por un nuevo sentido del amor / juan manuel solver

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La vida, la vida, se vuelve… en el amor

El Amor, el amor se pierde…  con la vida

La vida, la vida se da… a través del amor

El amor, el amor se toma… por envidia

La vida, la vida se sueña… al amar

El Amor,  el amor despierta…. A la vida!

Porque es la vida, pero es el amor!

Sí, la vida es amor

Y el amor es la vida

Sin vida, sin amor

Sin amor, sin vida

Nuestra vida por el amor

Nuestro amor por la vida

Mi amor, tu eres mi vida!

La vie, L’amour, Edith Piaf

En el amor sentimos una fuerza profunda que nos comunica con el cosmos. Una fuerza que nos rebasa, que no es solo nuestra, que nos vincula a toda la existencia. Esa fuerza es la vida, la vida que no nos pertenece pero que es a la vez nuestra; que nos es dada y perderemos pero que al mismo tiempo es lo que somos realmente. ¿Cómo se puede ser y no ser al mismo tiempo? ¿Cómo nos puede ser propia y ajena a la vez, la que no es sino nuestra?  

Las antinomias del pensamiento solo se nos presentan así mirando las cosas desde este, pero esta situación no supone ningún conflicto desde la experiencia concreta de la vida. Porque la vida que somos nos rebasa tanto que también la perderemos. En esta experiencia, de aquello que nos rebasa, pero a la vez, es lo que somos, en esta experiencia se halla también el amor.

Los artistas se conectan con las fuerzas. Es su gran capacidad, su gran virtud y por eso son también amados. Entienden plenamente que mirar hacia fuera solo se logra mirando desde adentro. Mirar afuera solo es mirar con el color de nuestra interioridad, con el color de nuestra emoción; oír algo fuera solo es oír cuando estamos dispuestos internamente a escuchar. En lo que sucede afuera está ya puesto mi adentro y a su vez mi adentro no hace sino estar constantemente manifestándose allí afuera. 

El amor es la emoción que nos vincula con la vida. Con la vida que somos, pero también con todas las otras vidas. Porque en el amor la vida se enciende, la vida quiere más, la vida busca más. El amor despierta a la vida, es su llama, es su multiplicador, es su faro, porque el amor amplía y multiplica el sentido de la vida. Amar es dar, es generosidad, es afecto, es sentir la plena felicidad del presente, del simple hecho de estar vivos. En el amor hay una experiencia del rebasamiento que se da también en la vida. Esa experiencia no es puramente individual, ni siquiera solamente de pareja, es una experiencia que nos comunica ante todo con el universo.

Piaf sabía plenamente de la profundidad y magnitud de la experiencia del amor y de su cercanía tan directa con la vida. Porque experimentó los tormentos más profundos en su vida, pero los atravesó, logró pasar a través de ellos, aferrándose a la vida, por todo eso agudizó enormemente su sentido del amor.

Pues Piaf vivió sus tristezas, desde muy temprana edad: el alcoholismo de su madre, la separación de sus padres que la dejó bajo el cuidado de un padre también alcohólico; su penuria económica en el circo con él y su necesidad de cantar por monedas; la muerte de su hija de dos años, que tuvo con apenas 16 y las penurias constantes de los artistas de la calle. Su vida estuvo marcada desde un comienzo por el sufrimiento, pero también por su constante esfuerzo de sobreposición a el. Pues las terribles angustias y penurias que vivió en su vida solo acentuaron en su persona, agudamente, su sentido del amor. No estaban en su voz solamente las huellas de su sufrimiento pasado, estaban también en su sentido del amor, el deseo de otro futuro, de un recomenzar, de un nuevo inicio, de un dejar atrás todos sus sufrimientos, las fuerzas vitales que la impulsaban lo más lejos posible de la muerte.

Por eso, sin amor, no hay posibilidad de sentir realmente nada. No es posible ver ni encontrar ningún camino. Sin amor, los ojos no ven, la boca no habla, los oídos no escuchan, el olfato no huele, la piel no siente nada. Sin amor, la vida muere sin morir, la vida grita de dolor sin poder siquiera expresar nada. Porque en el amor rebaso mi cuerpo hacia lo otro a lo que me abro, porque con amor es posible realmente sentir, pero sin amor no me comunico realmente con nada. Sin amor, solo puedo ser habitado por la nada.

El amor no es comunista, por supuesto, pero los comunistas no pueden realmente prescindir de la experiencia del amor. Pues solo las enormes fuerzas del amor desatadas, sin frenos, sin limitaciones, pueden construir algo como el comunismo. Pero esta reunión de amor y comunismo precisa, ante todo, de un nuevo sentido del amor. Un amor no a los seres humanos en sí, sino a los procesos con final abierto; un amor a lo desconocido, un afanarse por emprender el viaje mas extraño por el mero hecho de salir de este asqueroso mundo. Un amor por todo aquel que quiere reiniciar todo otra vez, dar vuelta todo otra vez, porque todo ha sido hecho a la inversa, porque todo ha sido mal hecho. ¡Un reinicio permanente de todo, para la que vida sea!     

Y una experiencia así, completamente expansiva, completamente desatada, sobre toda la humanidad, completamente planetaria, ya no podría ser frenada por nada.

Juan Manuel Solver

Soy licenciado y profesor en Sociología por la UBA. Fui miembro fundador de la revista Eskalera Caracol y escribí también algunos artículos para la revista Dialektica.   

Participé en el Grupo de Historia Urbana del instituto Gino Germani que dirigía la arquitecta Celia Guevara, en el que se investigaba la interacción entre clases sociales en el área urbana del norte del Gran Buenos Aires, analizando el caso de un conflicto urbano-ambiental sobre un bosque conocido como Bosque Alegre, en el Partido de San Isidro.

Actualmente participo como coordinador en la materia colectiva y experimental de Epistemología y Métodos de Investigación Social, del departamento de Antropología, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y en diversos grupos de lectura y talleres autogestivos.

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