LA REVUELTA EN LA CULTURA

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Julia Kristeva dedicó mucho de su escritura a la cuestión de la “revuelta”, palabra en la que me vengo ocupando (La lengua revuelta, El cuerpo revuelto) para pensar este tiempo histórico y los modos actuales de subjetivación. Siguiendo la pista dejada por Julia Kristeva, me interesa abordar ese territorio particular de los sujetos que lo colocan tanto como sujeto del inconsciente, como sujeto de la cultura.

¿Por qué hablar de revuelta?

Me interesa poder situar algunas coordenadas en la búsqueda de sentido, en tiempos donde para muchos de nosotros el sentido está fuertemente conmovido.

Particularmente para les psicoanalistas, que trabajamos con los pacientes de hoy, resulta urgente revisar nuestras teorías (y que ello no quede sólo en una formulación de un deseo), si queremos estar a la altura de la época y sostener el psicoanálisis en la posición de quien lo creó —y tantos rescatamos— de haber sabido nutrirse de la cultura de su tiempo para interrogarlo, cuestionarlo, y revolucionarlo. Ser consecuentes con lo mejor del psicoanálisis es ser capaces de revisar los propios fundamentos. El texto será “revuelto” por la experiencia. La autoridad es la experiencia, único modo de que el texto no se convierta en libro sagrado, o dogma. El texto está vivo cuando admite ser des-leído.

“Cultura-revuelta” es sinónimo de libertad y creatividad, de autonomía singular y colectiva. En ese sentido es que propongo, aquí, profundizar y trabajar la palabra “resistencia” a partir de la palabra “revuelta”. No se trata simplemente de un juego de palabras, es más bien, intenta serlo, afianzar una posición. ¿Resistimos y sostenemos ese lugar para detenernos y resignarnos, “aguantar”, esperar tiempos mejores, aferrarnos a los viejos esquemas, o estamos dispuestos a asumir una posición bien activa, y tomamos la delantera? ¿Cómo logramos volver sobre la historia y producir rupturas? Desde ya, las revueltas están ligadas al acontecimiento, no se planifican. Para Kristeva, revuelta involucra varios sentidos: centralmente la aborda desde la noción de movimiento, y la noción de espacio y tiempo. Revuelta es paradójicamente retorno y viraje, giro, vuelta, curva, conmoción, recubrimiento y desenvolvimiento. Releer, revolución, rebelión, sub-versión, mutación; ha tenido y sigue encerrando numerosos sentidos. Sin dudas, no hay en ella un movimiento lineal, progresivo, ininterrumpido o directo. Concentra lo anterior y lo novedoso. Retorno y proceso. Kristeva resalta la plasticidad del término a lo largo de la historia junto a su dependencia respecto del contexto histórico. También la palabra muta, se recrea, siempre en torno a alguna dimensión de conflicto.

El avance feminista no atañe únicamente a mujeres, es un movimiento de revuelta cultural. Está vivo en las calles, en los consultorios, en los pacientes y en nosotros mismos. ¿Está vivo el psicoanálisis? ¿Sabrá escuchar no sólo los sufrimientos actuales? Me pregunto si también será capaz de volver a pensar los modos en los que un sujeto se construye, desde su nacimiento en adelante. ¿Sabrá seguir siendo revuelta, como lo fue en sus mismos orígenes, y en tantos otros momentos de su historia?

La revuelta es entonces la operación que hace de la cultura, y del psicoanálisis, algo vivo. Experiencia, no texto en el que resistir (religiosamente), mientras lo viejo se derrumba y desmorona. La condición para la revuelta es poder pensar contra uno mismo: contra el propio pensamiento y lo ya pensado, cerca de lo desconocido más que de la confirmación de lo ya sabido. Retomo así la “reivindicación de la revuelta”, que propuso Kristeva, cuyos tres sentidos más fuertes se resumen en: transgresión, elaboración y desplazamiento, o juego.

La revuelta, hoy, una vez más, ha extraído algo de lo carcelario e inmutable al cuerpo y al lenguaje. Avancemos: ¿qué puede hacer la revuelta en la cultura? ¿Y en el psicoanálisis? Mi planteo es que la revuelta es condición para el porvenir del psicoanálisis.

La revuelta entonces es apertura para “des-encantarnos” de ese apego fascinado por lo ya pensado, de las lecturas ritualizadas y rumiantes, salir también de los “encantamientos” que nos oprimen. Pasar de sujeto iluso, “ilusionado”, a sujeto soñante. En otro lugar propuse pensar a la utopía como la versión política, por excelencia, del sueño, en contraposición a las ilusiones-espejismos que nos pasivizan y encandilan. El sueño, entonces, es el lugar de la libertad y la creación, es trinchera, allí nadie ingresa a la fuerza. Reducto, bastión de la subjetividad, usina de futuro. Futuro psíquico y futuro político.

Cuando sueña, el sujeto del inconsciente —a la vez que sujetado a un campo de determinaciones— se des-captura. El sueño, a través de la aventura psicoanalítica, vía transferencia e intimidad, se constituyó en un campo privilegiado de trabajo con uno mismo y con el lenguaje. El sueño fue clave absoluta en el armado psicoanalítico, en la Obra freudiana es punto de partida, los propios sueños de Freud y el trabajo con ellos (en su autoanálisis) lo fueron, así como el descubrimiento de la escucha analítica diferenciada respecto de la mirada examinadora del “médico”, espectador de los síntomas histéricos. Freud propuso, descubrió, que había que escuchar a las histéricas. Centralmente sus sueños. El par asociación libre-atención flotante es tributario de ellos.

Los psicoanalistas seguimos escuchando sueños. También estamos viviendo y protagonizando un tiempo en el cual algunos sueños, colectivos, son causa de luchas, extensión de la libertad, potencia transformadora. Los escuchamos, en cada una de las historias con las que trabajamos. ¿Sabremos vitalizar el psicoanálisis a partir del trabajo con ese material, en cada biografía particular, con los variadísimos fenómenos que desencadenan? Al psicoanálisis se lo crea y se lo inventa cada día. Con los sueños de hoy. Freud definió sujeto y definió cultura. ¿Son definiciones definitivamente cerradas, o podremos volver a definirlos? ¿Son definiciones absolutamente delimitadas una de la otra? Particularmente en una época en la que se pelea por los modos, los derechos, y las libertades para definirnos, cada une, y con los otres.

Me preguntaba antes si el psicoanálisis hoy puede escuchar a los sueños. También habría que preguntarse: ¿puede el psicoanálisis soñar? ¿seguir soñando? El psicoanálisis nació con los sueños. Se engendró-descubrió con un sueño, el de “la inyección de Irma”.

En este siglo pasamos de la histeria al feminismo. ¿Qué hace, hoy, la palabra de las mujeres con el lenguaje? Las histéricas del siglo XIX se valían en primer término del cuerpo, ese pudo ser el lugar paradigmático, a través del síntoma, de su revuelta. El psicoanálisis inventó un dispositivo para escucharlas: así instauró un pasaje del cuerpo a la palabra. Hoy, las palabras, el lenguaje, se redefinen también. ¿En cuáles palabras, en qué lenguaje nos reconocemos? ¿Cómo nos posicionamos frente al poder patriarcal, organizador de los discursos, los relatos y los mitos con los que se forjó la subjetividad occidental y moderna? Porque Freud pudo pensar, por supuesto, desde ahí.

Esta revuelta, ¿se atreverá a discutir los cimientos mismos del edificio psicoanalítico? ¿Qué es ser consecuentes entonces con el descubrimiento freudiano? Freud construyó saber desde la marginalidad y desde la transgresión a los saberes dominantes, y a sus propios maestros. Kristeva dice que “…en la escucha de la experiencia humana el psicoanálisis finalmente nos comunica esto: la felicidad no existe sino al precio de una revuelta”. Es lo opuesto a normativización, y es una llama por reavivar, siempre, porque para el sujeto siempre hay necesidad de experiencia, una experiencia capaz de dar sentido. No siempre hay capacidad de revuelta.

Avancemos.

¿Qué sobrevive de lo ya pensado? ¿El sujeto del inconsciente es a-histórico? ¿Qué mito fundacional hoy nos subjetiva? ¿Qué idea de cultura tenemos, cómo nos representamos y subjetivamos? ¿Es la narración de Tótem y tabú la narración con la cual pensarnos? ¿La horda de hermanos, varones, sigue siendo el ámbito central donde la cultura humana se funda? ¿Y las mujeres? ¿Las mujeres se reparten, según el deseo del hombre, que encuentra regulación en la salida de lo incestuoso, y con ella la exogamia? ¿La salida exogámica es privilegio y potestad de los varones? En muchos momentos lo femenino queda demasiado enlazado a lo materno. Lo femenino, dice Kristeva, “quedó en la oscuridad, absorbido, reabsorbido en el pacto de los hermanos”. El campo de los deseos y la sexualidad, de la cultura y el pacto que la sostiene, se ordenan en función de lo masculino como lugar hegemónico.

¿Hoy mantenemos ese mito —me pregunto— a la hora de pensarnos, cuando trabajamos con pacientes, cuando pensamos subjetividad y cultura, cuando nos ubicamos respecto de cierta idea de aparato psíquico, cuando pensamos en la sexualidad y los enigmas y desafíos que ella presenta? ¿En qué modos retorna eso oscurecido y reprimido? Indudablemente, retorna. Lo femenino retorna y apunta fuertemente a reformular los andamiajes de nuestra cultura.

Y más allá de Tótem y tabú, ¿seguimos identificando terceridad con función paterna? ¿El estadio del espejo en torno a la función materna? ¿Seguimos pensando funciones con relación a un género en particular?

Hoy el asesinato totémico y mítico del padre se revuelve a partir del asesinato, inconcluso aún, pero de ninguna manera mítico, del patriarcado. El campo psicoanalítico tiene por delante esa empresa. Hay bastante que revisar, si queremos seguir pensando y no quedar obturados por las teorías sexuales infantiles…del psicoanálisis en los tiempos de su creación, con todo lo que pudo, y con todo lo que no.

El porvenir de una ilusión, hoy se encuentra, en nuestro país, como en otros, frente a una posible, a mi modo de ver urgente, experiencia-revuelta: separar Iglesia de Estado (forma de regulación y organización político-cultural).

Freud murió en tiempos en los que la religión fue una de las causas de la mayor tragedia de la Historia: en nombre de una religión y una raza “superior” (resumiendo bastante toda la complejidad de ese tiempo histórico) se exterminó a millones de mujeres y hombres, niños y niñas, instaurándose una política de muerte.

Freud miraba el porvenir preguntándose qué lugar ocupaban las creencias religiosas, si eran necesarias para un aglutinamiento cultural, y qué lugar ocuparían en un futuro. Se respondía que no. Las pensaba cercanas, vinculadas, a las creencias y teorías propias de la neurosis infantil. Ilusiones… su historia, genealogía, y pertenencia judía, parte vital de la composición de su pensamiento, no le impedía cuestionar y pensar la función que pueden cumplir ciertas creencias. Sobretodo cuando se movilizan y se ponen al servicio de algún poder. En la actualidad, en nuestro tiempo histórico, también posibilitan, enlazadas al discurso del Poder Neoliberal, políticas de muerte: condenan a la clandestinidad y la muerte a tantas mujeres. E impiden el acceso igualitario a una educación sexual integral.

¿El psicoanálisis es ajeno a todo ello? No lo era para Freud.

Sostengo que separar cultura y religión es un trabajo pendiente para el psicoanálisis, la política y la cultura de este tiempo. El feminismo es el nombre de la experiencia-revuelta hoy.

Separar, hoy, Iglesia de Estado es una operación que permitiría desarticular la función pastoral (que lo neoliberal reproduce y amplifica), en la regulación y acceso a recursos públicos, así como en la posibilidad de constituirnos en sujetos, todes, de Derechos. Es extraer del campo de la política buena parte del ordenamiento pastoral que regula en función de culpas y pecados, y divide en puros e impuros, prometiendo cielo o infierno según los grados de sumisión.

La revuelta tal vez permita, en eso estamos, que podamos revisar los fundamentos mismos del Estado. No solamente sus promesas.

Un porvenir subjetivado y subjetivante no es un porvenir que se aguarda, ni en el que solo se resiste. Es un porvenir que se sueña y se crea. En las vidas singulares y en los encuentros y ámbitos colectivos. En la cultura, en general, y en el psicoanálisis, en particular. Fundamental para trazar un pensamiento que sepa transformar realidades, no sólo describirlas, en la búsqueda de una vida capaz de hallar mayores márgenes de libertad y menor sufrimiento.

La experiencia-revuelta, que hoy es el feminismo (que tiene historia y nunca empieza de cero), con su potencia des-naturalizadora, máquina hecha de sueños pero también usina generadora de sueños, tal vez podrá ser lo que permita el pasaje de la política de los espejismos a la política de la libertad y la ampliación de Derechos.

Honrar la revuelta freudiana y apostar al porvenir del psicoanálisis es volver a ser, seguir siendo, capaces de revueltas.


Bibliografía:

– Anzieu, Didier: “El autoanálisis de Freud y el descubrimiento del psicoanálisis”, Vol. I y II. Siglo XXI editores. México, 2016.
– Feldman, Lila María: “Sueño, medida de todas las cosas”. Bs.As; 2018.
– “El sueño es al futuro lo que el azogue al espejo”, Revista Topía. Bs.As; Noviembre de 2018.
– “La lengua revuelta”, Página 12. Bs.As; 2019.
– “El cuerpo revuelto”, Lobosuelto.com. Bs.As; 2019.
– Freud, Sigmund: “La interpretación de los sueños”. En Obras completas. Vol. IV y V. Amorrortu Editores, Bs.As; 1992.
– “Tótem y tabú”. En Obras completas. Vol. XIII. Amorrortu Editores, Bs.As; 1992.
– “El malestar en la cultura”. En Obras completas. Vol. XXI. Amorrortu Editores, Bs.As; 1992.
– “El porvenir de la ilusión”. En Obras completas. Vol. XXI. Amorrortu Editores, Bs.As; 1992.
– Kristeva, Julia: “Sentido y sinsentido de la revuelta”. Eudeba, Bs. As; 1998.
– Pontalis: “Al margen de los días”, Editorial Topía, Bs.As; 2007.
– Sztulwark, Diego: “La crítica de los gobernados (1)”. Lobosuelto.com, Bs.As; 2018.



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Lila María Feldman
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Escritora. Psicoanalista. Egresada de la Facultad de Psicología (UBA). Realizó la Residencia y la Jefatura de Residencia en el Hospital Infanto- juvenil Dra. Carolina Tobar García (1998-2004). Desde el año 2004 es miembro del Área infanto-juvenil de Oniros, Equipo de Asistencia en Salud Mental, donde además se desempeñó como Admisora durante varios años, y Coordinadora de área (2014-2016). Ha supervisado al equipo de Salud Mental de niños y adolescentes del Cesac 41 del área programática del Hospital Dr Cosme Argerich del GCABA (2013-2015). Coordinó talleres literarios en la Facultad de Psicología y otras instituciones. Publicó varios artículos y capítulos de libros en la Revista Clepios y en los libros 13 Variaciones sobre clínica psicoanalítica y Nuevas variaciones sobre clínica psicoanalítica. Entre todo lo que hace también escribe para Página 12 y el sitio Lobo Suelto. Autora del premiado libro "Sueño, medida de todas las cosas".

Lila María Feldman
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2 Respuestas

  1. Avatar
    Fàtima BC
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    Denso texto para la reflexió Lila. Me quedo con lo de que no hay felicidades sin revuelta, y lo enlazo con el feminismo y su sueño evolucionando a través del tiempo. Revisar lo establecido de forma cíclica para tender a la evolución. Gracias por invitarme a pensar. Felicidades por el texto.

    • Avatar
      Lila Feldman
      | Responder

      Que estimulante tu lectura, Fátima! Ahora la que se queda pensando soy yo. Sí, no hay felicidades sin revuelta…
      Abrazo!!! Y gracias.

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