No te arrepientas | Federico Baldomá

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Volvíamos en bici, en fila india por la avenida, ya hacía un buen rato que se había hecho oscuro. Yo iba último, aunque vos me habías dicho que querías. Me parecía mejor ser yo quien cierre la fila y cuide la pena.

Iba cantando despacito No me arrepiento de este amor aunque me cueste el corazón amar es un milagro y yo te amé como nunca jamás lo imaginé. La canción recobraba su letra original. Cantaba esa estrofa y la volvía a cantar. Tus hermanos y mami iban más adelante. Terminala con la canción, me dijiste.

Pensé en la otra, en la de Ciro y los Persas, pobres los gringos. Se me volvió en blanco y negro. Habíamos ido en bici a ver el partido de los abuelos porque pensábamos que el día iba a terminar distinto, todos en la plaza. Yo los convencí de ir igual. Quería que la tristeza tenga una moraleja, se acompaña cuando se gana y cuando se pierde. No salió bien. Te pusiste a llorar. Te tapaste la cara con el gorrito de lana celeste y blanco que te tejió la abuela y que te iba a servir para ir al colegio rapado. Pero no te rapaste. Somos grandes en la victoria y tenemos que ser grandes en la derrota, había dicho Scaloni.

No nos quedamos en la plaza. Había mucha policía mostrando las armas y nos dio miedo. Mientras volvíamos me dijiste: vos decís que tenemos que estar contentos, pero es mentira. Vos estás triste.

Era cierto. Para qué engañar. Estaba un poco triste. No tanto por ver a Messi sentado solo en el pasto en ese gesto increíblemente dramático de sacarse los botines. Esa escena.

Más triste estaba por ustedes. Por lo que no fue, el abrazo final que faltó. Pudo haber sido. Quiero decir que nos lo pudimos haber dado igual, pero no nos salió. La abuela dijo lo pasamos bien igual, y eso fue lo más parecido. Felices no estábamos. También me dolían las canciones, que en ese rato se habían vuelto nada.

Para tus hermanos fue distinto. Ellos parecían menos tristes. Pienso que debe ser porque son más grandes. O porque recuerdan mejor alguna vez que no ganamos. O las dos cosas. Para vos no había dudas. La selección, en tu mirada de diez años, gana. A veces parece que no, pero a último momento, como en un cuento se resuelve y ganan los buenos. Por una vez está bien que no pase.

Esa noche pensaba que había mucho para transmitir. Que era un día muy importante para marcar valores, pero no me salía nada. Ahora pienso de nuevo en la canción de Gilda que va recuperando su letra original, no como la de muchachos que la perdió para siempre. Y quiero decirte eso. Que no hay que arrepentirse de sentir fuerte. De querer mucho, de desear con todo. Aunque duela cuando sale mal. No importa. Vale la pena. Aunque me cueste el corazón. Dale, ya va a salir. A veces sale, y es un milagro. Hoy hace mucho frío. Te pusiste el gorro con los colores para ir a la escuela. Ya estás más contento. Cuando te busque al mediodía te voy a hacer leer, a ver qué te parece.

Nací en Venado Tuerto, en 1978
Tengo una familia que me encanta.
Soy médico clínico.
Leo y escribo cada vez que puedo.
Publiqué el libro de cuentos Todo lo que falta en Ají Ediciones

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Una respuesta

  1. Irma Edith Teta
    | Responder

    Para José y los de su edad fue muy doloroso por que al llegar a la final ya veían a Argentina CAMPEON. Pero hay que aprender q en la vida no siempre se dan las cosas como uno quisiera o espera. Ya lo va a entender y comprender. Quizás sea difícil por q en sus mentes y al tener al mejor del mundo veían o creían ya eramos los primeros.
    También sirve tu carpeta para otras personas no tan chiquitas como el.
    Besos Josecito. ATI.

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