Entre el diván y el algoritmo │ Paola Torres

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Entre el diván y el algoritmo: el desafío de recuperar lo humano en la era de la inmediatez

La llegada de los dispositivos de inteligencia artificial a los consultorios de terapia no son solo una novedad tecnológica; también sirven de material clínico en las sesiones y, muchas veces, se conversa sobre esta nueva terciaridad en dichos espacios. Este artículo nace de inquietudes que surgen en mi práctica clínica diaria: frente al ingreso de estos dispositivos me pregunto: 

¿cuál es nuestro lugar como analistas?, ¿qué se le demanda a un chat y qué se nos demanda a nosotros hacer con esas conversaciones?, ¿tememos las y los analistas el reemplazo en los espacios de salud mental por estas novedosas y amables tecnologías?

En nuestro campo, el psicoanálisis, trabajamos —entre otros aspectos— con las huellas que se desprenden del inconsciente: lapsus, fallidos, sueños e inclusive la posibilidad neurótica de dudar, cualidad fundamental frente a una época donde se busca erradicar las inquietudes mediante certezas. Bien sabemos que estas nuevas tecnologías programadas no poseen esa cualidad, y es importante hacer mención como punto de partida.

El espacio simbólico que se sostiene por el lazo entre terapeuta y consultante permite que quien consulta pueda desplegar y desarrollar sus inquietudes. La transferencia posibilita la construcción del espacio terapéutico, un proceso artesanal que trabaja con un «resto» no formalizable; un proceso que requiere de temporalidades por fuera de la inmediatez: esperas, silencios, preguntas incómodas y pausas que, por el momento, ninguna programación estadística ha podido reproducir.

El nuevo Oráculo de Delfos

Hoy, la IA parece ocupar el lugar de un saber absoluto, sin fisuras, de respuestas inmediatas y siempre amables. Ocupa tiempo en las sesiones, ya sea porque sus respuestas no alcanzan o porque generan miedo por su nivel unidireccional de remitir a un único saber. Jacques Lacan mencionaba en 1977 que «si el inconsciente nos ha enseñado algo, es que en algún lugar del Otro eso sabe, pero solo podemos recopilar fragmentos de ese saber«.

Hablando «en criollo«, debemos redirigir nuestra escucha para comprender que eso que se nos dice también nos habla acerca de algo conmovido por estos dispositivos en las subjetividades de quienes acuden queriendo ser sostenidos o alojados. Escucho que estos dispositivos tecnológicos son consultados frente a la incertidumbre de la vida —peleas de pareja, crisis de ansiedad, falta de tiempo o de dinero para sostener espacios de salud mental—; los consultantes buscan en el chat una suerte de «Oráculo de Delfos» que garantice certezas inmediatas y contenga el malestar que se escucha por estos días.

Sin embargo, estas interacciones suelen reforzar puntos ciegos: no fomentan la reflexión, sino que ofrecen afirmaciones cerradas o reproducen a la letra siempre el mismo mensaje. He tenido que revisar en sesión chats donde pacientes intentan resolver problemáticas complejas de salud mental pretendiendo arribar a soluciones inmediatas, llegando a la consulta con etiquetas diagnósticas pesadas. También mantienen conversaciones que traen al espacio con frustración o enojo por no sentirse comprendidos totalmente por la tecnología.

Al acudir a sus espacios con angustia, repensamos qué demandan actualmente a la tecnología y por qué. 

De la post-pandemia a la pérdida de los rituales

No podemos ignorar que esta dependencia tecnológica se profundizó tras la pandemia. El aislamiento impidió sostener los rituales necesarios para la vida en comunidad y aceleró las interacciones virtuales. Hoy, esa inercia persiste en una creciente indiferencia hacia el encuentro «cuerpo a cuerpo», que resulta más costoso para las generaciones jóvenes, quienes argumentan un exceso de cansancio o falta de herramientas para lidiar con los conflictos humanos.

Además de la crisis actual en salud mental y la crisis social que enfrenta nuestro país y a menudo se escucha en consulta con altos niveles de desborde.

Byung-Chul Han, en La desaparición de los rituales, argumenta que la pérdida de estas acciones simbólicas conduce a un individualismo exacerbado. Podría pensar que allí donde antes había rito y mito para inscribir el deseo, hoy aparece el algoritmo y el dato. Buscamos en la inmediatez un manual de recetas, olvidando que el pensamiento y el afecto requieren pasos narrativos y procesos artesanales que no se pueden eludir.

En esta misma línea, el concepto de «presencialidad conectiva» de Gustavo Del Cioppo define aquella instancia donde se requiere una respuesta inmediata y una suposición de disponibilidad total del receptor virtual, generando efectos y afectos en cada individuo. Esta lógica del «ya y ahora» nos desafía a reconstruir los entramados vinculares y recordar que todo lo que implica a un «otro humano» requiere de espacios, de ausencias y de presencias.

Conclusión: La apuesta por la asociación libre

Me pregunto: ¿Es posible construir comunidad desde la intimidad de un algoritmo? ¿La angustia actual es consecuencia de nuestra propia auto-explotación en una época donde «hacer» es sinónimo de éxito?

Los dispositivos de IA aclaran que no son un espacio terapéutico. Pero, aunque lo hagan, hay un tono sugerente en sus respuestas; operan con un material de programación que incide en el comportamiento humano y produce subjetividad. 

Al preguntarle a una IA qué pensaba de este artículo, sugirió agregar que es un «espejo muerto», carente de deseo, que solo puede devolver complacencia. ¿Será que en esta época como Narciso se juega algo frente a ese espejo, sin poder soportar otras devoluciones que no sean complacientes?

Propongo seguir repensando en los espacios de análisis no solo la lógica de lo singular, sino también el hecho de que eso que se nos cuenta, se le cuenta a una persona en un entramado social. No sé si los analistas temamos ser reemplazados, pero estoy convencida de que esta es una época donde necesitamos la palabra y el sostén más que nunca. La palabra recorta y también alivia, ya lo decía Freud. Nuestra presencia —física o virtual— pone en escena nuestra propia escucha y un recorrido que se aleja de la respuesta general cuantitativa. Frente a una demanda de afecto.

Como sugirió la IA: ¿qué lugar queda para el deseo del analista? Si bien esta herramienta vino para quedarse, debemos formularnos preguntas: ¿Podemos demandar a la IA lo mismo que a los humanos? ¿Pueden los procesos anímicos que requieren «acuerpamiento» ser reemplazados por un bot? ¿Cuánto de la crisis de salud mental deriva en la desesperación por acudir a estos dispositivos suponiendo un saber humano?

Propongo recuperar el análisis como un espacio de creación y transición, como decía Winnicott. Un lugar que invita a desplegar la pregunta allí donde solo hay certezas de un clic. Incluso si lo que traen es una charla con una IA, en ese decir particular encontraremos el inicio de nuestra labor. Nuestro lenguaje no está programado; apostamos al inconsciente, a las huellas del lenguaje, a la mirada, al sostén y a la ternura.  En un análisis, lo que se nos dice nunca será una simple conversación: será el camino para develar un saber por construir con los avatares que todo eso conlleva.

Bibliografia

Del Cioppo, G. (2022). Subjetividades en la era digital: La presencialidad conectiva

Freud, S. (1912). Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico. En

Obras completas. Amorrortu Editores. (Referencia implícita a la regla fundamental)

Han, B.-C. (2020). La desaparición de los rituales. Herder Editorial.

Lacan, J. (1977). Apertura de la Sección Clínica

Winnicott, D. W. (1971). Realidad y juego. Gedisa. (Referencia al concepto de espacio de transición y creación).

Paola Torres                                                                        

Nacida en Lanús Provincia de Buenos Aires.

Es psicóloga, Psicoanalista egresada por la Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Actualmente se desempeña como psicóloga clínica. Trabajo en instituciones brindando talleres y capacitaciones referidas a la prevención de violencia de género. Brindo charlas en empresas privadas sobre la temática de género en las empresas. Formo parte de un comité de diversidad en género en el ámbito privado.

Se dedica a la escucha clínica con perspectiva de género.

Fue formadora de ESI por la Universidad de Buenos Aires.

Publicó en Revista Ají el artículo “No amarás” Sobre mandatos del amor romántico.

Participó en diferentes congresos brindado aportes académicos.

Artículos como: “Poder potencia- Ética y psicoanálisis” en las jornadas de psicoanálisis y género en 2019. “Qué lugar para la clínica psicoanalítica con perspectiva de género en la actualidad– Efectos de la subjetividad de la época” En Las jornadas de Psicoanálisis y Genero 2024 y en las jornadas del 2025 del Hospital Ameghino sobre DDHH y Salud mental.

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