Tomar café, hacer un libro (reseña sobre “una erótica del café”) / ernesto gallo

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Reseña de Una erótica del café de Javier del Ponte (Punto final 2021)

Este libro es de cabo a rabo un elogio al lazo social, eso tan rechazado en nuestra época. Aborda lo fundamental del asunto, el encuentro sexual con otro, tanto la pareja, como los amantes y las primeras citas, además explora la amistad y la familia. Pero sobre todo plantea al café como un mediador, incluso como un productor de la relación con el otro. Y el hilo invisible que atraviesa la trama es la mismísima literatura, que está ahí como un rayo en el ojo de la tormenta. Y lo más importante: el lazo social como un efecto de la literatura.

Javier maneja bien la elipsis, pasa de una cosa a la otra sin dar demasiada información, en el encadenamiento de la historia. Esto es pura tradición norteamericana. En Una erótica del café se puede ver por ejemplo en la situación sobre la nata. El narrador recuerda cómo una escena bella y armoniosa pasa a ser una escena repugnante cuando ve los brazos de la nata sobre el café con leche. Y allí mismo establece una relación —que el autor parece haber elaborado en el momento mismo de la escritura (y eso es otro hallazgo, ese coqueteo con el ensayo, donde el narrador reflexiona acerca de lo que escribe)—, establece una relación y nos dice: “¡He comprendido!, ¿ustedes lo adivinaron?” Y trascartón une la nata con la imagen de un preservativo, y de ahí deriva a los apoyabrazos de las butacas en el cine, aquello que impide el encuentro de los cuerpos, para concluir en la necesidad de permitir a los cuerpos enterarse de que no existe tal unión.

En varios momentos de la historia nos encontramos con el café tratado como un objeto erótico. Quiero decirles que el libro, en general, y este libro, en particular, también es un objeto. Recuerdo la primera vez que observé esto. Allá por el 2014 hacía un taller literario en el Chaco, coordinado por mis amigos y maestros Mariano Quirós y Pablo Black, un día Mariano le mostró a Pablo un libro que había conseguido —si no me equivoco era algo de Bolaño—, entonces Pablo lo agarró y lo primero que hizo fue abrirlo por la mitad y hundir la nariz en las páginas para olfatear. Javier Del Ponte no solo escribió un libro, sino que además hizo un libro, ya que junto a Juan Canmmardella fundaron la editorial Punto Final Ediciones, donde se publicó Una erótica del café en 2021 como primer título de la editorial. Sus títulos huelen bien, como el café que Javier invita.

El autor también propone el debate acerca de la estética y la trascendencia del café y del libro. Dice: “Ahora bien, si el libro se constituye como objeto estético, entonces su valor radica en lo que él pueda afectar en el lector: llanto, odio, risa, placer, displacer, repugnancia…” Este libro logra una estética de la belleza, y también de la repugnancia. Pero además encontramos ese efecto hipnótico que genera la lectura, al no poder soltar el libro que estamos leyendo.

Javier practica el psicoanálisis y entonces Freud se desliza y contamina el libro con la peste del psicoanálisis. Es importante señalar que acá un discurso no opaca al otro, y no se trata de una relación forzada, esto sucede porque el discurso freudiano forma parte de la trama literaria.

Si bien existe un furor clasificatorio por los géneros, también es algo de la época rehusarse a discriminar lo que uno lee. Y como lector tengo el yeite de preguntarme ¿qué estoy leyendo? ¿una novela, un libro de cuentos, ensayo, crónica, poesía?

Una erótica del café es una narración, se puede leer tanto como una nouvelle —o cómo le gustaba decir a Rulfo: noveleta—, y también se puede encarar como una colección de relatos. Por mi parte, me inclino más a leerla como una nouvelle. El narrador está en primera persona, y el personaje es el mismo a lo largo de todo el libro, el punto de vista está en el narrador y personaje al mismo tiempo.

Digo que es narrativa porque hay una historia que se cuenta. Piglia se refiere a la narración como aquello primitivo, de tiempos prehistóricos, en donde alguien le contaba una historia a un otro. Así empezó la cosa. Un cazador furtivo en la era del Neandertal emprendió el camino, atravesó ríos, montes y peleó contra animales salvajes. Cuando volvió a la tribu se encontraba ávido, con una necesidad imperiosa de contar a otros su experiencia; ese es el origen de la narración, ese diálogo de historias.

Ya sabemos que no es cierto el estereotipo, esa imagen del escritor sumergido en la soledad, en una habitación dándole al teclado. Si nos tomamos en serio el oficio, siempre que escribimos lo hacemos con una tradición sobre nuestra espalda, y no solo eso, sino que también es fundamental ese escozor que nos pica en las manos de enviar a un amigo lector, también a un amor ya que hablamos de erótica, a alguien que confiamos el texto escrito por nosotros. La literatura es una forma de la amistad, dice Mariano Quirós, y es cierto. También puede ser una forma del amor, recordemos la correspondencia entre Kakfa y Milena, Freud y Martha, Joyce y Nora.

No se escribe solo. Y Javier lo propone de diferentes maneras en el libro, por ejemplo cuando reflexiona acerca de las diferencias entre el tipo de bebida con respecto a las ilusiones y pretensiones de los encuentros, cuando plantea: “nadie dice ¿vamos a juntarnos a comer chocolates?, pero sí se dice, ¿vamos a tomar un café, una cerveza, o unos mates?” Y sigue: “El chocolate se me hace muy personal, más cercano a una paja, como si comerlo fuera un acto masturbatorio per se. En cambio, el café, el mate o la cerveza se comparten, lo que los acercaría al sexo”, agrego lo que está implicito: el café, el mate, la cerveza —y también podríamos decir, el vino— se comparten. Eso los acercaría al sexo y también a la literatura. Si algo tiene la buena literatura es que abandona el autoerotismo, ni siquiera la masturbación, deja atrás el autoerotismo para pasar al erotismo, a esa imperiosa e inclaudicable relación con el otro.


Ernesto Gallo nació en 1997 en Resistencia, provincia del Chaco. Vive en Rosario desde el 2015. Su primer libro de cuentos Voz de vaca —que se editará el próximo año por Le Pecore Nere— resultó finalista del Concurso Municipal de Narrativa Manuel Musto 2021. Forma parte de la organización del Grupo Savoy. Miembro del Centro de Lecturas: Debate y Transmisión. Trabaja en el equipo de corrección literaria de Punto Final Ediciones.



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