historizando la formación docente / alejandra garcía

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…Él quiso mucho a la Institución, porque además fue el lugar donde se formó. No sé si para ésta él habría sido una persona importante. Siempre decía en casa: ‘el profesorado es un espacio luminoso, un lugar de luz, no por su aspecto, (estaba rodeado por un ligustro oscuro, había poca iluminación y en la esquina había una garita para la parada de colectivos, donde más de una vez se escondía gente de mal vivir), sino porque es el lugar donde uno puede apropiarse de la linterna que le alumbre el camino. Los caminos siempre están, pero si los iluminas es más difícil perderse y perder de ver las cosas que hay en ellos’. Mi papa vivó esa época bien de cerca, el profesorado había sido hasta ese momento un lugar de resistencia de ideas. Donde no se trataba de hacer prevalecer una en particular. Había muchas carreras, muchos pensamientos e ideologías. No había un pensamiento director de izquierda, de derecha, peronista, o radical. Trataron de establecer otros márgenes de libertad. No lo pudieron hacer, obviamente, no los dejaron”.

La particularidad de esta intervención fue que, aunque el director Giménez, fue desplazado del cargo por el episodio Limonte, no fue cesanteado, -durante el primer año de la dictadura, en los otros institutos, el desplazamiento del personal directivo y de supervisión, solo se dio en caso de que hubieran sido cesanteados[1] -, lo que le permitió volver a tomar sus horas cátedras en los distintos profesorados. Estaba claro, que lo que no reunía, eran las condiciones de garantía ideológica requeridas para seguir ocupando el cargo directivo. Ello desde su intento de oponer resistencia al modelo autoritario de la Dictadura, ignorando que se trataba de una dominación brutal, en donde quedaban clausurados los procedimientos habituales que hacían a las relaciones de gobernabilidad entre los individuos de distintos signos políticos (Foucault,1980). De entrelazamientos diversos en las relaciones de poder que podían darse en este caso entre un director con sus profesores y alumnos, más allá de un foco único de dominación desde el Estado. De allí que desde un posicionamiento que seguía los protocolos académicos en relación a las vías jerárquicas institucionales, intento resistir la intromisión del Interventor municipal sobre el conflicto que se había desatado entre la docente y el estudiante. No solo se estrelló contra una pared, y pago por ello, sino que nada pudo hacer para frenar las enormes consecuencias institucionales del episodio. Pues ya sea que este hubiera sido meticulosamente planificado por el funcionario militar, o se les fue de las manos en la vorágine de un tiempo de sospechas, el poder de la Dictadura grabó por siempre en las mentes desconcertadas del auditorio docente, estudiantil, y directivo del profesorado, su mensaje de poder y hegemonía: la resistencia al orden autoritario podían terminar en la pérdida de cargos, y en un castigo extremo como el consumado sobre el estudiante Norberto Limonte, que excedía en grado sumo la gravedad de los hechos que habían acaecidos en el espacio del aula.


[1] La política en ese campo fue que el recambio proviniera de concursos -de supervisores para fines de 1976 y directores y vice-directores para marzo de 1977- sin claro la participación del magisterio en las Juntas de Clasificación Docente, integradas ahora por funcionarios del Ministerio de Educación. Estos realizarían la selección del personal enfatizando antes que la antigüedad o los antecedentes de formación, la colaboración y simpatía con el proceso y sus valores (Gudelevicius, 2008b), op cit.

(extracto del libro Historizando la formación docente (entretiempos democráticos y dictatoriales en el Instituto de Educación Superior Brigadier Estanislao López 1964-1983), recientemente publicado y presentado en el IES N°7 de Venado Tuerto)


Alejandra García es licenciada en Historia por la (UNR). Se desempeña en la EESOPI3095, Cultura Inglesa, y en el IES Nº7, Brigadier Estanislao López, de Venado Tuerto, desde 1998, donde además ejerce la Jefatura del Departamento de Investigaciones. Es miembro de la Comisión de Nomenclatura -asesora del Concejo Municipal de Venado Tuerto- y presidenta del Archivo Histórico Digital de la misma ciudad. Ha publicado en coautoría varios trabajos en revistas culturales y participado en numerosos congresos provinciales y nacionales como expositora. Es coautora del libro Venado Tuerto y su Nomenclatura (2011), Mucho más que un clásico, Historia institucional y deportiva del Jockey Club de Venado Tuerto (2013). Y ha participado en la elaboración del Manual didáctico; El espíritu del Venado Tuerto (2014). 



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