LA SEÑORA ME DIJO QUE NO VAYA MÁS

con 9 comentarios

El mandato universal de “quedarse en casa” invisibiliza las desigualdades. Todos transitamos de formas distintas esta cuarentena, los hay más aburridos, más angustiados, más enojados. Pero siempre circula el rumor de la “falta de control en los barrios”, donde “la gente anda por la calle como si nada”. 

Las comodidades de las viviendas, lamentablemente, no son iguales para todos: las dimensiones, el acceso a servicios, la iluminación, y ni hablar de los vínculos familiares. Por eso para muchos, permanecer tantos días dentro de sus “viviendas” no es una posibilidad. La casa es el barrio. Y es la única forma de sobrevivir, no a la pandemia, sino al lugar en el que le tocó nacer.

Me preguntan cómo reacciona la gente del barrio ante el coronavirus, en estos días escuché muchas cosas: angustia ante el impedimento de trabajar, negación, teorías conspirativas, minimización; nada relacionado con el miedo al contagio. Las preocupaciones son otras, las cotidianas, las mismas de antes de la cuarentena, ahora profundizadas. Parafraseando a Judith Butler, podríamos decir que estamos en una situación donde   por razones sociales, es imposible apropiarse de este precepto universal, y en algunos casos no se puede sino rechazarlo; un contexto donde “lo universal (…) aparece como algo violento y ajeno y carece de realidad sustancial para los seres humanos” (1).

El “aislamiento social preventivo y obligatorio” viene también a acentuar las desigualdades. A pesar de que para muchos implica una merma en los ingresos, angustia por no ver a familiares y amigxs, para otros, implica que la changa del día, la que habilitaba la compra de la cena, se esfume. “La señora me dijo que no vaya más” es una de las frases que se repite, vale para el corte de pasto, la limpieza, el cuidado de ancianos y niños. Ni siquiera quienes encontraban en el basural su único ingreso tienen ahora cómo rebuscársela.

Pero las diferencias no se visibilizan solamente en relación a lo económico. El disciplinamiento de las fuerzas de seguridad, como siempre, se acentúa en el barrio. Conozco gente que viola la cuarentena para reunirse con amigos, para verse con chongxs, comerse un asado. Nunca se cruzaron con un policía que le pregunte dónde va. En el barrio, casi diariamente veo o escucho las historias de pibxs detenidos, claro que no por su clase social, su forma de vestir o por vivir en la periferia, sino, por ejemplo, por circular sin barbijo.

Es el Estado, a través de las fuerzas de seguridad, quien nos exige “quedarnos en casa”. Pero para muchos es el mismo que no estuvo presente para garantizar el acceso a la educación, a una vivienda digna. “Un Estado ausente a la hora de garantizar derechos, pierde legitimidad a la hora de exigir obligaciones” (2). Entonces, ante el historial de ausencias estatales a lo largo de sus trayectorias de vida, ahora aparece un Estado que obliga y sanciona, ¿no parece una presencia estatal selectiva? Nos piden que nos lavemos las manos con frecuencia, pero se olvidan de la población que no tiene una canilla de donde sacar agua. 

Llevamos más de un mes de cuarentena. Mientras algunos protestan por tener que empezar a usar sus ahorros, otros aguantan, después de cuatro años donde les quitaron cualquier tipo de margen, sin ahorros para gastar, porque “pasaron cosas” y no quedó de dónde achicarse. 

En el barrio se necesita la presencia del estado, pero no a través de la represión, la fuerza y el control social. A pesar de que sí hay cosas que se están haciendo, no es suficiente. 

Algunos afirman que esta crisis va a tener consecuencias como el fin del capitalismo, aprendizajes o nuevos modos de vivir. Quizás alcance con que no nos quede lo peor: encontrar en el otro una amenaza.


1. Adorno, Theodor W. Problems of Moral Philo. 2001
2. Bruno, María Luz. El sujeto inesperado en la institución judicial penal juvenil:

Los nuevos rostros juveniles y sus representaciones sobre la justicia. 2011



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María Emilia Sebastián
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Licenciada en Trabajo Social egresada de la Universidad de Buenos Aires y Profesora Universitaria. Trabaja actualmente en el Centro de Salud Iturbide de la Municipalidad de Venado Tuerto. Es Profesora y Coordinadora en la carrera de Trabajo Social de ICES.

María Emilia Sebastián
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9 Respuestas

  1. Avatar
    Gachi
    | Responder

    Simplemente, excelente.
    Gracias María Emilia por poner en palabras lo que siento.

  2. Avatar
    Tamara
    | Responder

    Excelente Mili!
    Interesantísimo pensar y repensar el concepto del Estado como un otro q amenaza y reprime. Esta vez, como excusa el aislamiento.

  3. Avatar
    Andrea Devesa
    | Responder

    María emilia Sebastián. Es notable la claridad de conceptos y el nivel de reflexión que se manifiesta en esta nota. Felicitaciones..
    El/a verdadero/a escritor/a, es aquel que tiene el arte de poner en palabras la profundidad del sentir del otro….
    Gracias por otorgarle una voz clara a mi sentir.
    Andrea

  4. Avatar
    Martin Rosig
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    La pluma de Mili Sebastiani es la voz de muchas personas que no tienen la oportunidad de decir lo que dice este brillante artículo. Gracias!

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    Franco
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    La claridad y capacidad de síntesis para transmitir una realidad es Increíble, Muchas gracias!

  6. Avatar
    JS
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    Concreto como la realidad. Gracias por regalarnos un poco de claridad en medio de esta tormenta.

  7. Avatar
    Fabiana
    | Responder

    Felicitaciones por tu escrito…y gracias por poner en palabras el grito de los que generalmente acallan…

  8. Avatar
    Liliana Bernardi
    | Responder

    Muy bueno tu artículo María Emilia visibilizar en tiempos de pandemia es una manera de ponerle voz a los silenciados,rostros a los nadies… lo constituyente será a futuro generar nuevas instituciones no sometidas al poder sino al servicio de la humanidad.

  9. Avatar
    Silvana
    | Responder

    Muy bueno María Emilia!!! Felicitaciones!!!

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