LA HISTORIA DEL ÚNICO DESAPARECIDO DE TEODELINA

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Recuperar la historia de Carlos José María Fernández (secuestrado en la localidad de Teodelina el 4 de septiembre de 1976 y asesinado 21 días después en la ciudad de Paraná, Entre Ríos) y plasmarla en un libro, considero que es, además de un aporte al archivo histórico colectivo y a la memoria común de un pueblo, un caso que nos permite abordar muchas aristas de análisis para comprender la magnitud del terrorismo de estado llevado adelante por la Dictadura Militar iniciada el 24 de marzo de 1976 en nuestro país.

En este artículo intentaré abordar brevemente tres ejes que pueden identificarse a la luz de lo sucedido con Fernández: el poder, la capilaridad y los mecanismos utilizados por el Estado Terrorista; el concepto de desaparecido y la construcción de una memoria y una identidad colectiva.

El Estado Terrorista Argentino

El fallecido doctor Eduardo Luis Duhalde, en su libro “El Estado Terrorista Argentino”, desarrolla un concepto sumamente útil para la comprensión del aparato represivo de la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional:
“…se configura el Estado Terrorista, partiendo de supuestos que se esgrimen como permanentes y que contradicen las bases fundamentales del Estado democrático-burgués. Se afirma en que el principio de sujeción a la ley, la publicidad de los actos y el control judicial de los mismos, incapacitan definitivamente al Estado para la defensa de los intereses de la sociedad.

En consecuencia, aparece como sustrato de dicha concepción, la necesidad de estructuración casi con tanta fuerza como el Estado Público del Estado Clandestino y como instrumento de éste, el terror como método”. (Eduardo Luis Duhalde; “El estado terrorista argentino”. 1983; Ediciones “El Caballito”, Buenos Aires)

Por lo tanto, la novedad de la última dictadura militar sobre la que pone la lupa el Dr. Duhalde en su armado conceptual, es la doble faz de actuación del Estado: por un lado, el Estado público y por otro, el surgimiento de un Estado clandestino cuya instauración y accionar se da al margen de toda legalidad.

El secuestro seguido de asesinato de Carlos Fernández revela la fortaleza de ese Estado paralelo que cumplió funciones represivas en la ilegalidad. En la mañana del 4 de septiembre de 1976, cuatro personas vestidas de civil se llevaron atado (con un cable o una soga, los testimonios de los testigos presenciales varían) a Fernández de su lugar de trabajo (Coego Hnos., en la actualidad Sofama) en la localidad de Teodelina. El hecho revela la ilegalidad del operativo y fundamentalmente la fuerza y capilaridad del aparato represivo montado que logra llegar a un pequeño pueblo del sur de la provincia de Santa Fe.

El asesinato de Fernández, en un enfrentamiento fraguado en Paraná, a casi 400 kilómetros de donde fue secuestrado, es también un escenario que nos permite operacionalizar el concepto de Estado Clandestino. Tras estar cautivo (los indicios marcan que primero en Rosario y luego en Paraná), Fernández fue asesinado junto a Juan Carlos Osuna en un hecho que se conoce como “La Masacre de La Tapera”, cuando por lo menos 4 camiones del ejército dispararon entre 15 y 30 minutos sobre la casa en la que previamente habían sido arrojadas las víctimas ya en muy mal estado. Dos personas secuestradas (uno de ellos, muy lejos de ese sitio) y torturadas en la clandestinidad, aparecen en la escena pública como abatidos en un operativo del Estado represivo público.

El Desaparecido

Tras ser asesinado, el cuerpo de Fernández fue enterrado, sin identificación, en el Cementerio Municipal de Paraná y sus restos nunca fueron recuperados. En la conversación que está transcripta textualmente en el libro, Mariana, una de las dos hijas de Carlos Fernández, me comentó: “Mientras no lo encontráramos, lo seguían teniendo ellos”, en relación a lo que fueron las varias exhumaciones que realizó el Equipo Argentino de Antropología Forense.

La última Dictadura Militar introduce para siempre en el vocabulario argentino el concepto de “Desaparecido”, esa es la categoría que nos damos para nombrar a 30.000 compatriotas víctimas del plan sistemático de secuestro, tortura y desaparición de personas.

Un desaparecido es distinto que un muerto. El muerto está físicamente situado en un lugar palpable o enterrado acompañado por una lápida que permite que sus seres queridos tengan un lugar donde llorarlo. El desaparecido no, aún ante la certeza de la muerte (como es el caso de Fernández), no poder dar con sus restos implica una ruptura de la relación misma de identidad-cuerpo que constituye al sujeto. Además, la noción de desaparecido corta el espacio temporal y se hace presente como ausencia permanente que cachetea a diario y revictimiza a la familia de quien ya no está.

La construcción de una memoria y de una identidad colectiva

En Teodelina sólo una mínima parte de vecinos y vecinas habían escuchado alguna vez que durante la dictadura se llevaron a un teodelinense, era una especie de rumor o de vago mito urbano. Por lo tanto, contar esta historia también implica resignificar eventos, fechas históricas, relaciones y lugares.

La memoria de los pueblos está constituida por las historias que nos contamos. Esos relatos nunca son únicos ni de acatamientos unánimes, por lo tanto, esa memoria que le da identidad a una comunidad es una construcción, es el resultado de una puja de narraciones que logran imponerse por sobre otras.

Esa hegemonía de ciertos relatos no es irreversible (por ejemplo: en alguna época, “las locas de Plaza de Mayo”, hoy, uno de los símbolos de lucha y valentía más importantes que tiene nuestra historia), es por esto que la batalla por construir significantes y significados, por moldear el sentido común de época debe darse en cada escuela, en cada medio de comunicación, en cada charla.

Para mí, recuperar la historia de Carlos Fernández y contarla en Teodelina, es un pequeño aporte para lograr que aquello que le sucedió a nuestro vecino y a otros 30.000 compatriotas no ocurra Nunca Más y un granito de arena para fortalecer la decisión que tomamos como sociedad hace casi 40 años de vivir en democracia para siempre, exigiendo Memoria, Verdad y Justicia.



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Seguir José Luis Gaitan:

Teodelinense. Estudiante de Ciencia Política. Autor del libro "Carlos Fernández. La historia del único desaparecido en Teodelina"

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