveniente de teóricos anarquistas, que piensan las ciudades y sus formas organizativas con posturas en relación a la libertad y la extinción de instituciones representativas, totalmente idealizadas. Esta interpretación quimérica se traduce en un sinfín de discusiones teóricas, que no tienen el menor interés para el grueso de la gente y condena al municipalismo a su peor suerte posible: un experimento elitista al margen de sus pobladores.

La tercera y última de las acepciones erróneas  es la del municipalismo burocrático. Los poderes ejecutivos avanzan en políticas efectistas con una imagen progresista pero sin trascendencia real. Gestionan recursos del modo más eficiente posible para que la gente “viva mejor”; así, en abstracto. En fin: valorizan el rol de las ciudades, pero para ofrecerlas como espacios cómodos, amables, sin conflictos y en la medida de lo posible, sin mucho debate político.

Para impulsar un nuevo tipo de municipalismo, transformador, debemos entender y explicar, que esto no es cualquier cosa que pase en nuestras ciudades, pero tampoco es una quimera irrealizable ni una simple gestión escrupulosa de las competencias locales. Pero entonces, ¿Qué es el municipalismo?

La democracia necesita imaginación

La apuesta por un municipalismo transformador, es la capacidad de crear y enraizar una nueva cultura política democrática. Considerando como punto de arranque, vía prefiguración, pero también como punto de llegada o de horizonte deseado, avanzar en formas de auto-organización, de autodeterminación para ir generando embriones de nueva democracia.

No se trata de desconocer la democracia representativa, sino complementarla con innovadoras formas de democracia directa como también de expresiones de democracia comunitaria que fomente el autogobierno.

Como dice uno de los intelectuales más lúcidos de nuestro tiempo, Álvaro García Linera, no se trata de estatizar lo social, sino socializar el estado, para de esa manera construir un poder múltiple y diverso, donde cada uno mande en su territorio así mandamos todxs.

El desafío político, es multiplicar las instancias de participación ciudadana y del protagonismo popular. No sólo porque es una transferencia de poder y empoderamiento social continuo, sino porque en esas instancias se puede fomentar y trabajar sobre vínculos de nuevo tipo: en base a la autonomía, horizontalidad, solidaridad y cooperación. 

La autonomía es clave para generar procesos con y para quienes quieren ser protagonistas, organizándose a partir del territorio que habitan y decidiendo sobre sus propios destinos.

Cuando hablamos de horizontalidad, hacemos referencia a una forma organizacional que trabaja desde la responsabilidad y la confianza militante, generando protagonismo colectivo y espacios plurales en la toma de decisiones.

En ese hacer, en ese conjunto de prácticas y acciones concretas, se imaginan formas de vida contrahegemónicas, promoviendo relaciones sociales alternativas al proyecto neoliberal: solidarias y cooperativas.

Como se explica, la sociedad civil es el lugar táctico para el desarrollo de municipalismo, apelando a interpelar a la sociedad toda y por ese mismo motivo, los sujetos políticos de cambio son los movimientos sociales.

Pero utilizando la historia como saber instrumental, los movimientos  no pueden contentarse con construir desde afuera de las instituciones y sólo impugnar las opciones tradicionales, sino avanzar en síntesis políticas entre movimientos y partido para desarrollar instrumentos políticos de nuevo tipo, que construyan poder popular pero también que den la pelea en las instituciones. La forma de hacer eso no es dejando de ser movimiento para ser partido, sino hacer un partido de movimiento, una ampliación de la potencia del movimiento desplegada en la esfera estatal.

Un municipalismo transformador debe construir desde los territorios hacia las instituciones,  acelerando los procesos sociales y abonando al desarrollo de lo que sucede en la calle, mientras que en las instituciones no debe tener pretensiones de representar sino más bien expresar los emergentes de la sociedad, conformando un entramado de experiencias concretas que se vinculan de manera multidireccional, para potenciar desde abajo una propuesta política transformadora.

Prefigurar nuevas formas de vida en la sociedad y desbordar las estructuras institucionales existentes vinculando el adentro y el afuera, es el desafío. No errar en diagnósticos entre fines y medios también es importante.  Tener un lugar en las instituciones estatales, no es un fin sino un medio, para distribuir poder, para aumentar las condiciones de empoderamiento de la gente y ensayar, implementar y proponer estrategias y darle otra forma e intensidad a la democracia. 

 Para ello la clase política debe perder privilegios y la ciudadanía ganar autonomía y potestades para decidir sobre los asuntos comunes,  ganar presencia en la calle, crear espacios de debate, impulsar nuevas iniciativas, dar lugar  a todas las personas y grupos que apuesten por un modelo de ciudad más justo. Solamente en la medida en que consigamos todo esto tendrá sentido tener también a una o varias personas que ejerzan como amplificadores dentro de las instituciones.

En síntesis, hay que disputar las ciudades  y desde ahí reinventar la política para refundar la democracia. Y cuidado, no se trata de cambiar una sola ciudad o ser localista, sino como dice el sociólogo francés Henri Lefebvre: cambiar todas las ciudades para cambiar el mundo.

Momentos de abrir nuevos horizontes

Resulta difícil teorizar en qué lugar nos encontraremos después de la actual crisis. Pero parecería  que el COVID-19 dejó algunas cosas en evidencia, como la interdependencia de las personas, que nuestras acciones al vivir en sociedad inevitablemente repercuten sobre el resto, que la empatía y la solidaridad son fundamentales y que cuando nos aislamos, añoramos el encuentro.

Raramente ocurre que el grado cero de la política coincide con el de la escritura. Pero tal  vez el estilo de vida neoliberal entre en un desmoramiento y se abra una ventana de oportunidad para disputar el sentido hegemónico de qué tipo de sociedad e instituciones queremos. 

Probablemente peque de ingenuo y más que análisis político sea expresión de deseo, pero puede que sea el momento de salir a abrazar formas de vida en base a la participación, la autogestión y las construcciones colectivas, reconstruir el tejido social que hace tiempo viene dañado y esto sin dudas profundizara sus heridas. Y ese lugar, es desde las ciudades.

Rompamos con las tradiciones viciadas y abramos nuevos horizontes, evitemos el eterno retorno  con proyectos políticos que se corran de lo normado para apostar por hipótesis innovadoras y arriesgadas.  No hay que refugiarse  en hacer una y otra vez lo acostumbrado.

Una vez más Simón Rodríguez tiene razón: “Inventamos o erramos”.



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Bruno Taddía
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Nació en Venado Tuerto (1996). Estudiante avanzado de la Licenciatura en Ciencia Política de la UNR, orientación análisis político. Además es estudiante de la Licenciatura en Economía, también de la UNR.

Actualmente trabaja como asesor en la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Fe, siendo participe del joven instrumento político de nuevo tipo, Ciudad Futura. Su militancia como también su producción académica, atravesadas por la crisis de representación política, se orientan a problematizar y habitar experiencias emergentes que amplían el terreno de “lo político”, inaugurando campos experimentales de prácticas políticas originales en relación con la democracia y sus instituciones.

6 Respuestas

  1. Avatar
    Omar panza Majul
    | Responder

    Exelente .

  2. Avatar
    Jose B.
    | Responder

    “Un municipalismo transformador debe construir desde los territorios hacia las instituciones” destaco esa frase como punto a seguir. Muy bueno.

  3. Avatar
    Monica
    | Responder

    Al leer este excelente articulo, mi mente se fue para el lado de la humanidad, quizá porque me encantaría un análisis sobre ello.
    En estos momentos de aislamiento, desasosiego, incertidumbre, ansiedad, desvelo y demás sinónimos que se les ocurra, a mi me parece que surge lo verdadero, lo real, lo auténtico de cada uno de los seres humanos; lo que decimos que somos, lo que decimos que hacemos, lo que decimos que sentimos , pero…………. resulta que parecería que nada es como decíamos ni como sentíamos, ni lo que decíamos que hacíamos.
    Capaz suena como trabalenguas, pero es mas sencillo que eso, creo que seremos mas reales y capaz nos animamos a romper reglas establecidas, patear el tablero y empezar de nuevo mas verdaderos.

  4. Avatar
    Manuel Herbas
    | Responder

    Interesante artículo.
    Un poco profuso en deseos, pero con poca sustancia práctica.
    Creo que la democracia burguesa es necesariamente representativa y delegativa, y desde ahí en adelante todo está mal.
    Y cuando Bruno habla de neoliberalismo, también sería más generoso, y hablaría de capitalismo.
    Es evidente que el joven capitalismo (Debe tener unos doscientos años…) ha fracasado como sistema económico y político. Mucho antes de la pandemia. Sus consecuencias devastadoras para la humanidad son explícitas.
    Pero no me quiero ir del tema: El municipalismo.
    Mientras la autonomía municipal no sea plena, y además, se ejercite, todo puede quedar reducido a una discusión de café, que en general, debido a nuestra formación mayoritariamente fascista, concluye saldándose con el predominio de quien grita más fuerte.
    Pero para que una autonomía sea plena, primero debe ser reconocida constitucionalmente. Hecha ley por un Congreso provincial, conformado por políticos nacidos y criados burgueses.
    El camino es largo…
    Por lo demás, soy un convencido que una forma razonable de comenzar a ganar desde el territorio, es imponiendo la elección de Concejales a razón de uno por barrio, y no por cantidad de habitantes.
    Como el escrito del artículo, son ideas..

  5. Avatar
    Facundo
    | Responder

    Ya armen la maldita huerta

  6. Avatar
    Marcelo Boyle
    | Responder

    Muy buen artículo, excelente la conjugación de ideas con los aportes de Harvey, García Linera y Lefebvre.
    Me parece interesante pensar y articular formas para interpelar a toda la sociedad y que ella participe de forma activa.
    Ideas como el presupuesto participativo, que aplican algunas ciudades de latinoamerica podría ir en esa dirección, pero como decís, la democracia necesita imaginación.
    Abrazo

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