La intimidad de Una flor │ Dario Vizari

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La primera edición de Una Flor que allá no existe se publicó en 2019. Muchos no sabíamos lo que era ser campeones del mundo, pocos sabían lo que era el coronavirus y nadie esperaba que tuviéramos de presidente a un tipo que usa 4 camperas juntas y hace recitales en el Movistar Arena.

Ese día me fui de la presentación con el libro dedicado por Toto (Tomás Schuliaquer) bajo el brazo. Recuerdo a Bruno, un amigo, sentado en el cordón de la vereda empezando a leerlo, sin esperar a llegar a su casa. Yo pensé que no quería que fuera de esa forma. Si iba a leer la novela que había escrito un amigo, quería que fuera en un momento especial, dedicándole particular atención, disfrutando de cada página. Por eso tardé cerca de 6 meses en leerla.

Durante esos 6 meses, Toto me preguntó varias veces qué pensaba, qué opinaba de su primera novela. No recuerdo bien qué le respondí en cada ocasión, pero siempre le pedía paciencia. Todos los que estamos acá y conocemos a Toto, sabemos que, si digo que me preguntó varias veces, fue porque dos o tres veces por día, por mensaje de whatsapp, en un llamado o en una juntada me hacía la misma pregunta.

Me doy cuenta de que, cada vez que quiero dedicarle un tiempo específico a algo, termino esperando una especie de momento divino para hacerlo, momento que realmente no existe, y termina pasando mucho más tiempo del que me gustaría.

Un día, sentado, mientras leía Una Flor que allá no existe, pensé que la mejor devolución sería haciendo un estilo de reseña, tomándome el tiempo necesario para escribir lo que fui pensando y sintiendo mientras la leía.

Siendo una persona que no tiene el hábito de escribir, tomé el valor de decirle a Toto lo que iba a hacer. Y acá estamos. Casi 6 años después, me animo a decir que pude escribir algo, que no es una reseña, pero es una devolución de algo de lo que me pasó leyendo la novela.

Tanto en aquel momento, como ahora que volví a leer la novela, me generó mucha cercanía. Una parte de esta cercanía la causó que un hermano la haya escrito, entonces muchas formas, palabras y cosas las relacioné directamente con él.

En un momento, Pochi con su novia, Belu, piden comida china y yo solo pude pensar en Lis, restaurante que era casi una tradición en Rojas. Comida muy rica y proporciones enormes que superaban la altura de la bandeja, a la que, mágicamente, lograban ponerle un film que contuviera todo. El alfajor helado me llevaba a Grido, y como Pedro se devoraba uno tras otro, era imaginarme al Toto con las manos sucias, la cara manchada y casi sin masticar cada bocado.

Pero gran parte de esta cercanía me la generó cómo él había decidido escribir la novela. Sin diálogos, la única voz que escuchamos es la del narrador. Desde el primer momento te dice lo que piensa, lo que hace y lo que dice que le dijeron. Una forma que genera algo muy natural, desde lo personal, desde la amistad. Con todas las contradicciones que plantea Pedro, genera intimidad, haciéndome sentir parte de lo que pasa.

Y este rasgo de la novela es algo que está presente en el Toto. Esa forma de construir, a veces diciendo las cosas como el orto, pero haciéndote sentir parte. Por eso es tanto del ritual. Un lunes que te juntás a comer milanesas y ver una película, termina siendo un lunes histórico. Antes de irte ya le puso nombre y te pide una fecha para pensar el próximo “Master Peli con Mila de los Lunes Clausen”.

Esta forma de construir se basa en que cada encuentro sea algo que nos deje un recuerdo, que nos encuentre desde un lugar diferente y que no sea todo lo mismo.

Es por eso que hoy estamos acá, haciendo un festival, con intervenciones de mucha gente que quiere al Toto y con ganas de generar un recuerdo que sea distinto, que vamos a recordar como la vez que el Toto se hizo su propio evento para que hablemos de él.

Texto escrito para el Festival Una flor que allá no existe el 9 de octubre en el Archibrazo

Dario Vizari nació en la Ciudad de Buenos Aires, es militante cultural, director de Medi Sistem y forma parte de JJ Circuito Cultural. Vive en el barrio de Chacarita, amante de la buena comida y de compartila con la gente que lo rodea.

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