LA PRE-DICCIÓN DEL FUTURO

Predecires

Desde hacía algún tiempo, en efecto, varios barcos se habían encontrado en sus derroteros con “una cosa enorme”, con un objeto largo, fusiforme, fosforescente en ocasiones, infinitamente más grande y más rápido que una ballena. (…) Los hechos relativos a estas apariciones, consignados en los diferentes libros de a bordo, coincidían con bastante exactitud en lo referente a la estructura del objeto o del ser en cuestión, a la excepcional velocidad de sus movimientos, a la sorprendente potencia de su locomoción y a la particular vitalidad de que parecía dotado. (Verne, 1999, p.3)

Así comienza 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne. Surge la pregunta: ¿Julio Verne veía la letra de un futuro escrito o escribió con su letra un futuro inexistente? ¿Vio el submarino en una anticipación del futuro o el submarino se construyó en su trazo? En virtud de esto es que nos proponemos partir de dos concepciones de futuro: aquella que consideramos ingenua: la del futuro como destino, y aquella que concibe al futuro como una construcción ficcional. 

Este texto es un ejercicio de reflexión sobre lo que hemos escuchado en nuestra práctica como psicoanalistas (porque si algo escuchamos en nuestros pacientes, son versiones del futuro en sus propias narrativas). Decidimos, entonces, servirnos de la categoría de “ficción”, pero también de la ficción como construcción discursiva, las cuales nos permitirán, a partir del pasaje por Julio Verne, sabotear lo que de destino parece tener el futuro. 

De un futuro…

En un texto de 1915, titulado Lo inconciente, Freud (1992) establece que los procesos inconcientes son “atemporales, es decir, no están ordenados con arreglo al tiempo, no se modifican por el transcurso de éste ni, en general, tienen relación alguna con él” (p.183). Cita preciosa en consecuencias que, en una primera lectura, bien podría advertirse que la categoría de inconsciente excluye la dimensión del tiempo. No obstante, consideramos pertinente realizar algunas precisiones respecto a esto. Diremos que lo atemporal es, en Freud, lo que queda rebotando entre la represión y lo que retorna de ella —porque eso siempre retorna—. Luego Lacan lo precisa como la irrupción del significante en el discurso corriente, entonces: aparece y desaparece porque no es reconocido por el sujeto. Lo que insiste en el discurso es una palabra con aspecto de ajena o extranjera que determina la posición del sujeto; trasciende a la conciencia, puesto que no es manejada por ella, y destina por su aparente carácter oracular. 

¿Cómo se escucha clínicamente este aspecto de ajenidad en el sujeto? En la impotencia, bajo modalidades que pueden leerse de la siguiente manera: “esto siempre fue así”, “hace cinco años que vengo en la misma”, “siempre me encuentro con el mismo pelotudo”. 

Diremos, entonces, que la única posibilidad de futuro, bajo estas condiciones, es la de futuro como destino: ese que está escrito y al cual el sujeto no puede más que someterse. Esto suele pesquisarse en la queja neurótica, que pone en evidencia no sólo la configuración fatalista, sino también el sostenimiento que de ella hace el sujeto: futuro como texto ya escrito por aquel que lo escribió para el sujeto. Introducir ahí otra noción de futuro, entonces, es a condición de destituir a quien aparece como agente de ese discurso escrito y destinista para el sujeto. 

Vamos a decirlo de la siguiente manera: el sujeto nunca asiste a su origen, este es narrado por Otro. De modo que las narraciones de ese Otro que habla al sujeto antes de que el sujeto pueda hablar (es decir: antes de que pueda apropiarse de ese lenguaje que lo antecede y manifestar: “Yo hablo”) lo determinan en su posición inconsciente. Esa es la atemporalidad de la que hablaba Freud, la del inconciente como posición reiterativa del sujeto en relación a los otros.

…a otros

¿Cuál es el tiempo del análisis? Rápidamente, diremos que hay una diacronía del discurso: es el despliegue del texto del paciente en el tiempo presente. Se diría “va hacia adelante” en el sentido de la progresión temporal. Ahora bien, ¿no se apela en la propuesta de un análisis, a un recorrido que aparece como la historización del padecimiento? Y sin embargo, esa historización, ¿no es, más bien, lo que el sujeto articula por vez primera como su narrativa? 

En esta “historización” un significante irrumpe y disrumpe en el discurso: es lo que con Freud llamamos “lo atemporal”, esa palabra de aspecto ajeno que se hace escuchar como destino en lo que el paciente dice. Esa aparición repentina del significante en la dimensión del discurso corriente es lo anacrónico que se engancha a la diacronía del discurso.

Hay otro tiempo, el que se produce por el choque entre aquello que se presentaba en Freud como atemporal y el discurso que tiene temporalidad presente. Llamaremos “pasente” a ese tiempo, puesto que se destruye la diferencia clásica entre lo actual y lo histórico, lo pasado y lo presente en ese pasente del análisis. Lo de siempre, entonces, se confluye y se mixtura en una escena nueva: la del análisis.

El significante irrumpe, y es en la medida en que esa marca sea puesta en juego por el psicoanalista, y que el paciente se permita jugar con ella, que estamos en la pista de las posibilidades de un psicoanálisis. Porque si un sujeto no está nunca en el momento de su origen, y si se trata siempre de un origen narrado (al estilo oracular), es entonces el trabajo sobre esa narrativa lo que constituye un psicoanálisis. ¿Y cómo se hace esto? Ficcionando sobre las marcas, a condición de que el analista se las pueda hacer escuchar al paciente. Historizar, inventar, ficcionar sobre ellas es ir construyendo una narrativa del origen que puede sustituir lo narrado sobre sí. Es a costa de tomar la marca (palabra ajena, significante) que la misma puede ser otra cosa de lo que es, o en todo caso perderse. 

Entendiendo que el origen no es un punto de partida sino un punto de llegada ( a la vez que provisorio), y construido en el presente del trabajo analítico mediante la fugacidad del pasente es que el futuro aparece como posibilidad y se multiplica de manera incierta.

Pre-dicciones

Se suele pensar la predicción desde el punto de vista del futuro como destino. Es decir: desde aquel que puede leer (posición privilegiada) una escritura previa. Nosotros nos inclinamos por una perspectiva literal de la predicción: que hay un decir, una dicción previa. ¿Previa a qué?: al futuro. Es justamente desde esta perspectiva que podemos plantear como referencia en la lingüística a Benveniste (1997), y a la categoría de performatividad como efecto de la sui referencialidad en la instancia presente del discurso. Lo que ha sido enunciado crea el mundo del decir. En términos teóricos, la referencia sería la siguiente: el signo no es un representante lingüístico de la realidad, sino que el signo crea la realidad a la que al mismo tiempo permite acceder y pensar. 

Nuestra noción de pre-dicción (la establecemos, a partir de aquí, de esta manera) corre el acento del decir oracular al decir del sujeto. Y al mismo tiempo, corre el acento de un decir específicamente del futuro a un decir sobre las condiciones de posibilidad de futuros inciertos, sostenida en una narrativa pasente.

Volviendo al comienzo del escrito, ahora podemos decir: Verne no ve la escritura del futuro, sino que escribe el futuro con su letra. De la misma manera sostenemos que es la apuesta que el psicoanálisis le puede hacer al paciente. Si hemos planteado un desplazamiento de “un futuro” a “otros”, es porque concebimos que en el plural se incluye la potencia de lo provisorio en toda construcción de futuro. De esta manera, se reemplaza determinación, trascendencia y destino, por historización del origen, juego con las marcas y provisionalidad de la construcción. De esta manera puede producirse un futuro como efecto. Es decir, de la petrificación del destino, al devenir de los futuros posibles.


Referencias bibliográficas

– Benveniste, E. (1997). Problemas de Lingüística general I. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
– Freud, S. (1992). Lo inconciente. En Sigmund Freud. Obras completas: Volumen 14 (1914-6). Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajos sobre metapsicología y otras obras (pp. 153-214). Buenos Aires: Amorrortu.
– Sófocles (1999). Edipo Rey. Disponible en: https://es.scribd.com/document/90572999/Edipo-Rey
– Verne, J. (1999). 20.000 leguas de viaje submarino. Disponible en: http://changoleonmx.mx.tripod.com/libros/20000.pdf



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Javier Del Ponte es Psicoanalista y docente de la Universidad Nacional de Rosario. Juan Francisco Cammardella nació el 21 de agosto de 1992 en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Es psicólogo y profesor en Psicología (UNR). Ejerce la práctica del psicoanálisis y la docencia universitaria en la ciudad de Rosario. Es editor en Punto Final Ediciones.

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