UNA ÉTICA ENTRE SIGNIFICANTES Y ALGORITMOS: EL NUDO DE UNA FÓRMULA HALLADA

con No hay comentarios

Lo he advertido ya muchas veces en este tiempo desquiciado: el neoliberalismo no produce verdaderas subjetividades. Si bien su objetivo es el alma, se trata en todo caso de obturarla o neutralizarla, impedir que los sujetos se formen en serio y desarrollen una relación potente consigo mismos. Por eso el neoliberalismo produce continuamente (además de la consabida competencia) distracciones, tristeza, odio, envidia, resentimiento o alegrías del odio. Allí, no hay más alternativa que encontrar “el lugar y la fórmula” (Mallarmé) para decir, pensar y formarnos, con paciencia y ánimo templado. El único modo de detener esta destrucción, masiva e individualizada a la vez, es forjar una fórmula singular que pueda ser puesta en común, que inspire y contagie a otrxs para que desarrollen la suya, sin competencia ni imposiciones. La inmunización contra el neoliberalismo llegará desde múltiples laboratorios y experimentos con la lengua y el pensamiento, ejercidos en nombre propio y abiertos a cualquiera. 

Al final de este texto, luego de una breve presentación de las dos dimensiones del neoliberalismo que más nos enloquecen y del espíritu crítico que puede orientarnos, arrojo la fórmula que he hallado.

*

Hay dos fenómenos contemporáneos que responden a lógicas heterogéneas pero se entrelazan y potencian mutuamente: las interpelaciones delirantes de ciertos “significantes amos” desprendidos de su significación histórica, legados y tradiciones, por un lado; y la manipulación conductual “algorítmica” desvinculada de cualquier responsabilidad formativa, ética o política, por otro. Ambos fenómenos dan cuenta de una “suposición del sujeto” que no puede sostenerse más: el individuo autónomo y libre, consciente de sus propios intereses. Al contrario, como postulan el psicoanálisis y la filosofía materialista, hace tiempo, el sujeto es a-sustancial, descentrado, vacío y por eso mismo requiere de técnicas específicas para su formación en medio de relaciones y estructuras que lo sobredeterminan (económicas, familiares, educativas, estatales, etc.). Así como hay técnicas de dominación de los otros y técnicas de producción de objetos, también hay técnicas de sí. 

El problema es que la perspectiva ideológica que manipula mediáticamente significantes vacíos para interpelar tanto a libertarios, anarquistas, republicanos, populistas o revolucionarios, y decir una cosa como lo contrario, no toma a su cargo la formación integral de los sujetos; pero la manipulación de los ingenieros y programadores de las grandes plataformas tecnológicas que predicen las conductas sociales sólo para reforzar los circuitos pulsiones preexistentes, tampoco lo hace. Ambos fenómenos de masas, individualizadas y fragmentadas por audiencias, generan un desquicio generalizado: la omnipotencia idiota de mostrar que se predicen o inducen conductas que no hacen más que reforzar las pulsiones mortíferas y las peores pasiones: odio, envidia, rencor, tristeza, etc. Hay una ausencia de responsabilidad absoluta, tanto en la dimensión ideológica desanclada de procesos reales, como en la racionalidad gubernamental algorítmica desafectada (entendidas como prácticas transversales a los aparatos de Estado y hegemonizadas por ciertas empresas); irresponsabilidad mutua que ninguna de las otras prácticas del conjunto social (económicas, políticas, religiosas) puede subsanar porque incluso, muchas veces, también las usan. Por eso mismo la práctica ético-política encarnada, materialista e integral, se vuelve cada vez más apremiante. 

La ética no como una invocación de valores o legados mencionados en abstracto, producidos en conmemoraciones históricas o simbólicas, sino en tanto necesidad de implementar ejercicios concretos de formación y transformación subjetiva. Una práctica ética materialista que tome a su cargo la formación de los sujetos en las distintas instancias y prácticas del todo social, no como una especialización o invocación general, sino como interpelación y pregunta puntual que permita cuestionarse por el lugar que se ocupa en la reproducción del desorden imperante. En este punto es clave la coherencia y la consistencia en las mismas prácticas de transmisión, educación o comunicación. Aunque atañe de manera especial a la crítica, pues no hay pensamiento crítico sin ética. En consecuencia, habría que preguntarse en cada intervención: “Esto que estoy diciendo o haciendo o escribiendo, aquí y ahora, ¿habilita que alguien se interrogue por lo que le hace sufrir o padecer?, ¿permite que empiece a plantearse por su causa y apuntalar su potencia de obrar? ¿O bien no hago más que remarcar los significantes amos y consignas que dan certeza y seguridad sobre las mismas divisiones características que no hacen cambiar nada?” El entendimiento de la dinámica afectiva y sus causas singulares es clave para orientar cualquier tipo de intervención, clínica o crítica, más si estamos en un punto de urgencia posiblemente definitivo sobre el destino del común. 

Escribe Spinoza: “Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida”. Sin embargo, en la naturaleza no dejan de suceder composiciones y descomposiciones de cuerpos e ideas. El sabio o el filósofo no piensan en la muerte con obsesión o desesperación, con ánimo mortuorio o hipocondríaco, piensa en la muerte como realidad ineluctable, como un ejercicio cotidiano de desaparición en la cual no se da ninguna importancia personal. Eso le quita un peso enorme de encima, que le permite apreciar los más mínimos placeres y detalles insignificantes; incluso siente contento de sí mismo por el solo hecho de respirar, pasearse, detenerse a leer un texto o escribir, sin creérsela en absoluto. Conectarse con la muerte como hecho natural también le permite encontrarse con otros sin temor ni esperanza. Por el contrario, lo más triste sería repetir de memoria las proposiciones de la Ética de Spinoza, conocer el contexto histórico y las anécdotas referidas a tan ilustre personaje, las condiciones de recepción en distintos lugares y momentos, y no haber tenido jamás una intuición intelectual. O peor: no haber confiado en ella lo suficiente como para desarrollarla y luego alegar, ante una falla ética, el libre albedrio. También sería triste apelar a la ideología para que otros se sientan interpelados y se reconozcan en ciertos significantes amos, sin asumir en soledad el núcleo mortífero que la atraviesa, infatuándose así en una posición de excepción respecto al resto. Lo triste no es algo que esté mal y haya que juzgar moralmente, sino aquello que disminuye en concreto nuestra potencia de obrar.

Por último, sean cuales sean los legados, autores y tradiciones que se asuman, la formación implica una verdad que hace cuerpo, no es meramente cognitiva o comprensiva; lo cual no permite disociar ni caer en dobles discursos, esquizoides o paranoides. Es un proceso singular que implica a otros, ineludiblemente, pero que ha de conocer y comprometerse ante todo con un modo recursivo propio. Lo formularía así. Leo: escribir para constituir lo oído en fuerzas y en sangre. Escribo: leer para constituir lo visto en fuerzas y en sangre. Escucho y veo: eso he venido haciendo al leer y escribir, un cuerpo. Luego: hablo, digo, interpelo para transmitir lo leído y escrito. El nudo que hace cuerpo entre actos da la idea adecuada (intuición intelectual) y, a su vez, permite desplegar el método (que es idea de la idea) para seguir haciéndolo conforme al deseo. A la liberación delirante de unos que promueve el neoliberalismo algorítmico, interpelados por cualquier significante a la sujeción pasional, solo puede detenerla el anudamiento material que activa los afectos con conocimiento de causa. La vida y la muerte se entrelazan allí, indistintas por momentos, como las composiciones y descomposiciones de cuerpos, ideas y lenguajes; pero hay verdades eternas que se activan cuando un sujeto atraviesa el vacío y anuda de modo singular: cuerpo, idea, lenguaje. Las verdades no están destinadas en ningún reino trascendental, esperándonos, son procedimientos históricos tramados con los materiales disponibles; pero es el gesto singular de anudamiento el que hace único lo genérico del procedimiento, al mostrar que así habrá sido desde siempre.


NOTAS

(1) Como dice Avanessian: “La lingüística ha reconocido que la recursión -tanto en el plano morfológico (ir/ido) como en el plano sintáctico (Yo escribo/Tú lees lo que escribo/Espero que leas lo que escribo)- es la propiedad formal gracias a la cual puede producirse, a partir de un inventario finito de elementos y de reglas, una cantidad infinita de significación”. Armen Avanessian, “Por una aceleración”, en AA. VV. Poscrítica (bajo la dirección Laurent de Sutter), CABA, Ediciones Isla Desierta, 2021, p. 26.



Si te gustó la nota, te enamoraste de Ají
y querés bancar las experiencias culturales
autogestivas hacé click aquí.

¡Compartí este contenido!
Roque Farrán
Seguir Roque Farrán:

Nació en Córdoba en 1977. Publicó los libros Badiou y Lacan: el anudamiento del sujeto (Prometeo, 2014), Nodal. Método, estado, sujeto (La cebra/Palinodia, 2016), Nodaléctica. Un ejercicio de pensamiento materialista (La cebra, 2018), El uso de los saberes. Filosofía, psicoanálisis, política (Borde perdido, 2018; El diván negro, 2020), Leer, meditar, escribir. La práctica de la filosofía en pandemia (La cebra, 2020), Escribir, escuchar, transmitir. La práctica de la filosofía en pandemia y después (Doble Ciencia, 2020), La razón de los afectos. Populismo, feminismo, psicoanálisis (Prometeo, 2020); editó junto a E. Biset Ontologías política (Imago mundi, 2011), Teoría política. Perspectivas actuales en Argentina (Teseo, 2016), Estado. Perspectivas posfundacionales (Prometeo, 2017), Métodos. Aproximaciones a un campo problemático (Prometeo, 2018). Es Investigador Adjunto del Conicet, Doctor en filosofía y Licenciado en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba, fue miembro del Comité Editorial de la Revistas Nombres, y lo es actualmente de Diferencias y Litura. Es miembro investigador del Programa de Estudios en Teoría Política (CIECS-Conicet) y dirige el grupo de Pensamiento Materialista en dicho Programa.

Deja un comentario