AUNQUE ME CUESTE EL CORAZÓN

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Cuando camino siempre voy en el sentido contrario en el que corre la calle así veo de frente quiénes vienen. 

Todos los días me fumo un par de tipos que me doblan en edad opinando sobre mi cuerpo. Me chistan, los puteo, se ríen.

Desde que empezó la cuarentena me da miedo caminar de noche y nunca lo hago sin el celular en la mano.

Siempre que me subo a un remis mando un audio diciendo que estoy yendo, así el remisero cree que alguien me está esperando.

El otro día un tipo caminó detrás de mí una cuadra y media, apurando el paso, teniéndolo cada vez más cerca, en una cuadra oscura y deshabitada. Tuve que llamar para que me esperen en la vereda. Lloré y me tembló el cuerpo 15 minutos después de que entré a casa, porque en esos momentos no hay coraje ni ingenio que alcance.

Nunca sé si el mensaje que mando perseguida va a ser el último.

Cuando voy al baño siempre pido que alguien me acompañe.

Hace no mucho fui a una fiesta donde eran 20 pibes y 6 pibas, estuvimos toda la noche echando atrevidos que se metían en nuestra ronda, siempre un pesado con lógica bolichera queriendo sacarnos a bailar, que la mano en la cintura, que hablarte al oído. En una fiesta de 20 pibas y 6 pibes, ningún varón se sentiría como nos sentimos con mis amigas, nos dijimos esa noche. 

Todavía que aguantar que nos pregunten cuándo es el día del hombre o que nos cuestionen no ir a laburar, que nos digan que queremos todo de arriba, que nos embarazamos por un plan.

Al gimnasio voy con mis amigas y siempre hay que ponerle los puntos a alguno que hace chistes sobre nuestro cuerpo, nos atamos buzos en la cintura, entrenamos cagadas de calor con el remerón encima para que no nos miren el escote. Obligadas a marcar con cara de culo el límite de la tolerancia.

El sábado estuve en una juntada donde el violento que le pegó, acosó y obligó a abortar a una compañera y que me amenazó por acompañarla a denunciar, se acercó a saludar a nuestra ronda con total impunidad y la sonrisa intacta. 

Así se hace carne y miedo la estructura patriarcal en lo próximo. 

Claro que soy una mujer cis, heterosexual, de clase media,  y es éste apenas el piso de la violencia con la que opera el patriarcado que, a pesar de no distinguir de clases sociales o títulos, es mucho más exacerbado con la población trans, homosexual, y las clases sociales más marginadas de nuestro sistema.

En ese sentido el feminismo popular y disidente reivindica la lucha con una mirada integral, porque la desigualdad que se genera producto de una vida contenida en un sistema capitalista y patriarcal, también tiene que ver con los salarios, el reconocimiento de las tareas de cuidado como trabajo no remunerado, la violencia en todas sus formas, las imposiciones sociales y religiosas, los modales y buenas costumbres, un femicidio cada 23 horas, la dicotomía entre puta y ganador, la violencia sexual, los estándares de belleza y escrutinio al que son sometidos nuestros cuerpos cada vez que salimos a la calle, los micromachismos instaurados, creer que a veces es mejor callarse, el derrotero de acudir a la justicia esperando una respuesta con perspectiva de género, el cercenamiento de nuestras posibilidades y el arrasamiento de nuestra subjetividad en la diaria, las respuestas del estado que tienen que ver con destinar recursos para dar una y otra vez las mismas respuestas pero ninguna solución.

Ante el estado ausente, las pibas presentes. Por eso para resistir nos organizamos y hoy es un día de lucha, como todos los días que salimos a la calle, sólo que hoy no estamos solas como cuando volvemos del trabajo caminando a casa, hoy nos pasamos a buscar, nos prestamos glitter y esperanza, nos enojamos, queremos romper todo, prender fuego la iglesia y los patrulleros, lloramos mirando al cielo, nos abrazamos, exigimos y bailamos al ritmo de una cumbia que dice: no me arrepiento de este amor aunque me cueste el corazón.

Por las mujeres y disidencias que copan hoy las calles, por mis amigas víctimas de violencia de género, por mi vieja que se las bancó todas, por las que ya no están, la lucha es ahora y hasta que todo sea como lo soñamos, porque no hay justicia social ni libertad en una sociedad donde tengamos que pasar gran parte de nuestro día pensando como contestarle al pajero que nos acosa en la calle o si el mensaje que mandamos asustadas va a ser el último que escribamos.

Hoy, vamos por todo, aunque nos cueste el corazón.



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Mi nombre es Florencia Giacometti, tengo 28 años, soy abogada de profesión e insatisfecha por elección.

Me cuesta mucho la constancia y desarrollo gustos bastante diversos como proceso de búsqueda de no se qué.

En este camino me topé con la poesía bloggera y hace ya un par de años escribo ocasionalmente. Creo que fue esa forma cercana y anónima de escritura y no tanto la lectura de escritores clásicos lo que me animó a empezar a escribir.

La poesía es para mi la foto de un puente,

Lo del afuera que de alguna manera

Siempre confluye con ciertos momentos del adentro.

Una caminata espontanea por una calle cualquiera,

la observación aleatoria

pero atenta.

En estos fenómenos habituales

brota la escritura, como forma de atravesar la certidumbre mediante la palabra.

Es así como a través de la poesía busco cristalizar los momentos de sublimación entre el adentro y el afuera,

donde lo propio

Es el ilusorio intersticio

Entre esto y aquello.

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