VARIOS POEMAS

con No hay comentarios

MUJERES DE MENTÓN DESPEGADO DEL CUELLO


Que suben la vista porque saben que la gracia no viene del suelo.
Porque de la dignidad y del aplomo sólo se aprende viviendo.
Mujeres de hombros altos que cargan con su cruz que las mantiene erguidas,
derechas como mástiles de mil banderas.
Ellas saben de los límites del arte, de la fragilidad de las religiones y del desparpajo de
las ideologías. Porque ni arte es de los artistas, ni las religiones de los demagogos ni
las ideologías de los políticos.
¡Yo las escuché llorar! Y maldecir. Y biendecir. Y entregarse.
Y se retuercen. Las mujeres de mentón despegado del cuello se caen. Y les duele el
cuerpo y el alma. Y los hombros se encogen. Y saben que la desesperación es una
palabra malgastada. Sienten a la desesperación como a una daga que arremete
durante la siesta de los verdugos. Y se les hunde el mentón en los senos. Y las rodillas
en los ojos. Y se doblan y se gritan.
No se quiebran.
Las mujeres de mentón despegado del cuello tienen hombros de barrilete.
Esa es su cruz. Un mínimo aliento, un susurro en el oído, un jadeo entrecortado ya es
suficiente.
Saben volar. Y Bailan. Erguidas como el tango.
Porque la gracia viene del cielo.

ESCRIBIR ES


Un acto de sacrificio
un ritual íntimo
un modo de vencer las miserias propias
una plegaria de esperanza
una lucha cuerpo a cuerpo contra los prejuicios
un trance
un trabajo ordinario
una misa pagana con espejos
un ejercicio centrífugo en la quietud
una excusa para la soledad
un culto al ego
un tiempo sin agujas
una construcción de muros invisibles
una necesidad de permanencia
un deseo desdibujado y engañoso
un instante de simpleza en la complejidad
una mentira
una verdad
una duda
un impulso
una reacción
un estímulo
una adicción
una contradicción
una suma de todas las restas.

HOMBRE COTIDIANO

Cotidianamente
transpira la vida
derritiendo suelas y sueños
en la cola de un banco.
Habitualmente
traga torrentes
de sopa y saliva.
Se atormenta
con soles apagados
en la mirada de un niño.
Torpemente
huye y se esconde
temeroso,
en silencio
encapucha sus huesos
derrotados.
Mecánicamente
traba la puerta,
ritual diario
de metal monótono.
Seguro y aislado
se arranca los brazos.
Súbitamente
entierra su alma
ante el gesto
sepulcral
de testigos mudos
y la dulzura cruel
del funebrero.



Si te gustó la nota, te enamoraste de Ají
y querés bancar las experiencias culturales
autogestivas hacé click aquí.

¡Compartí este contenido!

Dejar un comentario