MANIFIESTO HISTÉRICO

con 2 comentarios

Nadie sospecha que mujeres que viven con hombres
tienen a su cuidado una fragilidad
y esa fragilidad les proporciona una tarea
mujeres que ya desdeñan la pasión y aspiran al destino.

JUANA BIGNOZZI

I

Tomarse a una misma en serio, valorarse, es un mandato femenino por excelencia, pero siempre en relación al hombre: “si no te hacés valer, ningún hombre te va a tomar en serio”. Sobre esto se edifica toda la problemática histérica: para saber si la quieren por algo más allá del sexo, la histérica se sustrae coartando su libertad sexual. Queda suspendida hasta poder responder este enigma. En criollo, espera el mensaje de WhatsApp para no responderlo. En esa no respuesta se valora narcisísticamente como mujer. 

Es el mandato de ser valiosa el que sostiene a la mujer “difícil” como la Gran conquista del varón. Cuanto más esfuerzo le lleve ganársela, mayor será el trofeo. A las mujeres nos educan para competir por el premio a Mejor Objeto.

La vara con la que se mide a las mujeres tiene dos puntas. 

Por un lado, para estar a la altura de la época tenés que ser una chica distendida, copada, desacomplejada con tu cuerpo, amarte a vos misma, no tener vergüenzas ni problemas; coger con muchos, probar de todo, comer sin culpa, tomar alcohol sin miedo a hacer el ridículo, presentarte ante el otre como la que no dará problemas; la buena onda, sin dramas, superada, free celos patriarcales, esnob, keep calm, re tranqui, abierta y transparente

Por otro lado, no entregar tu saber sexual, ya que podrías no ser tomada en serio. 

Entre estas dos puntas se balancean las mujeres para llegar a ser el objeto valioso, ágalma del Macho. “Ni muy muy ni tan tan” le dicen las madres a sus hijas para aconsejarlas sobre el arte de seducir y cazar un buen marido. El equilibrio lo hacen para no quedar atrapadas en complacer el deseo masculino, el cual no las incluye por quienes son sino por lo que aparentan ser. 

II

Hacerse valer supone resignar el placer, la diversión y los propios intereses. En el juego “nos estamos conociendo” se trata de saber qué desea el hombre para que la mujer se transforme en “eso” sin invadir; ocultando cualquier sentimiento “negativo” y, en muchos casos, hasta la propia historia. 

Una paciente me consultó porque le costaba decir la verdad por miedo a que no la quisieran. Recientemente había conocido a un chico que le gustaba mucho y le mintió diciendo que su madre había muerto cuando ella era chica. Me dijo muy angustiada: “un chico como él no querría estar con la hija de una loca”. Me refiero a que el monopolio sexual masculino incluye el pasado de las mujeres como parte de su propiedad; por eso tantas lo ocultan con vergüenza. La cuestión es camuflar sentimientos que conllevan una contradicción, alguna ambigüedad, duda o inseguridad. Fingir distensión para no quedar como “intensa”.

Agradar: volverse cada vez más deseable para los hombres y menos deseante como sujeto. Una mujer “fácil” es una mujer “sin valor”, y si sos demasiado pesada tampoco sirve: perderías el misterio necesario para ser difícil. La subjetivación de las mujeres se da entre estas dos categorías, la fácil y la difícil; casi ninguna quiere pertenecer al reino de lo fácil, la puta, la que no vale para casarse. “Serías la madre perfecta de mis hijos” corona el juego de muñecas que empieza en la primerísima infancia de casi toda mujer, y se constituye como un “halago” que valoriza a una mujer, dividiéndola entre madre o puta.

III

Del imperativo “hacete valer” se desprende la imposibilidad de tantas mujeres por disfrutar de la soltería sin que se convierta en la búsqueda de un novio. Una mujer que está sola es una mujer que espera al hombre. “¿Qué hacés acá solita?” le dice un varón a una mujer que está sola tomando un trago en un bar. “Me vine a tirar un pedo”, responde ella en un meme.

¡Muchas pacientes padecen porque sus propias madres se encargan de buscarle un novio! Estar soltera se vive con ansiedad y desesperación porque supone un retraso que el reloj biológico no puede costear. Un desvío en el destino de toda mujer valorable. Desviadas.

El engaño de nuestra época es el imperativo de libertad en el cual “empoderarse” equivale a “poder solas”. No hay mayor empoderamiento que aprender a pedir ayuda en lugar de hacer todo sola para demostrar que valés. Tomarse en serio es reconocer las falsas postas con las que la mayoría de las mujeres se encuentran en el camino de su emancipación y libertad. 

El empoderamiento puede ser superyoico e invisibilizar una forma de dominación. “Poder sola” puede volverse un imperativo de sobre-exigencia: si pedís ayuda entonces no sos lo suficientemente capaz o no te merecés el reconocimiento, estarías haciendo trampa. Muchas mujeres no piden ayuda por temor a que al pedir, pierdan valor como mujeres. El fraude es que al pedir ayuda a un hombre éste se convierte en Superman y vos en Lois Lane o en una pobre chica que no le salen las cosas, que necesita ser rescatada. 

IV

La histérica se aloja en la inconsistencia del padre y la sostiene con su propio cuerpo. Detrás de todo gran hombre hay una mujer…representando el deseo masculino. 

Ser mujer es ser necesitada, en dos sentidos. Primero porque al ser necesitada por el hombre o les hijes muchas mujeres sienten que ejercen un poder, que son importantes, recargándose de actividades para demostrar ese valor. Segundo, porque necesitan al hombre para realizarse, necesitan su opinión. El drama es que él no le da su opinión sobre lo que ella no sabe, sino también sobre lo que ella sabe y él no. Los hombres me explican cosas, dice Rebecca Solnit. 

Empoderarse es despertar ante las trampas y los obstáculos que hay en el camino por ser mujer. Como dijo Cristina Fernández de Kirchner en un discurso en 2005: “Las mujeres tenemos que rendir doble examen, primero, demostrar que porque somos mujeres no somos idiotas, y segundo, el que tiene que rendir cualquiera”.

V.

Pedir lo que sea o decir “no puedo”, “no quiero”, “no me interesa” o  “no me sale” implica dejar de formar parte de una maquinaria que produce un Ideal de Objeto llamado “mujer”. Se trata de un desafío a la presión constante de ser feliz, y de rehusarse a la mostración impostada de felicidad y de que “está todo bien”: porque no está todo bien. 

Es necesario escuchar la infelicidad más allá del lacanismo universitario y su “histérica insatisfecha”: la que nada le viene bien y busca barrar al varón. La insatisfacción puede ser un genuina manifestación, un grito de corazón contra la opresión y la injusticia. Esa insatisfacción puede querer decir: ¡deseo una vida más apasionante y excitante!

Como dijo Simone de Beauvoir: “Acepto la gran aventura de ser yo”. 



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Sofía Rutenberg
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Psicoanalista y actriz. Autora del libro Hacia un feminismo freudiano (La Docta Ignorancia, 2019). Co-Directora de Hacer Clínica, un espacio de formación en psicoanálisis diverso al universitario. Coordina desde el 2015 un grupo de estudio sobre una lectura psicoanalítica de Simone de Beauvoir. La primera clase de actuación la tomó a los cinco años. Psicología fue un desafío por lo estructurada que puede ser la UBA. Como psicoanalista no actúa, encarna un personaje en la transferencia. La actriz no psicoanaliza, actúa. La escritora va tomando nota, como un testigo silencioso.

Sofía Rutenberg
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2 Respuestas

  1. Avatar
    Laura
    | Responder

    “A las mujeres nos educan para competir por el premio a Mejor Objeto”. Gracias por tus escritos ❤️

  2. Avatar
    Noelia
    | Responder

    Excelente, Sofía!! gracias!

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