SIETE ENIGMAS (Responde María Pia López)

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Bajo siete llaves, las siete vidas del gato, los siete días de la semana, las siete puertas de la sabiduría, los siete pecados capitales, los siete colores del arcoíris y las siete notas musicales. María Pia López*, socióloga y ensayista, se anima a responder Siete Enigmas.

LA AMISTAD

Tejido fundamental y experiencia de vida. Aire en el cual respiro. Hay amistades intensas, que toman todos los aspectos de la vida. Otras, que se anudan sobre una dimensión compartida y son amistades intelectuales o políticas. A veces creo proyectos para hacer nuevxs amigxs. O transitar con otrxs ese proceso. Amistad, entonces, una necesidad ineludible. Un don: lo que circula. Lo que nos hace y rehace. Como el amor. Amistad es también una conversación, a veces en acto, otras virtual, hacemos con la memoria de las conversaciones con amigues o esperando tenerlas, porque la acción no termina de ser pensada y comprendida sin ese encontrarse en la mirada del otre.

LA POLÍTICA

Una pasión y, a la vez, una exigencia. Hacer con otrxs, disputar el sentido de la vida colectiva, construir desde la gestión o alimentar los esfuerzos desde el llano. No imagino una vida sin política, aunque no siempre encontremos quehacer en ese plano, o cómo construir esfuerzos de una cierta eficacia. Política es disputa en el marco del antagonismo social, intervención sobre la coyuntura pero también creación de espacios en los que se tramita, hospitalariamente, la heterogeneidad. Política es saber de las coaliciones y alegría de las diversidades. También rosca, aparateo, construcción de poder. Me interesan menos.

FEMINISMOS

Apuesta emancipatoria y descubrimiento de luchas profundamente radicales. Siempre en plural: un estado de querella y de conversación. Feminismos atravesados por discusiones. Los prefiero interseccionales y trans, más bien morochos, al pie de la olla, pero festejo la potencia del confluir. No hay disputa antineoliberal sin feminismo, porque en los feminismos se trama otro materialismo y otra noción de vida. Tierra prometida, no, más bien, ocupación de territorios desde ahora. Evitar que se conviertan en maquillaje y en pose, que cada acción sea hilo para tirar y que se vaya deshaciendo el tejido de la desigualdad. Feminismos, una insurgencia.

LOS MIEDOS

Tantos. Los que están en el cuerpo, bien aherrojados: a la violencia asesina —quién no, si pasó su infancia bajo el terrorismo de Estado—, al hambre. Pero también el miedo diario: a construir una insensibilidad frente a las vidas dañadas para que nuestra impotencia no nos ahogue. Miedos: hacer política es enfrentar los miedos sociales, evitar que se agencie de modo reaccionario la tramitación de esos miedos. Digo, de modo reaccionario es pensándolos desde la seguridad o el ejercicio de otra violencia. Considerar el miedo es pensar desde la vulnerabilidad y la fragilidad. No para exigir custodias, sino para tramar lo común.

LOS CUERPOS

¿Qué es un cuerpo? Lo que desconocemos. Lo que se trama en esa existencia común. Lo marcado por huellas de todo tipo. Lo que envejece. Lo que crea. Cuerpo llamo a esta mi existencia y cuerpo a lo colectivo en lo que se compone con otras sensibilidades. Evidencia el cuerpo. Materialidad de la clase, inscripción del territorio en nosotres. Los feminismos son pensamientos en y desde el cuerpo, estallido de los modos de disciplinarlo y encuadrarlo. También, como escribe Francine Masiello, el cuerpo de la voz. O el de la lengua: algarabía de las lenguas o conventillo de los rumores. Si Héctor Viel Temperley decía: “Voy hacia lo que más desconozco”; Franz Fanon le pedía: “¡Oh cuerpo mío, haz de mí, siempre, un hombre que interrogue!”. Y nadie olvida el grito de Spinoza: “No se sabe lo que puede un cuerpo”. El no saber como desconocimiento de sí, como interrogación persistente —exigencia crítica de la existencia— o atisbo sorprendido de lo que aparece como lo más determinado pero es lo más abierto. En su limitación es potente, en el advertir de sus límites despliega sus fuerzas. Esto no lo aprendí leyendo, lo pensé practicando yoga: donde no sabés lo que puede ese cuerpo que llamas mío y ese cuerpo no puede siempre lo mismo. En esa situación firmísima del apoyo en la tierra —sea de la cabeza o de los pies o de las manos— la inteligencia se expande y puede encontrarse con una poesía y una política.

MARADONA

El gran plebeyo, el astuto que despliega si es necesario una trapisonda, el insolente que no pide disculpas por su origen de clase. Machirulo como casi todos los varones de su generación. Un jugador astuto y memorable en muchas canchas, hacedor de incisiones profundas en el idioma de lxs argentinxs: latiguillos que nos salvan o latigazos para incordiar, risueñas, insolentes. Desde “fuma bajo el agua” hasta “se le escapó la tortuga”, son expresiones de una honda precisión, califican conductas y actitudes vitales. Afirmar que alguien es “capaz de meterle un supositorio a una liebre” o de “tomarle la leche al gato” es construir en una pincelada un retrato, en un gesto a un personaje. Poeta de barrio el que lo hace, activa máquina de chistes y hondo psicólogo. Pero también es el que se mira a sí mismo y puede decir “me cortaron las piernas” o “me siento más solo que Kung Fu”. En ese instante, sabemos el dolor que nombra y reconocemos que así debemos nombrar nuestras caídas y nuestras soledades. Y es también el que dice el saber sobre las clases y el que explica que “mago es el que vive en Fiorito con mil pesos por mes”.

LOS DUELOS

Van cambiando de tonalidad y de intensidad, pero el saber de la finitud es también la actitud de quien duela. Mantiene la amistad con quienes no están, sostiene sus pequeños altarcitos. Mejor no olvidar pero tampoco confundir duelo y melancolía. No se trata de quedar fijadxs, al modo del remache, sino de la incorporación de ese otro modo de estar con las ausencias. El duelo es relevante políticamente para no añorar lo que ya no sucede, pero a la vez tener presente que sucedió: las luchas insurgentes no son la medida del presente, aquello que nos permitiría descartar todo, pero tampoco lo olvidable de tan incómodo. Duelo también es reponer la exigencia de que todas las vidas deben ser lloradas, combatir la lógica del desecho y la necropolítica.

SIETE LIBROS

Tan difícil elegir sobre el mapa de las lecturas propias solo siete títulos, porque una es afectada por muchas otras lecturas, por la amistad con esas palabras. Así que me restringí a escritos latinoamericanos, que tuvieron y tienen efectos poderosos en mi escritura. 

Gran sertao Veredas de Joao de Guimaraes Rosa
La hora de la estrella de Clarice Lispector
Restos pampeanos de Horacio González
Literatura argentina y realidad política de David Viñas
Black out de María Moreno
Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui
Ser mujer en Chile de Julieta Kirkwood


*MARÍA PIA LÓPEZ es socióloga, ensayista, investigadora y docente.
Publicó los libros de ensayo Mutantes. Trazos sobre los cuerpos (Colihue, 1997), Sábato o la moral de los argentinos (Armas de la crítica, 1997, en colaboración con Guillermo Korn), Lugones. Entre la aventura y la cruzada(Colihue, 2004) y Hacia la vida intensa. Una historia de la sensibilidad vitalista (Eudeba, 2010). Escribió las novelas No tengo tiempo (Paradiso, 2010), Habla Clara (Paradiso, 2012) y Teatro de operaciones (Paradiso, 2014).
Hasta diciembre de 2015 dirigió en Buenos Aires el Museo del Libro y de la Lengua de la Biblioteca Nacional.
Sus últimos libros son Apuntes para las militancias. Feminismos: promesas y combates (EME, 2019) y Quipu. Nudos para una narración feminista (EME, 2021)



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