decirlo todo / jordi carmona hurtado

con No hay comentarios

En los textos hay que poder decirlo todo. Es lo mínimo. Sin eso, una sociedad no puede considerarse una democracia. Cuando escribimos hay que dejarse de miramientos, amabilidades, y cosas que forman parte de la cortesía, digamos, de la sociedad civilizada. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Si no se hace eso, no se escribe. La escritura tiene algo de rudo y salvaje.

Virginia Woolf decía que en la literatura, cuando uno ve un cartel de prohibido, tiene la obligación de saltárselo. ¿Si no somos libres cuando escribimos, cuándo lo vamos a ser? Y la falta de libertad en las letras (y aquí no hablo de censura estatal o comercial, sino de todo tipo de autocensuras a veces muy bienintencionadas, de formas de evitar el momento de verdad de la escritura), tiene consecuencias sociales. Las letras libres, incluso, guardan algo de libertad en tiempos oscuros, cuando en la sociedad no se la ve mucho se mantiene en los libros. Las letras libres no necesitan ser utópicas ni esperanzadoras para producir este efecto, les basta con ejercer la libertad.

Derrida, por eso, consideraba que la literatura en realidad era un derecho, un derecho democrático, el derecho que tenía una sociedad a decirlo todo. Y la gente de letras, la gente que escribe libros, creo que tiene en cierto modo el deber de ejercer hasta el final este derecho, al menos en nombre de quienes no escriben.

*Este no es un texto acabado, es un esbozo, una pequeña idea como de prueba.


Jordi Carmona Hurtado (1979) es doctor en filosofía por la Université de Paris VIII y la Universidad Autónoma de Madrid. En la actualidad es profesor de filosofía moderna, con énfasis en estética, en la Universidade Federal de Campina Grande, Brasil. Autor de “Paciencia de la acción: ensayos sobre la política de asambleas” y “Cómo matar a la muerte”.



Si te gustó la nota, te enamoraste de Ají
y querés bancar las experiencias culturales
autogestivas hacé click aquí.

¡Compartí este contenido!

Dejar un comentario