PEQUEÑA SEMBLANZA DE UN DIVULGADOR CULTURAL

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A fines de los setenta y principio de los ochenta Juan Carlos de las Mercedes Pla
Giovanni era un muchacho de barrio con inquietudes y un par de berretines: las minas y ser considerado un escritor. Para ambos se valía de las mismas armas.
El Tigre Pla, como le decían, porque siempre estaba al acecho, tenía un método casi invariable, aplicado tanto en el barrio como en sus incursiones por el centro,
particularmente en las peñas, donde podían encontrarse señoritas con inquietudes e incipiente acercamiento a las izquierdas. Luego de la primera aproximación, corta o larga, en el segundo encuentro se aparecía con un texto de Neruda o Benedetti confeccionado de puño y letra, con caligrafía muy prolija, declarando que él lo había escrito especialmente para la ninfa elegida.
Un día se encontraba con Griselda, con una dedicatoria que rezaba: “Para Griselda, con quién conocí el amor”. Y se despachaba con frases tales como “porque eres linda desde el pie hasta el alma… porque eres dulce”.
Otra vez la agraciada era Mirtha, con una ofrenda que decía: “Para Mirtha que siempre estará en mi corazón”. Y escribía: “Como todas las cosas están llenas de mi alma, emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía”.
Así, una vez Griselda, otra Mirtha, Norma y tantas otras cayeron bajo las garras del Tigre Pla que gozaba de un éxito superior a la media. Sin embargo, no puede obviarse que también experimentaba el rechazo de sus presas cuando estas descubrían que en su vida había otra u otras.
Aunque parezca ocioso, es menester aclarar que en aquella época no había internet ni celulares y la igualdad de género era casi una utopía, abordada en escasos cenáculos. Todo ello le permitía al audaz Juan Carlos sus andanzas amorosas cuanto las literarias.
Algunos sostienen que es altamente probable que se encontrara con chicas de poca lectura. Más aún, el propio Pla, que se había adicionado el apellido materno Giovanni para darse corte, tampoco había leído mucho. Lo dicho, las fotocopias de algunos poemas de Benedetti y de Neruda, entreverado con algún apócrifo y unos tres libros cuyos autores no revelaba.
A la gimnasia adquirida en el copiado, Pla le fue agregando algo de su cosecha. Así fueron apareciendo sus propias construcciones poéticas, con retazos de Benedetti o Neruda y algo del aspirante a escritor. Como muestra, una de sus obras comenzaba así:
“Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: En el cielo las estrellas, en el campo las espinas y en el medio de mi pecho, estas vos Cristina”.
Una suerte de euforia literaria iba creciendo en Juan Carlos de las Mercedes. Esto lo llevó, con algunos de sus seguidores, no más de tres, a editar una revista de cultura, como ellos la llamaban. Para la aventura editorial contaron con el mimeógrafo prestado por Ludovico Azaro, quien, a su hora, lo había usado para imprimir las boletas del PRODE clandestino barrial.
La revista, cuyo nombre nadie recuerda, tenía seis páginas en tamaño pequeño, de las cuales cuatro estaban dedicadas a los avisos de los comercios barriales a los que habían pedido, con algo de rigor, un aporte que denominaron voluntario. Lamentablemente sólo alcanzaron a editar el número uno.
En ese entonces también organizaban recitales de poesía donde Amor Martínez, uno de los seguidores, y el propio Pla Giovanni leían sus poemas.
En el momento de mayor apogeo Juan Carlos de las Mercedes llegó a presidir la
Comisión de Cultura del afamado Club Leña y Leña, cuya actividad principal era el apasionante deporte de las bochas, sin desdeñar el casín.
El pasar de los años, la llegada de internet y otros avances, fueron menguando sus éxitos entre las mujeres, aunque siguió empeñado en su actividad literaria. Tan es así que, en plena crisis del 2001, en tiempos que otros recurrían al trueque y artilugios varios para sobrevivir, Pla decidió, observando a otros, llevar adelante un taller literario al que denominó sin ambages “Copie y Pegue”. Sin ahondar demasiado, podríamos decir que no fue un éxito. Nunca logró reunir más de dos asistentes a sus clases.
La malograda incursión en el ámbito de la enseñanza de las letras no lo hizo cejar en su intento. Por eso, hasta decidió cambiarle el nombre a su emprendimiento al que bautizó como “No haga leña del árbol caído”. Tampoco dio resultado. En esta segunda etapa, nunca concurrió más de una persona a sus clases. En algunas, sólo él y el perro callejero al que llamaban “León”.
Poco tiempo atrás, con sesenta y tantos años, bordeando los setenta según algunos, Pla Giovanni, comentaba a contertulios incrédulos su otrora etapa gloriosa de galán y expresaba amargamente que se consideraba un escritor injustamente olvidado. Hasta que un día apareció Mirtha, de regreso, y delante de todos los parroquianos del bar donde paraba nuestro literato, desenmascaró las viejas andanzas setentistas de Juan Carlos, lo puso en evidencia, lo instó a deconstruirse, en fin, le cantó las cuarenta. Ese día emprendió la retirada, se fue a su guarida y nunca más volvió a ese cafetín.

Se fue recluyendo cada día más y se volcó a la lectura de autoayuda. Entre sus escritores preferidos podemos citar a Jorge Bucay, Paulo Coelho y Claudio María Domínguez. Es dable destacar que en ese terreno no pudo concluir con la lectura de ningún libro.
Con la llegada de la pandemia del coronavirus y dado que él ya estaba recluido en su casa creyó ver una nueva oportunidad, quizás la tercera, para su taller literario, ahora a través de las redes. Recordó que tiempo atrás había creado en Facebook, única red a la que había tenido acceso, una página a la que había denominado “Literatura Hecha en Casa”. Un visionario, como cualquiera puede colegir.
Raudamente se acercó a la vieja notebook que había canjeado por unos trajes en un trueque en el mal recordado 2001, abrió la mentada red social y comprobó que su vieja página tenía veintidós seguidores o megusteadores. Ello no lo hizo amilanar en su intento. Con presteza se decidió a cambiarle parcialmente el nombre y la llamó “Quedate en casa, la literatura y la escritura te la llevó yo”. Más aún, les sacó unas fotos a los libros de los autores vinculados al esfuerzo propio y enseguida los subió a ese sito.
Así podían verse “El Camino de la felicidad”, “Adulterio”, que le parecía intrigante y lo puso como gancho. También se encontraba “Como vivir mejor”, con las lecciones del muchacho que contestaba preguntas en Odol en los setenta.
Cuando la página parecía terminada y a punto de largarse al ruedo, un amigo que oficiaba de asesor le sugirió que entre los seguidores probablemente hubiese gente con un perfil un tanto más intelectual, a la cual no le agradaría la oferta en la que había pensado Pla Giovanni. Por ello, lo instó a que abra una segunda sección y le propuso el nombre de “El insondable universo de la mente humana”. Claro, los títulos sobre los cuales trabajar serían diferentes en este caso. Le aconsejó algunos. Si bien Juan Carlos de las Mercedes alguna vez había oído hablar de ellos e incluso leído algunas solapas y contratapas, no tenía ninguno en su casa. Tampoco encontró fotos en internet porque esta no funcionaba como hubiese sido deseable (nuestro escriba no había podido pasar
de un mega de velocidad, los ingresos escaseaban). Así que lo llamó a su amigo Carlos Catedra y le pidió unas fotos para ilustrar esta sección. Parecía que ello no podía resolverse, aunque una velocidad inesperada de internet permitió que se las enviara por correo electrónico a juancarlosdelasmercedesplagiovanniescritor@hotmail.com. A cuenta del título elegido para la sección le envió “Crimen y Castigo”, de Fedor
Dostoievsky, “Los siete Locos”, de Roberto Arlt, “Cien Años de Soledad”, de Gabriel García Márquez y no podía faltar “La Peste”, de Albert Camus. Hubo otros, pero Pla los desechó ya que le parecían demasiados.

En definitiva, nuestro literato organizó dos talleres virtuales, a uno hubo de llamarlo “Quedate en casa, la literatura te ayuda” y al otro “Dejate llevar por la escritura y coroná a la peste”. Debajo de cada título colocó una frase. Al primero, una del pensador televisivo Claudio María Domínguez: “Creamos nuestra experiencia con nuestros pensamientos y creencias. Seamos libres internamente y elijamos con cuidado nuestras creencias, ya que lo que creemos, creamos”. En el segundo, como no disponía de los elementos necesarios la armó con retazos de lo que le parecía haber leído o escuchado. Decía así: “Yo te explico que Rodion Raskolnikof cumplió con el castigo por su crimen (ni Dostoievsky lo hizo) y porque Jorge Luis Borges no escribió una novela (ni María Kodama que lo llevaba al baño como ciego a mear, te lo puede decir)”. Con ese bagaje se lanzó al ruedo Juan Carlos de las Mercedes. Esperó pacientemente algún comentario, un pedido sobre el costo, algún me gusta. Pasaron un par de días y nada. Ni en el uno ni en el otro. Ello lo decidió a pedirle nuevos consejos a su amigo Carlos Catedra. Este módico intelectual, con algunas lecturas más que Juan Carlos, le sugirió un par de máximas, parafraseando algunos de los textos cuyas fotos le había enviado. Así una decía “No dejes que las ratas aniden en tu cabeza” (una supuesta alegoría de “La Peste”, de Camus) y otra “La cuarentena es eficaz, volvé a lo broli, volvé, no te preocupes por la inútil costumbre de dormir” (recordando a su modo la peste del insomnio en “Cien años de soledad”, de García Márquez). Ambas fueron subidas a los publicitados talleres de nuestro escritor. Recién como a la semana le llegó una advertencia de Facebook que decía algo así como “Déjate de joder y andá a laburar”. Aunque no le resultó creíble ya que parecía obra de algún chistoso que había conseguido el logo de la red social, Pla Giovanni desistió de continuar con su nuevo emprendimiento en atención a su escasa, más bien nula convocatoria. Así fue que comenzó a pensar en otras alternativas en rubros diferentes, una de ellas sobre algo que le había enseñado su madre, “Como hacer leche con maizena”. Después escuchó por ahí que se recomendaba el sexo virtual y la masturbación para evitar contagios. Esto lo llevó a imaginar un taller al que llamaría elegantemente “Con tus propias manos”. Con varios sub títulos, tales como “La paja no es como el trigo”, “Hay quienes ven la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio”, “Más turbados que nunca”, “La masturbación, la ceguera y los pelos en las manos. Nuevas investigaciones” y otras lindezas por el estilo.

No obstante, algo abrumado por el poco éxito de sus talleres, decidió dejar esas bellas ideas para otra oportunidad. Ahora, era cuestión de resistir y esperar la próxima pandemia.



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Norberto Ferrari
Seguir Norberto Ferrari:

Nacido en Venado Tuerto, lugar donde vivió hasta los 18 años, rosarino por elección. Abogado laboralista y Asesor Sindical. Apasionado por la lectura. Ha incursionado desde hace unos treinta años con artículos y notas en medios periodísticos (Pagina 12 y El Ciudadano, entre otros) y escribe algunos textos con escasas pretensiones literarias.

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