WUHAN

con 28 comentarios

Nunca antes había oído hablar de Wuhan, ni siquiera conocía su enclave en la provincia de Hubei en el centro de la remota y misteriosa China. Con toda probabilidad cuando, a finales del año pasado en el noticiero de las nueve mientras estaba cenando, escuché que mencionaban la aparición del brote de una contagiosa y desconocida enfermedad en el mercado de aquella recóndita ciudad, no le presté demasiada atención, al fin y al cabo quedaba demasiado alejada de mi mundo conocido para que pudiera incumbirme, salpicarme o mucho menos quitarme el sueño aquello que fuese que les estuviera pasndo. Supongo que debí cambiar de canal o bien aproveché para prepararme una infusión digestiva antes de disponerme a lavar los platos y, tras esto, acicalarme para ir a la cama a contar ovejas.

Imagino que, al día siguiente, en la oficina, ni yo ni ninguno de mis compañeros sacamos a relucir en nuestras conversaciones a la hora del almuerzo, el escabroso tema sobre la escalada en el número de neumonías registradas en aquella lejana población China, de la que todavía era incapaz de recordar el nombre.

Las semanas fueron pasando clónicas y rutinarias, mirándonos el ombligo y, si nos sobraba algo de tiempo, la serie de turno que Netflix pudiera estar echando. Nada que despeinara nuestras acolchadas conciencias o fuera capaz de despertar, un ápice, nuestros temores más atávicos. En las noticias seguían exhibiendo, con metódica puntualidad, las cifras y estadísticas resultantes del número de contagios y muertes que se contabilizaban ya por millares. Todo aquello, si bien parecía ir en aumento, extendiéndose como una descontrolada mancha de tinta sobre el mapa de Asia, seguía estando tan alejado de nosotros que continuaba sin ser motivo de alarma o de mayores medidas de seguridad que la de no preocupar-nos en exceso.

Otra noche, también a la hora de la cena, el locutor anunciaba que la coronada epidemia había dado el salto a la vieja Europa, y que en la región de la Lombardía se acababa de localizar un nuevo foco de contagios. Por unos segundos me digné a prestar algo más de mi atención a todo aquello, aunque ante la avalancha de datos y números, por lógica nada halagüeños, que la pantalla me estaba suministrando, opté por desviar la mirada y recoger la mesa antes de prepararme la acostumbrada infusión de melisa de cada noche. A la mañana siguiente en el trabajo algún incauto sí osó sacar el tema de la vecina Italia pero a nadie se le pasó por la cabeza la cruda y sobrecogedora idea de que en menos de un mes estaríamos en idéntica situación a la suya. Nadie se atrevió a anticiparse ni a prevenir y los pocos que clamaron al cielo con agoreros vaticinios fueron tachados de apocalípticos o ridículos.

Ahora nuestro rezagado gobierno, a buenas horas, ha declarado un confinamiento que va prolongándose por quincenas, dilatando la agonía y la acongojante incertidumbre. Las estadísticas que ilustran las noticias hablando de contagios y decesos en disparado aumento ya no son las de un país del lejano oriente, sino que se trata de las que hablan del caos que sacude y arrasa a mi provincia y a los vecinos de mi barrio.  Vivimos encerrados con la nariz pegada al televisor, esperando una mínima señal de aliento, un anhelado brote verde esperanza al que aferrarnos, pero que por lo pronto parece que se resiste a producir. No hay otro tema en las conversaciones que pueblan las redes que este virus pegajoso, selectivo y exterminador. Sigo tomado, cada noche, mi infusión para dormir, ración doble comprada por Internet (hay que evitar salir a la calle, hay que romper el eslabón de la cadena de contagio, hay que quedarse en casa para poder salir de aquí).

Esta mañana las noticias han vuelto a mencionar a Wuhan. Con medidas de restricción draconianas, aniquilando la sociabilidad y envasando la vida en un gigantesco y global profiláctico, están controlando la pandemia que parecía ir a aniquilarles, y por segundo día consecutiva se han producido cero contagios. Están logrando doblegar la maldita curva. Poco a poco, anuncian que irán suavizando el estado de excepción en el que habitaban, y la vida recuperará, de una forma lenta y precavida, algo parecido a la normalidad.

Hace exactamente cuatro meses no había oído hablar de esa remota ciudad China ni de su grandioso y nutrido mercado, y cuando el noticiero comenzó a mencionarla, poco o nada me interesó. Sin embargo, desde hace algunos días, aguardo la información que en televisión puedan facilitarme sobre su situación y sus progresos en la lucha contra el desolador virus. Poco me imaginaba que el estado de salud de Wuhan iba a marcar, a fecha de hoy, el pulso de toda esperanza a la que poder agarrarme.

 Son las nueve en punto, la hora de la cena, enciendo el televisor y me siento en frente a la espera de buenas noticias llegadas de la, hasta hace poco desconocida, lejana provincia de Hubei.



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Fátima Beltrán Curto
Seguir Fátima Beltrán Curto:

Nace en Tortosa en 1977. Tras estudiar Derecho en la URV realizó un postgrado en Derecho concursal en la Abat Oliba y otro postgrado en Práctica jurídica en el ICAB. Se instaló en Barcelona, dónde ejerció como abogada y acabó trabajando en el Departamento Jurídico de una Multinacional dedicada a los seguros.

En 2019 publica su primera novela, Bienalados, un trabajo muy influenciado por el realismo mágico de corte más clásico con el que ha cosechado críticas muy favorables. Con anterioridad había ganado pequeños premios literarios de poesía y publicado algunos relatos breves.

Fátima Beltrán Curto
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28 Respuestas

  1. Avatar
    Lucía
    | Responder

    Buenos días
    Fàtima ha descrito exactamente cómo me sentí yo en esta circunstancia, y creo que muchas personas han pensado lo mismo; aplaudo el relato. Felicidades Fàtima, has sabido plasmar la realidad tácita, un saludo y muchas gracias!

  2. Avatar
    Lia
    | Responder

    Al leerlo he visto reflejado como empezó a aparecer en nuestras cotidianeidad, y sin que repararamos mucho en ello, la situación de crisis que estamos atravesando en la actualidad.En un primer instant obviando el problema que todavía no nos tocaba para luego acabar de cuatro patas en él encerrados en nuestras casas y girando la cabeza hacia un país que hasta la fecha nos había sido indiferente. Buen relato de lo cotidiano y que retrata, tal cual, el germinar de un estado de excepción que nos sacude. Felicidades a la autora,ha sabido retratarme a mí i a mi indolencia también.

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    Javier Aguirre
    | Responder

    Excelente dibujo, desde lo particular, del proceso de inmersión en la realidad en el que nos hallamos a nivel mundial. Sería como una readaptación del famoso cuento de “Pedro y el lobo”, aunque esta vez Pedrito consuma infusiones para dormir y el lobo se haya enfundado en la piel de una pandemia feroz. Muy buen relato. Mis gratitudes a la autora. Felicitaciones

    • Avatar
      Lourdes Alonso
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      Este relato podía ser la visión de cualquiera de nosotros pero Fátima siempre lo enfoca con esa sutileza que la caracteriza y ofrece una visión realista y amena de la pandemia porque algo que parecía muy lejano ha acabado formando parte importante en nuestras vidas. Gracias a Fatima ahora conozco esta publicación

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    Maria Vanessa
    | Responder

    Tras la lectura de esta narración me he visualizado a mi misma durante los primeros días en los que la noticia saltaba a los medios, y finalmente ahora que la esperanza en el espejo se llama Wuhan.Me agrada el escrito por el sabor dulce que al final deja, porque cualquier luz al final del camino, sea celestial o china, es un faro al que agarrarse para no perder el rumbo en esta marea de días clónicos enganchados a la pantalla del televisor, a la espera de esas buenas nuevas que tarde o temprano iran llegando a nuestro hogares.De agradecer el optimismo y la sutileza de Fàtima Beltran. Excelente texto costumbrista para estos inusuales días.

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    Joan Català
    | Responder

    Tal cual:”Son las nueve en punto, la hora de la cena, enciendo el televisor y me siento en frente a la espera de buenas noticias llegadas de la, hasta hace poco desconocida, lejana provincia de Hubei.”
    ¡Y qué manera tan salvaje de aprender
    geografía!.Clases particulares con el horrendo professor Pandemia. Bravo a la autora por el relato y suerte para todos en esta escuela

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    Vanesa
    | Responder

    No es fácil retratar de forma amena la situación que estamos viviendo. Fátima lo consigue de forma envolvente y divertida. Enhorabuena.

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    Mariayelena
    | Responder

    Fátima con que arte explicas un sentimiento bastante común y humano, y una situación que nos ha caído de golpe
    Un artículo verdadero, con los matices de un cuento de novela que de por si ya lo tiene el propio tema
    Tienes toda la razón en tus comentarios , estoy muy de acuerdo con lo que planteas y decir que Dios nos coja confesados !

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    Marta Pardos
    | Responder

    Cierto que somos los que devoramos cifras en busca de esos brotes verdes… Siempre un placer leerte Fatima!!

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    Jacoba
    | Responder

    Muy buena narración Fàtima y un placer leerte, así como descubrir la revista “Ají”.
    Felicidades a ambas☺️

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    Eloi
    | Responder

    Interesante artículo con una muy bien narrada situación, que muchos estamos viviendo desde hace semanas. La autora consigue atrapar nuestra atención con su crónica, es fácil identificarse enseguida con la realidad que tan acertadamente describe. Por cierto, muy recomendable su excelente novela titulada “Bienalados”. Un gozo de lectura.

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    Montse Sotoca
    | Responder

    Mucho hemos leído y escuchado en las últimas semanas sobre la inicio de esta pesadilla. Con este artículo se da la visión, perfectamente redactada, de la visión individual, de muchos de nosotros de cómo empezaba a cambiarnos la vida. Felicidades Fátima por el artículo y por el libro Bienalados que me tiene muy enganchada !!!

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    Jesús M Tibau
    | Responder

    Crònica de una pandemia anunciada

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    Victoria
    | Responder

    Del trabajo a casa y de casa al contagioso mundo de Fátima Beltrán Curto. Gracias por el pulso de tu tinta sobre los mapas del confinamiento. En pleno estado alarma me sabe a infusión de melisa.

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    Maria
    | Responder

    ¡Grande amiga! Mis felicitaciones por el “artículo novelado”. Un placer el leerte y descubrir la revista. Besos

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    Alejandra
    | Responder

    Muy buen relato Fàtima! Felicitaciones a la revista. Gracias por la divulgación, el entretenimento y la belleza.

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    Maria José Royo
    | Responder

    Fàtima relata a la perfección lo que estamos viviendo. Sólo ella tiene ese don.

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    Ignasi Tal
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    Magnífica descripción de lo que ha venido siendo esta durísima crisis. Esperemos poder obtener la victoria muy pronto. Un fuerte abrazo, amiga.

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    Montse
    | Responder

    Una descripción muy acertada de lo que vivimos muchos. Gràcias Fàtima

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    Elena Curto
    | Responder

    Gracias. Tu magia al escribir es capaz de transformar nuestra realidad, ni que solo sea por un momento, en el fragmento de una buena novela.

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    Guillermo Gómez ez Zacarías
    | Responder

    Esta narración que tan real para ser cierta ya es parte de la Historia que Fátima ya ha escrito para los senos de la Historia. No solo su sutileza en estilo con realismo cargada de un anecdotario viene a dejar plasmada lo que se leera en la historia. La realidad no sólo con que España pero también el resto de Europa ha despertado al pandémico Virus que ha tomado formas muy similares en las fronteras mundiales.

    Desde Irlanda también se ha podido vivir en similares maneras cotidianas, pero que quizas la noticia que nos pusiera en contacto con que grav y tan peligroso, era esto, fuera quizas cuando algunas gigantes del Internet mandaran a casa gente que hubiera estado en algun país con las pandemia todavía no decretada a esos momentos por la OMS.

    Execlente texto Fátima ha sido un deleite leerlo y ver reflejado la manera en que todos hemos reaccionado a esta noticia.

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    Joel
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    Los tes que no falten.

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    Josep Campa
    | Responder

    Excelente relato ! Me encanta como describes la realidad q estamos viviendo

  23. Avatar
    Eladio
    | Responder

    Sutil y precisa como de costumbre, amiga. ¡Tremenda alegría volver a leer tus letras! Un placer, también, conocer a esta nueva revista que tan buenas maneras apunta, y cuya maquetación luce tan bella. ¡Las letras son toda una fiesta! ¡Bailemos!

  24. Avatar
    Yaiza G.
    | Responder

    Fátima ha plasmado de un modo sutilmente mordaz lo que en sus propias palabras es “la acolchada conciencia” del mundo que nos ha tocado vivir, nada nos inmuta hasta que tocan lo que es nuestro. Cuando empezamos a tener noticias del virus que hoy en día está en boca de todos (esperemos que únicamente en sentido figurado), tampoco nos preocupaba demasiado, era algo que nos quedaba muy lejos y de lo que no teníamos tiempo para preocuparnos. Solo cuando lo tuvimos encima fuimos capaces de preocuparnos por algo un poco más alejado de nuestro ombligo. Espero que este tiempo de reflexión obligatoria nos aclare las ideas y el modo de enfocar nuestro modo de vida.

    Ansiosa por leer más artículos de la autora en vuestra revista! Un fuerte abrazo!

  25. Avatar
    Mercè Villamayor
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    Voy letendo y me veo muy identificada….tal cual sucedió! Cómo hacer caso de cosas que pasan tal lejos….? Felicidades Fátima!!!

  26. Avatar
    Angels
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    Me encantó cómo lo explicas, creo que a la mayoría nos pasó con te paso a ti. Como siempre encantada de leerte.

  27. Avatar
    Maite M.
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    Un gusto leerte en Ají, amiga. Felicidades y:”¡Que nadie la olvide!”. De hecho, ahora es cuando se esta destapando su gran labor en estos tiempos que corren.

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