los muertos vivos / vivian palmbaum

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A la salud de los muertos tituló Vinciane Despret el libro donde analiza las relaciones que los vivos mantienen con sus muertos, más o menos queridos.

Despret hace un recorrido por modos de abordaje de las relaciones entre vivos y muertos,  “una investigación de la manera en que los muertos entran a la vida de los vivos y los hacen actuar”. Celebración, evocación, silencio, resucitar, invocación, sueños, identificaciones, rituales (en los países nórdicos) y hasta toma ejemplos de Japón. 

La historia que nos cuenta comienza con las cartas que un padre le escribe a su hijo muerto, una manera de hacerlo sobrevivir, darle presencia, mostrando la matriz de una pérdida inasimilable, tan cercana a ese sueño traumático relatado por Freud donde un padre que vela a su hijo, sueña que su hijo le reprocha “¿padre, acaso no ves que ardo?”. La analogía merecería un desarrollo.

Freud analizó en Duelo y Melancolía los modos de tramitar las ausencias. Despret sin embargo va más allá, porque no trata la elaboración del duelo sino las relaciones que en la vida cotidiana mantienen algunas personas con sus muertos.  Su abordaje es ya una interpretación de esas relaciones difíciles y complejas. 

Nos va mostrando el valor de los sueños en esa conexión entre vivos y muertos, más o menos explícitas que encierran una singular significación para cada quien. Actualiza así el descubrimiento freudiano de fines del siglo XIX, cuando con La interpretación de los sueños mostraba la vía regia al enigmático inconsciente sin contradicciones y en una temporalidad extraña, con otra lógica.

Los muertos ocupan un lugar en nuestras culturas, con rituales diversos para evocarlos. En las tradiciones  de los pueblos originarios americanos, siempre un poco ignoradas desde las literaturas centroeuropeas,  la vida de los muertos también está presente.  Por ejemplo para las tribus mayas y aztecas la muerte era simplemente otra forma de vida, y les dedican cada año un día de celebración y ofrenda. Tuve oportunidad de ver como las y los migrantes que llegaban exiliados de Europa traían consigo imágenes de las tumbas de sus muertos queridos que dejaron en sus países de origen.

Lo que Vinciane Despret nos trae son esas relaciones que mantienen juntos a los vivos y los muertos, que se actualizan de continuo y que no son tan extrañas, porque le dan realidad a esas vidas que ya no están.

A la salud de los muertos nos acerca coordenadas que pueden leerse en el registro del psicoanálisis. Casi al inicio Despret nos da la clave con un proverbio vietnamita, “Los ancestros comieron demasiada sal, sus descendientes desean agua”. Una bella figura que abre el juego sobre el deseo articulado a la presencia del otro, que no es sin el otro,  y que emerge entre pasado y presente. El deseo con su potencia tiene una historia que se actualiza. El psicoanálisis nos permite entrever “lo que mantiene juntos a los vivos y los muertos”.  

El método experimental que la autora nos propone, cercano al analítico, la lleva por la palabra de quienes entrevista, sin sacar conclusiones, sino esperando el saber que aportan esas palabras, “volverme sensible a un eso piensa a través mío… donde se retira la voluntad”. Más adelante dice seguir a los muertos y a los vivos para ver qué los mantiene juntos.

Casi de manera invisible estamos atravesadas por unas palabras con las que hacemos nuestra vida, una lengua que habla en nosotras pero nos antecede, viene de otros lugares, a veces recónditos. Las y los muertos entran en la vida de los vivos, nos hacen actuar. En la lengua se hacen presentes voces otras, que como las marcas de la vasija nos penetran la carne y nos vuelven deseantes.

La época nos llama a reflexionar sobre las tragedias que nos rodean. Guerras de todo tipo, más o menos explicitas, devastación de la tierra, crisis climática, son solo alguna de las formas en que la negación de la muerte parece estallar entre nosotras y nosotros. La autora va al rescate de una tradición que parece sofocada en nuestro sistema donde gira la maquinaria que segrega de manera radical la castración y nos vuelve esclavas del consumo. 

Freud señalaba que la cultura no hace extinguir las mociones pulsionales primitivas como el egoísmo y la agresividad que subsisten en nosotras, aunque sean inhibidas y guiadas a otras metas en función de nuestra convivencia social. Amor y odio coexisten en nuestra vida. El padre del psicoanálisis nos advertía contra cualquier ilusión en nombre del bien, en tanto somos capaces de esos deseos de eliminación del otro, esos deseos primitivos que subsisten. Pulsión de muerte, empuje a lo inanimado, es parte de la vida.

Hoy el texto De guerra y muerte cobra sorprendente actualidad a pesar de haber sido escrito hace más de 100 años: “La inclinación a no computar la muerte en el cálculo de la vida trae por consecuencia muchas otras renuncias y exclusiones”[i].

[i] S. Freud, De Guerra y Muerte, 1915


Vivian Palmbaum es Psicoanalista, miembro de la Escuela Abierta de Psicoanálisis y del Movimiento por la Salud de los Pueblos, activista de la Campaña Plurinacional en Defensa del Agua.



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