TRAGEDIA GLOBAL Y COLECTIVA

con No hay comentarios

Hay que dejar de quejarse por el propio culo dañado. ESTAMOS VIVIENDO UNA TRAGEDIA GLOBAL Y COLECTIVA. La sociedad argentina está viviendo una tragedia colectiva.

¿Qué es una tragedia? Exactamente: un conflicto que solamente se puede resolver produciendo un daño irreparable.

¿A quién? A alguna de las personas o grupos que sufren-protagonizan el conflicto. Se daña irreparablemente a una para que la otra no se dañe.

¿Qué hacer frente a una tragedia? ¿Cruzarse de brazos, como hizo algún gobierno? ¿Negarla, como hicieron otros? ¿Paralizarse con impotencia, como pareció que ocurría acá hace unos días?

No. Frente a una tragedia se puede intentar manejar el daño para que sea el menos atroz, aunque sea atroz. En una tragedia SE PUEDE ELEGIR.

Edipo elige saber la verdad y destruirse para que su pueblo no muera por la plaga. Creonte elige matar a Antígona para proteger el poder del Estado y Antígona elige dejarse matar, para afirmar que existen razones mejores que las del poder del Estado.

No está “bien” ni “mal”. Es atroz. Simplemente.

Salk o Sabin, frente a una tragedia, patearon el tablero del capitalismo y dijeron: renunciamos a las patentes, las vacunas son para el mundo. Prefirieron no colmar sus cuentas bancarias con millones de dólares y colmaron sus almas con millones de niños y niñas que en todo el planeta, ricos o pobres dejaron de morir o de vivir con discapacidad hasta su muerte. Deshicieron la tragedia.

Hoy ese sentido común amoroso no tiene espacio. En el infierno humano del capitalismo global, las vacunas son un bien escaso que ya acapararon los países ricos. Pese a eso, Argentina viene consiguiéndolas (por ahora). Pero son pocas. Y hay que elegir. Y eso es trágico.

Se eligió empezar por el personal médico, de seguridad y la gente de más de noventa, gradualmente, para abajo. Se podría haber razonado diferente: personal médico es obvia prioridad. ¿Pero después? ¿Es más esencial seguir por la policía o por lxs docentes? ¿Es urgente que la gente más vieja no se muera, o es urgente la subjetividad de niños y niñas que precisan la escuela? ¿Por qué no privilegiar en cambio a la población económicamente productiva, que sostiene la economía del país, antes que a gente jubilada que ya vivió su vida y puede encerrarse mientras espera?

Cualquier decisión que se tome es trágica. Si elegimos que antes que nada no mueran quienes están cerca del final pero son más vulnerables al virus, desatendemos a la comunidad educativa por una ética solidaria hacia lxs grupos de riesgo sanitario. Pero una ética solidaria hacia la infancia, que es nuestro futuro, podría argumentar lo contrario.

Si privilegiamos vacunar a la población económicamente productiva, tratamos de garantizar el movimiento económico en un país hambreado, pero mientras tanto muere la gente mayor. Etcétera.

Lejos de mí criticar el orden en que se vacuna. Y por favor no empiecen con el infame vacunatorio en el Ministerio de Salud o de lxs gobiernos de provincias del PRO (también ahí vacunaron privilegiadxs), ni de la inmunda modelo que acaba de vacunarse en un municipio bonaerense. Porque no voy a eso, porque eso es asqueante pero ni ocurre solamente acá, ni es estadísticamente relevante.

Como no hay posibilidad objetiva de vacunar a toda la población a la vez, como el crecimiento es aterrador (hoy, casi 29.500 infecciones), como las muertes se duplicaron en una semana, la tragedia impone daños irreparables. Lo único que se puede hacer es elegir y ni siquiera sabemos si estamos a tiempo.

Vimos las fotos con cadáveres sobre la nieve en el Central Park de Nueva York, vimos el video de un italiano que tenía hacía tres días a su madre muerta en su casa, pudriéndose porque no había ambulancia para llevarse el cuerpo, el de una española que explicaba que a su padre de 90 lo dejaron morir porque eligieron ponerle el respirador a uno de 50.

Acá esas cosas no pasaron. ¿Por qué? Porque nos encerraron muchos meses hasta volvernos locos de desesperación, mientras compraban y fabricaban febrilmente respiradores, ampliaban o inauguraban hospitales, preparaban lugares de aislamiento y tramitaban muy tempranamente algún compromiso de que Argentina tendía vacunas cuando estuvieran listas. 

Nos encerraron, frenaron el país, destruyeron subjetividades nuestras y de hijxs y nietxs sin escuela ni socialización; el mayoritario sector de trabajadorxs informales y precarizadxs pasó hambre y cuando abrieron las puertas de nuestras casas, todo estaba y está aún peor. A cambio, no tuvimos carpas con cadáveres que se pudren en Palermo y quien lo precisó, tuvo respirador. 

Nada que festejar, apenas una tragedia frente a la cual la conducción eligió hacer los daños que consideró menos irreparables.

La tragedia sigue. Solamente la estupidez y la negación pudieron creer que porque tomamos cerveza en la vereda durante el verano, terminó. Ahora hay que elegir cuál daño se hace y qué se protege. 

No preciso que me expliquen cuánto daño hace a niñxs y adolescentes no asistir a la escuela. Tampoco, por qué el jefe de gobierno de CABA, que aspira a liderar la oposición, elige cínicamente negar que esta es una tragedia para sacar el rédito de enfrentar con gestos al gobierno nacional, mientras suspira internamente aliviado porque no va a pagar el precio del paro general docente, o los cadáveres en Palermo, ahora que Fernández eligió reasumir el rol que le corresponde en la tragedia.

Lo que sí preciso que me expliquen es qué clase de sociedad puede pensar esto solamente desde su perspectiva sectorial: el sector dueños-de-restaurantes, el sector “docentes” versus el sector “ma-padres-preocupadxs-por-el-daño-subjetivo-de-sus-hijxs-sin-clases” (¡pero no por el daño subjetivo de hijxs que contagien a ma-padres o abuelxs, no por el de que vean morir a sus docentes o cadáveres en las veredas!).

En el obituario que le hice al delincuente asesino Carlos Menem, pregunté si no nos daba vergüenza haberlo idolatrado. Escucho, leo quejas incluso de cierta gente que respeto, gente vacunada que reclama escuelas abiertas porque tiene hijxs chicxs, por ejemplo, y la vergüenza me gana. ¿No entienden qué significa TRAGEDIA COLECTIVA?

¿Acaso creen que de esta situación alguien, por ventura, niño, niña, joven, viejo, vieja, saldrá sin daño subjetivo irreparable, haya o no clases, nuevxs desocupadxs, decretos que cierren negocios?

¿Qué pasó con la capacidad de pensar sabiendo que no es mi culo, ni nuestro culo corporativo, lo único que existe?

La restricción al transporte público solo para esenciales y los cierres de negocios condenan al hambre a millones de personas explotadas en trabajos precarizados e informales. Y si no se restringe, los bondis llenos condenan a la muerte a otros millones, o a los mismos. 

Las nuevas cepas afectan también a gente joven y a niñxs. En el cronograma pautado, siendo la vacuna un bien escaso, jóvenes y niñxs van a tardar en recibirla. El virus viaja más rápido que el ritmo de producción, que los acaparamientos de los países centrales del capitalismo global y que Aerolíneas Argentinas.

No festejo las medidas del gobierno nacional, solo desde la profunda estupidez hoy se puede festejar algo. Pero leer estas medidas en clave ME CONVIENE-NO ME CONVIENE, no solamente es estúpido, es repugnante. 

Lo que está pasando con el virus no le conviene a nadie.



Si te gustó la nota, te enamoraste de Ají
y querés bancar las experiencias culturales
autogestivas hacé click aquí.

¡Compartí este contenido!
Seguir Elsa Drucaroff:

Últimas publicaciones de

Deja un comentario