vivian palmbaum / es el capitalismo, estúpido

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Versiones de la historia o ¡es el capitalismo, estúpido!*

La historia no se puede contar toda, aún con el mayor de los esfuerzos, pero hay distintas maneras de narrarla. “De animales a dioses”, el libro de Yuval Harari,  se presenta como una de las lecturas posibles de la historia de la humanidad, una ficción muy bien caracterizada. Va de lo simple a lo complejo, un progreso evolutivo donde el futuro ya llegó. Su lectura es la oportunidad para algunas consideraciones desde el campo del psicoanálisis.

¿Qué tenemos de animales nosotrxs los homos sapiens? ¿Queda algún resto animal en nuestra constitución humana?

Somos la evolución de una especie, nos dice Harari, vendríamos de un pasado animal que produjo una revolución cognitiva que transformó la especie.

Desde el texto nos propone que la prehistoria del humano tiene su punto de anclaje en una ficción que lleva a la comunidad con un sistema de cooperaciones mutuas, donde no somos sin el otro. Esas ficciones tienen su fundamento en el lenguaje humano, que se diferencia de otros lenguajes porque la palabra aparece como una representación, que se aleja del plano de lo concreto y cuya dialéctica permite ir construyendo un sentido más allá de la cosa. La cosa está en el centro y alrededor se construyen ficciones, que permiten la representación del mundo.

Freud pudo entrever el concepto de pulsión entre lo psíquico y lo somático, y nos permitió situarnos en nuestra animalidad humana, domesticada por las palabras. Al tiempo que reveló y conmovió a la moral victoriana,  la sexualidad perversa polimorfa y sus tres ensayos para explicarla, que sitúa ya desde el inicio de la vida. Una revolución en los valores conservadores de su época. Son las distintas formas de los objetos de la pulsión que toma para el intercambio con el mundo a condición de una satisfacción imposible y así organiza el lazo social.   

Ahora bien, si la satisfacción está marcada como imposible entonces estamos lejos de tener certezas que nos den alguna garantía, y con ello construimos nuestras neurosis que intentan en vano ayudarnos a no sentirnos vulnerables.

Queda claro, que en tanto animales, los humanos, también nos alimentamos pero con un menú que nos aleja del campo de la necesidad. El sedentarismo, el fuego, el código compartido nos ponen en otro plano.

Real y realidad componen una estructura de ficción con la que se organiza la verdad para cada quien. Pero, ¿qué es la verdad sino un lugar a develar por el discurso analítico que hace de la vida más que una sucesión de acontecimientos?  

El psicoanálisis como una praxis, se basa en la cura por la palabra,  descubre que hay una historia que se construye en el análisis con los restos de lo visto y lo oído, que toma distancia de la historia oficial y enfrenta al sujeto con lo imposible.  

Si el nacimiento de la escritura estaba unido al registro y acumulación, la lectura que propone el psicoanálisis rompe con ese esfuerzo por mantener el control. La lectura en la palabra[i] parece estar más cerca de la escritura andina o quipus, escritura nodal. Como dice Harari, “el orden imaginado está entretejido en el tapiz de la vida”. Ese tapiz en donde se traman las palabras para re-construir la historia del sujeto y el deseo que lo habita que se hunde en el cuerpo.

Harari hace pie en el valor de cambio del dinero en un devenir ficcional y hasta le atribuye al dólar la confianza para ser moneda de cambio “porque confiamos en Dios y en el Secretario del Tesoro de EE.UU.” alejándose del factor de dominación y sometimiento que implica. Se le escapa que ha construido la más efectiva de las ficciones donde el dinero como patrón de equivalencia determina los lugares que ocupamos en el mundo. La desigualdad es su correlato y marcha al mismo ritmo que los desarrollos de la tecno-ciencia para manipular el mundo. De manera tal que parece que vivimos inmersos en una película de ciencia ficción donde peleamos por sobrevivir  en un mundo que se destruye y que nos tiene sumidxs en el terror de ser alcanzados por las largas manos de la manipulación genética vía la pandemia.

Harari reflexiona sobre la capacidad acelerada con la que se reemplaza la acción humana. Como analista me pregunto: ¿qué papel tiene la ideología en la práctica analítica? Porque no debiéramos dejar de develar las relaciones de poder, leer esas coordenadas del sujeto, a diferencia de otras prácticas psicológicas que pregonan técnicas positivas y de adaptación. Recuerdo que el poeta Juan Gelman decía: “la subjetividad tiene un triste papel en la historia del poema” y entonces si el devenir de un análisis es el poema, quizás es a pesar de la ideología.

Yuval Harari considera que nos hemos convertido en dioses que estamos en camino de nuestra propia destrucción. Sin embargo los dioses que menciona de seguro no somos los humanos sino la lógica del capital que funciona como un automatón que destruye todo a su paso, sin mediar más consecuencias. Una matrix. Un mundo que parece desmoronarse a la par que la globalización y financierización avanzan arrasando todo a su paso de manera irreversible. Ya Freud nos proponía que las relaciones con el semejante era lo posible de analizar, casi como una esperanza de lo que se puede esperar de un análisis. Hoy esa realidad aparece como paralela a otra, donde parece librarse una guerra de baja intensidad en un mundo cuyo temblor nos llega, se amplifica y donde parece despreciarse la vida.

*Este texto es parte de un trabajo grupal de texto con el analista Jose Luis Juresa


[i] Lectura en la palabra es una elaboración de José Leon Slimobich se puede encontrar en www.letrahora.com


Vivian Palmbaum, psicoanalista miembro de la Escuela Abierta de Psicoanálisis, integrante de la organización Propuesta Tatu, del Movimiento por la salud de los Pueblos y de la coordinación de la Campaña Plurinacional en Defensa del Agua.



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