trotsky, una crónica que da frío / vivian palmbaum

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Se publicó en castellano La Fuga de Siberia en un Trineo de Renos escrita hace más de 100 años por Leon Trotsky. Se trata de unos textos inéditos narrados en primera persona sobre el viaje a su condena y su huida.

Lev Davidovich Bronstein, Leon Trotsky fue condenado y enviado al exilio perpetuo a los confines de Siberia en 1907, junto a otros 14 acusados,  por haber participado en el Soviet de obreros de San Petersburgo. Era la segunda vez que era condenado por su participación política. En este relato Trotsky pinta el paisaje del viaje al destierro y de su huida como fugitivo. Una primera sección con un relato epistolar en donde se esconde el sentido que luego despliega en un segundo tramo con una crónica que da cuenta de su cualidad de intérprete minucioso de la realidad.

El destierro interno y la pérdida de los derechos civiles,  parece ser la condena para la deportación, tanto en el zarismo como luego lo será en el régimen comunista, para quienes son juzgados como opositores. Trotsky no se resigna a esa condena de por vida, luego de haber sido uno de los líderes de la fallida revolución de 1905.  

El libro es un relato literario en dos tiempos. Allí la estepa siberiana es el escenario donde con gran agudeza Lev Davidovich Bronstein, León Trotsky, te hace sentir ese frío helado de -30, -40 o -50 grados en condiciones tan precarias, acompañados de una caravana de trineos tirada por renos, una experiencia difícil de imaginarse hoy. Audaz como siempre el revolucionario que no se resigna a la condena y emprende la fuga,  nos desafía con el relato de esta odisea por las heladas tierras polares de los confines en donde no pierde su optimismo “incluso en momentos cuando la clandestinidad se ciñe como una soga a nuestros cuellos”.

En este vívido relato nos muestra como el frío hace pareja con la ingesta de alcohol para convivir en esa situación tan extrema. La fuga es conducida por un cochero conocedor de los territorios, que está ebrio la mayor parte del tiempo lo que le infunde temor a este hombre valiente y decidido que tiene como consigna ¡lo que hagas, hazlo ya! Un paisaje salvaje y desolado  para el destierro político, donde solo queda emborracharse para soportar las tinieblas polares. Sin policía, sin medicina y con la pobreza como compañera de la vida de las y los pobladores de los pequeños pueblos, donde fueron desechados cientos de opositores políticos. La crónica que no tiene intenciones expresamente políticas nos cuenta una realidad que afectaba a los pueblos rusos de los confines, allí donde eran exiliados y expulsados quienes se atrevían a enfrentar al régimen zarista de privilegios. Condiciones de vida de hacinamiento y miseria parecen ser la norma con la que se va encontrando. Una inspiración para lo que luego serían la persecución y los Gulag, campos de concentración del régimen stalinista.

El relato está lleno de citas de lugares casi impronunciables, atravesado por un clima de suspenso donde no faltan las tenues referencias políticas como “al fin y al cabo todos los políticos están  maniatados por la responsabilidad colectiva ante el pueblo”. El exilio y la deportación marcaron el destino del revolucionario Trotsky desde el inicio de su participación política enfrentando la dominación, el abuso de poder y el despotismo en sus distintas formas.  

Leonardo Padura, conocedor del hombre que amaba los perros, prologa esta edición junto a Horacio Tarcus, que lo califica de “narrador literario en estado puro” porque sostiene la atención en una trama poblada de incertidumbre. Padura que vuelve a escribir sobre “el poeta desterrado”, muestra una vez más su admiración por un Trotsky como  símbolo de resistencia, a pesar de haber sido derrotado y perseguido. El escritor cubano, crítico de la realidad en la isla,  le rinde tributo: “un maltrecho vencedor en la disputa histórica…en este mundo tan descreído de hoy todavía hace pensar a algunos que la utopía es posible”.  La revolución es un sueño eterno, según Andrés Rivera. Si León Trotsky viviera hoy estaría desilusionado de un sistema llamado democrático que convoca a delegar la participación en representantes cuya responsabilidad parece haberse orientado hacia el poder corporativo.


Vivian Palmbaum es Psicoanalista, miembro de la Escuela Abierta de Psicoanálisis y del Movimiento por la Salud de los Pueblos, activista de la Campaña Plurinacional en Defensa del Agua y periodista.

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