CANCIÓN PATRIA

con 2 comentarios

A mí personalmente me encantó la versión del Himno Nacional Argentino consumada por la Mona Jiménez en ocasión del 9 de julio pasado. La encuentro desentonada, mayormente desafinada, y el cacharreo cuartetero transcurre como por sí mismo, ajeno al tema en cuestión. Es por eso, en todo caso, que despertó en mí tanto entusiasmo. Lo veo (es decir, lo escucho) como un modo de intervención popular sobre la maquinaria simbólica del Estado. Porque se supone que lo que el Estado busca y consigue es la articulación cultural de lo nacional y lo popular. Pero los momentos más interesantes, los de mayor potencia política, se producen en su dislocación; ahí donde lo popular, en lugar de verse incorporado y asimilado al aparato estatal, se suelta y recupera su carácter más corrosivo de irrupción y de profanación. La fuerza de inclusión del Estado (eso que Deleuze y Guattari definieron como “aparato de captura”) sirve para neutralizar, por absorción, la amenaza de lo popular, para controlar y disciplinar sus posibles resistencias (¿de qué trata, sino de eso, un poema como Martín Fierro?). Cada tanto, sin embargo, y felizmente, lo popular se zafa, se sale, desborda. Y ahí donde lo nacional-popular, como implementación de Estado, lejos de ser la consigna emancipatoria que tantas veces se pretende, se revela por el contrario como un instrumento ideológico para la dominación social, es valioso que lo popular se sustraiga, que difiera, que se desvíe. El fuera de tono de la Mona Jiménez expresa ni más ni menos que esa clase de disidencia (esa disidencia de clase). La autarquía rítmica del cuarteto (más efectiva, en este sentido, que la del rock en la versión de Charly García) produce una discordancia admirable, que más allá de las diferentes versiones del himno hoy circulantes, se desacompasa en lo esencial de la marcación sonora de la fanfarria militar. El Himno Nacional Argentino, cuyos recorridos trazó Esteban Buch en 1994 en O juremos con gloria morir, resulta, diría que por primera vez, un tema eminentemente bailable. Con todo lo que eso implica: es música que convoca a los cuerpos (aunque Jiménez contiene el suyo); y no los cuerpos en fila, no los cuerpos formados, no los cuerpos quietos de las ceremonias habituales, sino los cuerpos desordenados, los cuerpos mezclados, los cuerpos en movimiento del jolgorio popular.

La Mona Jiménez no sólo versionó el Himno Nacional Argentino: lo carnavalizó. Lo volvió bajtinianamente corporal y contraoficial. La puesta en escena de su ejecución sugiere un carácter paródico: Jimenez vestido de gala (pero de una gala camp, una gala en versión popular), remedando como reivindicación aquello de la mona que se viste de seda, canta a solas en un teatro vacío. Espacio de alta cultura dispuesto para las veladas líricas y su aura de prestigio, es ocupado ahora por la Mona Jiménez y la música de cuarteto. No hay nadie en las plateas ni en los palcos, puede que por el contexto pandémico; el efecto visual, en cualquier caso, es el de un lugar desalojado. El teatro lírico ha sido tomado por el cuarteto, tal y como lo ha sido el propio Himno Nacional. Al terminar, la Mona Jiménez se inclina en señal de respeto. ¿Ante quién se inclina, si en el teatro no hay nadie? Tal vez se trata de la culminación del gesto paródico: no la parodia como una falta de respeto, sino el respeto como aquello mismo que se está parodiando.

A mí me parecería bien que esta versión del Himno Nacional Argentino se implementara en los actos escolares, pero no para que los niños lo canten y se emocionen, sino para que lo bailen, lo gocen y se diviertan.



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Martín Kohan
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Escritor.

Anda dando vuelta tanto gil que se publicita escritor. Y Martín Kohan, tres libros de ensayo, tres de cuentos, diez novelas dice que en un sentido estricto nunca descubrió haberlo sido. Que su relación siempre fue con el escribir y no con el ser escritor, que para él eso nunca representó una ambición o un deseo.

Egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires. Enseña teoría literaria en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de la Patagonia. Cree que por haber elegido la literatura resignó un aprendizaje, integración, sociabilidad, disfrutes compartidos. Al estar tanto tiempo solo, leyendo o escribiendo, dejó que discretos pasaran por un costado.

Entre sus tantos libros se encuentran El informe, Los cautivos, Dos veces junio, Ciencias morales, Bahía Blanca y el último, de cuentos, Cuerpo a tierra.

En la infancia tuvo una perra: Yenny. En la adultez, un gato: Dumas. Kohan prefiere la ropa de Adidas, es fanático de Boca como su hijo Agustín y al acostarse, antes de quedarse dormido, implora que no lo atraviese el insomnio.

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2 Respuestas

  1. Avatar
    adelqui
    | Responder

    No comparto….toda la puesta en escena hace referencia a querer ocupar un lugar que es el de la clase dominante y no como desparpajo sino como deseo de estar donde no se pertenece como si estar ahí valída. Es como ir a tocar a la casa Rosada…. estimo que la versión de Charly es más contraegemonica.

  2. Avatar
    Agustín
    | Responder

    Disiento con Kohan, si hay algo que no tiene el cuarteto es ningún elemento emancipatorio, ni profano ni de desvío. El cuarteto es la banda de sonido de la ciudad que describe muy bien Novoa en la primera página de Bahía Blanca.
    Siempre me convencen los argumentos de MK pero esta vez hay que hacer una pirueta muy grande para ver algo de irrupción y profanación en el cuarteto.

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